
En el silencio nocturno la mujer permanecía con los ojos abiertos, mirando a sus dos hijos dormir plácidamente. La luz de la luna le permitía observar con claridad sus cuerpitos, durmiendo en el catre, bajo el alero del rancho.
Suspiró mientras pensaba, que faltaba solo un día para la Navidad. Al menos, la venta de la manta tejida en el telar, le había proporcionado el dinero necesario para tener una cena con pan dulce incluido para la Nochebuena; pero los niños no tendrían regalos, aunque nunca los había escuchado quejarse.
Oía de a ratos el ruido de los vehículos que pasaban y frenaban, cuando tomaban la curva, en la ruta cercana y se fue durmiendo, acunada por los sonidos del monte.
Amaneció, los pequeños murmuraban y soltaban risitas de complicidad. Iban y venían corriendo entre los cabritos que jugueteaban con ellos.
-Oye Manuel, quizás el Niño Jesús no nos trae juguetes porque no adornamos nuestra casa.
- Si Alicia, busquemos cómo decorarla, esta noche a las doce nacerá, debemos pensar en algo.
Los hermanitos corrieron al monte, trajeron un gajo de garabato(*) y lo pusieron en el costado de la galería, fijándolo dentro de una lata que llenaron con tierra húmeda y apretaron, para que quedara erguido.
Juntaron flores del campo amarillas, azules, blancas y rojas que fueron incrustando en cada una de las espinas; con restos de lana que su mamá teñía para luego tejer las mantas anudaron frutos de algarroba y mistol que colgaron de las ramas. Un grupo de arañitas se sumo a la fiesta; tejieron su trama hacia uno y otro lado ayudándolos en la decoración.
Al caer la oración el rocío nocturno fue depositando pequeñas gotas en las flores y en la tela de araña; la luz del candil las hacía brillar como cientos de caireles de cristal. Las luciérnagas se posaron sobre las ramas encendiendo y apagando sus linternas formando una visión maravillosa.
Como broche final Alicia y Manuel limpiaron un muñequito, lo envolvieron con trapitos de colores, lo colocaron sobre un puñado de yuyos recién cortados y pusieron arriba la estrella tejida con hojas de chala. (**)
La madre sirvió la cena, mientras su angustia crecía. Los niños jugaron y rieron divertidos; agradecieron a Dios por la dicha de tener un plato de comida y rogaron por aquellos que no podían tenerla.
Los grillos hicieron coro con su cri-cri acompañando las voces infantiles que junto a la mamá entonaron villancicos.
Se acostaron felices, con la ilusión de que el Niño Jesús les dejaría un presente, pues habían vestido de fiesta la casa en honor de su nacimiento.
La madre siguió acomodando platos y cubiertos, mientras los niños dormían plácidamente. Luego se alejó un poco, quería caminar, pensar como les explicaría cuando despertasen, porqué no había regalos.
Sus pasos la llevaron hacia el camino, la claridad nocturna le permitía ver la ruta como una cinta plateada, miró hacia arriba mientras oraba, y miles de estrellitas parpadeantes convirtieron el cielo en un terciopelo cubierto de lentejuelas. Una bella Nochebuena terminaba y se iniciaba la Navidad.
A la vera del camino le llamaron la atención las cajas diseminadas cerca de la curva. Seguramente habían caído de algún vehículo que pasara. Las levantó y volvió en dirección al rancho.
En el firmamento, la Cruz del Sur brillaba, mientras unas lágrimas surcaban el rostro de la mujer. Nítidamente pudo percibir en la cara de la luna, esa imagen del Nacimiento que su madre le enseñara a ver cuando era niña. Sus hijos tendrían regalos de Navidad! El Niño Jesús se los había traído…
La mujer comenzó a cantar suavemente “Noche de Paz, Noche de Amor, todo duerme en derredor…”
Magui Montero
NOTA: Imagen extraída de internet
(*) garabato: especie de arbusto espinoso (**) chala: hojas que recubren el choclo, se usan para hacer artesanías vegetales.