Algunas veces pienso...

Algunas veces pienso...
Fotografía tomada por Gustavo L. Tarchini

miércoles 30 de diciembre de 2009

Nuestra cálida amistad

Habitualmente en estas Fiestas vuelven recuerdos de cosas sucedidas hace mucho tiempo. Se piensa en la familia, en los amigos, en los afectos; entonces es que decidí escribir esto, que me nació luego de reencontrarme con un amigo. (Y en él dedico este cuento a todos mis amigos, como regalo del Año Nuevo)

Casi sin pensarlo te encontré.
La vida nos quitó de un mordisco cuarenta años y un soplo de tibio viento sacudió las cosas guardadas en el arcón de los recuerdos, rescatándonos del polvo del olvido.
Volvimos a ser dos adolescentes riendo a carcajadas bajo los frondosos árboles del parque mendocino y nuestra mirada se coloreó de miel con la dulzura de la remembranza, reconociéndonos sin un atisbo melancolía.
Tengo el pelo más largo y algunas arrugas alrededor de los ojos; vos, pequeños hilos de plata que brillan con el ocaso del sol primaveral. En el reencuentro nos apretamos con ternura, nos abrazamos hasta el límite del aliento, caminamos tomados del brazo disfrutando del perfume de las lavandas florecidas.
Ha pasado el tiempo, sin embargo la juventud interior y esta cálida amistad siguen intactas, en plenitud, como antes, como siempre; como si no hubiesen pasado cuarenta años, sino cuarenta segundos.
Aquel día yo debía continuar mi viaje, tú volverías a cumplir con múltiples actividades rutinarias; pero lo habíamos confirmado dentro de nosotros, al contacto de nuestras manos cansadas de sostener amaneceres… La amistad auténtica no envejece y logra resplandecer con el tiempo.

Con todo mi cariño.
Magui Montero

jueves 10 de diciembre de 2009

Corazón de Azúcar: Gris#links#links

Corazón de Azúcar: Gris#links#links

miércoles 9 de diciembre de 2009

Gris

Gris el cielo, gris el alma,
gris, tan gris como me siento,
intangible, sin paletas de color,
esfumada mi esencia calma.
En los grises prosaicos y estériles,
gris de roca inerte el horizonte,
gris de arena sin soles calcinantes,
gris de no reacción ante la afrenta,
evitando ser un rojo sangre,
y escupir dos palabrotas
que parecieran quemarme.
Sigo gris, inmutable pero erguida,
entre hombres necios, vomitivos, sin entraña,
lobos de afilados dientes al acecho,
esperando un renuncio, un desliz, una mirada.
Siendo gris me desdibujo de la escena,
porque la vida, es también estepa helada.

sábado 7 de noviembre de 2009

La montaña y el minero

Acoges en tu vientre hombres valerosos,
buscadores de sustento en visceral herida;
ofrenda virginal al gentil macho,
que se atreve a penetrarte hasta el enigma,
domesticando la femenina y dura esencia,
estremecida con los golpes en la sima.

Un minero que seduce a la montaña,
va horadando su oquedad con fe sincera,
esperando recoger a cada instante,
el regalo que sumisa ella te diera:
veta de gloria escondida en lo profundo,
cual mujer enamorada que se entrega;
a cambio del sudor y del trabajo
de un hombre recio en las entrañas de su tierra.

Magui Montero

viernes 24 de abril de 2009

ENTRE SÁBANAS DE SEDA

Piel acariciando otra piel
cual tenue aleteo de mariposa.
Calor intenso que hace vibrar
los cordajes sinusales de una rosa.

Sentidos obnubilados de placer
silencio trastocado en canción gozosa.
Apetito insaciable, sexualidad febril
sobre el contorno palpitante de la boca.

Susurro gutural reverberante,
temblores de ansiedad cuando se rozan.
Dedos inquietos, vuelan por doquier
explorando la lujuria que convoca.

Fulgurante frenesí en cada abrazo,
impetuoso arrebato que no espera,
Eros mira la escena de un rincón,
Cuando copulan entre sábanas de seda.

Magui Montero
NOTA: Imagen extraída de internet

jueves 9 de abril de 2009

EL YAGUARETÉ

Dedicado a la Lucha por la vida y la defensa de las especies en extinción

No hay frontera, nada dice que es el límite de tres provincias. Los árboles, centenarios vigilantes de la selva, en apretado abrazo enlazan sus ramas, unidos por cientos de cordajes que forman las enredaderas.

Sobre la bóveda vegetal, la luna llena cubre de plata la noche, incrustando su luz como una saeta, en los resquicios que deja la fronda y salpica de lentejuelas los humedales. La quietud, solo es herida de a ratos por el grito de algún pájaro nocturno, el sonido del cascabel de una víbora, o las breves carreras de los ratones.

Una mullida manta de hojarasca, restos de corteza y pastizales, amortigua el sonido de los pasos; aquí está en su mundo, libre y silencioso. El yaguareté, detiene sus movimientos, ha elegido quedarse cubierto por una mata de hojas, cerca del desnivel del terreno. Desde allí puede observar la aguada, donde van a abrevar los animales. El instinto le dice que encontrará sustento adecuado y permanece agazapado esperando a la presa.

Debajo del negro antifaz que ofrece la noche, sus ojos brillan con destellos esmeralda. Nada hace percibir que está vivo, con las orejas enhiestas, el hocico en alto tratando de ventear algún animal que le permita alimentarse.

De pronto, una guasuncha (1) - el cervatillo del monte - se acerca al lugar; mira hacia los lados oteando y se encamina con precaución al charco. El yaguareté aguarda, es la eterna lucha por la subsistencia, no hay odio, no hay perversidad, solo hambre.

Triunfa la sagacidad, y de un solo zarpazo somete al venado. Meticuloso rasga, muerde y traga hasta quedar saciado; toma un poco de agua y queda descansando a un lado de los restos de su pitanza; nuevamente quieto, pero esta vez adormilado, con el apetito satisfecho.

A la luz nocturna se pueden percibir las manchas oscuras en su piel dorada. Es un ejemplar adulto, bien alimentado, el entorno selvático le brinda todo lo necesario para mantenerse. Nunca se acercó al poblado, conoce a los hombres y trata de mantenerse alejado de ellos; solo los vio a la distancia, pero su natural intuición le dicta que es peligroso; es la cautela del que sabe sobrevivir en un medio donde el descuido puede costar la vida.

Pasan las horas, la moneda de plata ha rodado hacia el oeste en el firmamento, está comenzando a amanecer, y con ello, la búsqueda de sustento. De pronto, alza la cabeza, olfatea y se mueve inquieto.

Hay un rumor distinto que hiere el aire. Los pájaros se alzan con chillidos de miedo, siente el golpetear de cientos de patas atropellándose en tumultuosa estampida y un olor diferente. Voces humanas, ruido de maquinarias; los seres humanos, en su afán de lucro, están limpiando terreno, no respetan límites; están hiriendo sin saberlo o a sabiendas, el habitad de este y otros animales. Pero el espontáneo sentido de supervivencia del yaguareté, lo lleva, junto a los que como él, eligieron la senda del que lucha por sobrevivir, a desplazarse más hacia el norte y seguirse procreando.

El yaguareté no está derrotado, es un animal que no puede ser fácilmente vencido. Buscará algún lugar, donde aun el hombre no pudo invadir; jornada a jornada, se internará más en la selva, alejándose de las apetencias humanas, llegará a pozos y vertientes inexploradas… hasta que un humano alcance ese paraje y decida, que la fertilidad de esa tierra es buena para sembrar, o que los árboles de la zona representan un negocio rentable.

El hombre continúa destruyendo. Poco a poco sigue aniquilando la naturaleza e inexorablemente va signando su propio futuro. No lo sospecha, pero está ligando el presente al momento en que comiencen a desaparecer muchas otras especies; porque en su feroz apetito irracional por la riqueza, terminará matándose a si mismo.

(1) guasuncha también conocido como guasuncho ó corzuela

Magui Montero

sábado 21 de marzo de 2009

Alma Viajera

Hay lugares que me llaman con sus voces, allá lejos…
son ansias de mar, montaña, ríos bravíos, sol y cielo.
Voy cosechando amistades, veo lugares con historia,
que el tiempo siempre me lleva, a guardar en la memoria.

La marea baila su danza y emite brillos de luna,
cantando voy escalando, haciendo cima en la Puna.
Más tarde bajo hacia un río, manso de eterna llanura,
o me embelezan las aguas, de cascadas que murmuran.

Selvas o verde humedal, roquedales y salares,
lagos de bellos colores, animales cautivantes.
Mis ojos nunca descansan, el alma está palpitante,
las emociones me nutren, aunque las piernas no aguanten.

Andando por el desierto, pocas veces estoy sola
pues el sol abraza rudo, acompañando mi sombra.
Conjuro de los paisajes, para embrujar el camino
de aquel que elige volar, en busca de su destino.

Ciudadana de la tierra, nacida en medio los montes,
disfruto la hermosa senda, pero también sufrí golpes.
Sigo soñando quimeras, cronos sofrena mi galope,
mientras los años avanzan y a este andar le pongan tope.

Magui Montero
NOTA: Foto captada en la Isla del Pescado. Expedición al Salar de Uyuni. Bolivia. Febrero 2009

jueves 12 de marzo de 2009

Adios al Amor

De nuevo camino sola en esta ciudad antigua,
Quería mirarte a los ojos y acariciar tu mejilla
La ausencia de tantos meses desdibujaba mi risa
Sin embargo estabas cerca cuando rozaba la brisa.

Apareciste de pronto, escondido tras la prisa,
en la mano un chocolate endulzaba la entrevista.
Me rodeaste con tus brazos y me diste una caricia
más tarde te despediste escudado en tu sonrisa.

Recordé la calle, el muelle, aquel ocaso del sol,
miré el árbol centenario donde me juraste amor,
pero el tiempo de los besos a la distancia quedó.

Solo ternura y nostalgia subsisten la sinrazón
de ese tiempo en que alocados gritábamos de pasión.
Mas… las gaviotas del puerto, se llevaron nuestro amor.
Magui Montero
NOTA: ciudad de Valparaíso - Chile

viernes 16 de enero de 2009

Donde

Donde
bailarás un mambo tan cadencioso,
Donde
se ven flores coloridas en verano,
Donde
una voz ronca va entonando una habanera,
Donde
está el aroma a tabaco perfumado.
Donde
la morena de cintura breve y frágil,
Donde
vive el hombre que te sueña enamorado,
Donde
El Malecón suspira al mar con la brisa,
Donde
sabe a ron aquel beso que te han dado.
Donde
la lujuria de la luna en los cocales,
Donde
otro paisaje el corazón te ha robado,
Donde
sino en Cuba con esa rara belleza.
Esa que se añora,
porque nunca se ha olvidado.

Magui Montero

NOTA: Fotografía Néstor Miño



martes 13 de enero de 2009

Se está gestando el "Manifiesto por la Solidaridad"

Hola amigos!! los invito a enterarse de que se trata y adherirse. Unamos nuestra manos en pos de un mundo mejor! pasen por aquí http://cornelivs.blogspot.com/ La convocatoria es para todos los blogger y personas de cualquier lugar de la tierra, sin distinciones de ningun tipo.
Un abrazo fraterno.
Magui
NOTA: La imagen lleva por nombre "Mamá tengo hambre" Autor: Jesús

viernes 2 de enero de 2009

Fuego y Hielo

Insondable y elocuente cual suspiro de las hadas,
que se escucha por las noches antes de nacer el alba.
Como el rocío de la grama en los nocturnos con luna,
cuando la brisa la mece con una canción de cuna;
así de tenue y sublime es la caricia que guarda,
esa de manos abiertas extendida en la mirada.

Ella espera al ser amado en busca de buen refugio
para brindarle su calma escapando al artilugio,
de besos y amores falsos a cambio de la delicia
del afecto y la ternura limpios de toda malicia.

Más algunos no comprenden si de cariño se trata,
pues el deseo los corroe y su embuste los delata.
Buscan batallas lascivas, gimiendo en lides oscuras
revolcándose en el cieno de las pasiones impuras,
sin pensar que una mujer que se deja lastimada,
va desde el llano a la cumbre de su candor liberada.

Ya no hay nada que detenga a la hembra enamorada,
se yergue como guerrera en el amor inmolada,
matando con el desprecio al hombre que la engañara…
y el fuego se volvió hielo en lo profundo de su alma.

Magui Montero
NOTA: Imagen extraída de internet

domingo 28 de diciembre de 2008

La enamorada del muro

Filigranas exquisitas tejen la luz y la sombra,
cuando un rayo de sol filtra e ilumina la penumbra.
De un lado, todos son libros, del otro jardín aromado,
En el medio la más bella, cristal y encaje enramado.

Enamorada del muro, te abrazaste a la ventana
quizás para espiar poemas, si fluye la rima hilada.
Vitreaux en verde ambarino, la enredadera ha formado
y en el refugio de Alfonso, sus versos ha susurrado.

Es la casa del poeta, son las letras mixturadas,
o quizás es la ternura, que él esconde en la mirada,
lo que produjo el milagro, de quedar allí aferrada.

Cadenciosa se somete al viento si es acunada,
enamorada persiste, tras del cristal adosada,
y el soñador la acaricia, al terminar su jornada.

Magui Montero
NOTA: Dedicado afectuosamente al poeta Alfonso Nassif
NOTA 2: La imagen fue extraída de internet

martes 23 de diciembre de 2008

Partida

El aroma de su piel quedó adherido en mis manos,
la boca guardó resabios de aquellos momentos largos.
Su perfil tan masculino a contraluz reflejado
se fue alejando con ecos insolentes y malsanos.
Mi alarido silencioso no aceptaba el desengaño
y aterrada por su adiós caí en un mutismo helado.
Se fue escapando despacio de los instantes gozados,
cuando pedí explicación mirando ese rostro ansiado,
dijo tener otro amor, aunque le estaba vedado.
Yerma de besos candentes, vacía de sus abrazos,
al frenesí puse brida, fragmentada en mil pedazos.
El orgullo me impedía demostrarle mi quebranto
y lo dejé que partiera sin aferrarme a sus brazos.
Con el pasar de los meses el dolor se fue aplacando
Y en la línea que divide lo importante de lo vacuo
fingiendo calma pensaba de un modo descabellado
Si mis celos desmedidos yo los hubiese acallado,
si hubiera esperado un poco y aquel engaño olvidado,
ese hombre hoy sabría que aun así… lo había amado.
Magui Montero
NOTA: Imagen extraída de internet

miércoles 17 de diciembre de 2008

CUENTO DE NAVIDAD

En el silencio nocturno la mujer permanecía con los ojos abiertos, mirando a sus dos hijos dormir plácidamente. La luz de la luna le permitía observar con claridad sus cuerpitos, durmiendo en el catre, bajo el alero del rancho.
Suspiró mientras pensaba, que faltaba solo un día para la Navidad. Al menos, la venta de la manta tejida en el telar, le había proporcionado el dinero necesario para tener una cena con pan dulce incluido para la Nochebuena; pero los niños no tendrían regalos, aunque nunca los había escuchado quejarse.
Oía de a ratos el ruido de los vehículos que pasaban y frenaban, cuando tomaban la curva, en la ruta cercana y se fue durmiendo, acunada por los sonidos del monte.
Amaneció, los pequeños murmuraban y soltaban risitas de complicidad. Iban y venían corriendo entre los cabritos que jugueteaban con ellos.
-Oye Manuel, quizás el Niño Jesús no nos trae juguetes porque no adornamos nuestra casa.
- Si Alicia, busquemos cómo decorarla, esta noche a las doce nacerá, debemos pensar en algo.
Los hermanitos corrieron al monte, trajeron un gajo de garabato(*) y lo pusieron en el costado de la galería, fijándolo dentro de una lata que llenaron con tierra húmeda y apretaron, para que quedara erguido.
Juntaron flores del campo amarillas, azules, blancas y rojas que fueron incrustando en cada una de las espinas; con restos de lana que su mamá teñía para luego tejer las mantas anudaron frutos de algarroba y mistol que colgaron de las ramas. Un grupo de arañitas se sumo a la fiesta; tejieron su trama hacia uno y otro lado ayudándolos en la decoración.
Al caer la oración el rocío nocturno fue depositando pequeñas gotas en las flores y en la tela de araña; la luz del candil las hacía brillar como cientos de caireles de cristal. Las luciérnagas se posaron sobre las ramas encendiendo y apagando sus linternas formando una visión maravillosa.
Como broche final Alicia y Manuel limpiaron un muñequito, lo envolvieron con trapitos de colores, lo colocaron sobre un puñado de yuyos recién cortados y pusieron arriba la estrella tejida con hojas de chala. (**)
La madre sirvió la cena, mientras su angustia crecía. Los niños jugaron y rieron divertidos; agradecieron a Dios por la dicha de tener un plato de comida y rogaron por aquellos que no podían tenerla.
Los grillos hicieron coro con su cri-cri acompañando las voces infantiles que junto a la mamá entonaron villancicos.
Se acostaron felices, con la ilusión de que el Niño Jesús les dejaría un presente, pues habían vestido de fiesta la casa en honor de su nacimiento.
La madre siguió acomodando platos y cubiertos, mientras los niños dormían plácidamente. Luego se alejó un poco, quería caminar, pensar como les explicaría cuando despertasen, porqué no había regalos.
Sus pasos la llevaron hacia el camino, la claridad nocturna le permitía ver la ruta como una cinta plateada, miró hacia arriba mientras oraba, y miles de estrellitas parpadeantes convirtieron el cielo en un terciopelo cubierto de lentejuelas. Una bella Nochebuena terminaba y se iniciaba la Navidad.
A la vera del camino le llamaron la atención las cajas diseminadas cerca de la curva. Seguramente habían caído de algún vehículo que pasara. Las levantó y volvió en dirección al rancho.
En el firmamento, la Cruz del Sur brillaba, mientras unas lágrimas surcaban el rostro de la mujer. Nítidamente pudo percibir en la cara de la luna, esa imagen del Nacimiento que su madre le enseñara a ver cuando era niña. Sus hijos tendrían regalos de Navidad! El Niño Jesús se los había traído…
La mujer comenzó a cantar suavemente “Noche de Paz, Noche de Amor, todo duerme en derredor…”

Magui Montero
NOTA: Imagen extraída de internet
(*) garabato: especie de arbusto espinoso (**) chala: hojas que recubren el choclo, se usan para hacer artesanías vegetales.

sábado 6 de diciembre de 2008

Niñez sola

Callada sombra de niño
te escondes en el abismo oscuro
de esos ojos mansos.
Los caireles cristalinos de la risa
volaron al mutismo perturbante
de una madurez forzada.
El pelo lacio juega sin fin
en remolinos de viento y mariposas
ajeno al rastro de lágrimas amargas
La manita pequeña busca refugio
cobijándose en el hueco de la mía
inundándome de cálida ternura.
No hay golosinas sabrosas en la boca
que mitiguen la tristeza de tu alma
cual una flor deshojada.
Sigo llenando los mustios silencios
con historias de mundos felices,
mientras cargo la pesada mochila
de tus sueños rotos por la vida amarga
en atardeceres grises de niñez tronchada.
Magui Montero
NOTA: Imagen extraída de internet



lunes 24 de noviembre de 2008

Te marchaste

…Te marchaste
Se murió contigo mi sueño bello y fecundo
De los vuelos largos y del mar profundo.
De perla elegida y lo que me ofrendaste,
marcabas posesión con tu hombría constante.
…Así me ganaste

… Y partiste
Tu perfil se esfumó, enmascarando otro rumbo.
Te escondiste de mis ojos, en el ocaso del mundo.
Trocando en ausencia las noches de amor borraste.
Sin volver la cabeza, con tu orgullo a cuestas,
seguiste adelante.

… Me dejaste
Te extraño, te busco, camino a los tumbos
No encuentro salida, me callo, arrogante.
Cohibida estoy presa, de lo que demuestras.
Me duele decirlo, no logro asumirlo
pero…me olvidaste.

Magui Montero

NOTA: Imagen extraída de internet

lunes 17 de noviembre de 2008

El Amante

Deprisa va el segundero
cuando se alarga la dicha
la tarde se torna en noche
entre gemido y sonrisa.

Tus tobillos se me enredan
en las piernas indecisas,
tratando de detenerme
con la caricia precisa.

Intuyo que estos apremios
tienen mucho de malicia,
requiriendo de mi cuerpo
lo que tus ganas codician.

Brota la intensa pasión,
enfaustado te deslizas
hacia los pechos turgentes,
y jugueteando me erizas.

Yo disfruto de esas horas
de amante que se eterniza,
en este lecho revuelto
húmedo de lascivia,
oculta tras de un disfraz
que en tus brazos es ceniza,
y aletargando el pudor
lo deshaces entre risas.

Magui Montero


NOTA: Imagen extraida de internet

miércoles 12 de noviembre de 2008

La Paloma

Inclina el testuz despacio,
suelta la rama de olivo,
comienza un arrullo ronco,
guarda actitud inquietante.

Inicia la ceremonia
arrancándose el plumaje
dejando desnudo el pecho
en hierático homenaje.
El pico rudo lastima
carne viva y rojo sangre.

Un corazón de torcaza
lacerado y palpitante
se ofrece hacia los pichones
que la aguardan expectantes.
Hambre, maldad e injusticia
la circundan con mal arte
nuestra Paz se está muriendo
y no encuentra quien la salve.

Es vorágine de sueños
que se durmieron distantes,
pan, trabajo y armonía
se fueron en un instante.
La ceguera de este mundo
quebró su vuelo rampante.
Las miserias la desangran
el pobre espera anhelante.
En tanto la indiferencia
clavó su garra angustiante.

Magui Montero
NOTA: La imagen fue extraída de internet

miércoles 5 de noviembre de 2008

Mi vicio

Placer, seducción,
consume por dentro.
Es claro el hechizo
sin par de poseerlo.

Resuelve las ansias,
expande mi pecho.
Locura nocturna,
si falta en el lecho.

Rozando los labios
satisface mi ego,
de ser su querida.
En él me pertrecho.

Tomando el café,
me acompaña un trecho.
En horas de enojo,
suaviza el mal genio.

Martirio exclusivo,
deseo insatisfecho.
Sin el no soy nada,
me falta el aliento.

Mi amante, mi todo,
mi vicio y veneno.
Es el cigarrillo…
¡qué dicha tenerlo!

Magui Montero

NOTA: La imagen fue extraída de internet.
NOTA 2: He insertado una poesía pasatista, como una manera de divertir a mis amigos, que quedaron preocupados por mi estado de ánimo. Trato de mostrarles que no solo con la tristeza y el amor se pueden escribir versos y coplas.

sábado 1 de noviembre de 2008

Recuerdos

La tarde estaba cayendo, yo crispada frente a un jaque,
tratando de escribir algo que me surgiera al instante.
Jugueteando con un lápiz garabateo hojas blancas,
nada sale, nada brota, que no contenga su marca.

Quiero sacarlo de adentro, arrancarme las entrañas,
está fundido en mi sangre, su sello me dejó llagas.
Quizás quedara sin sueños si yo olvidara aquel hombre
pero caló muy profundo, tengo incrustado ese nombre.

Su pecho me contenía, olvidando las distancias
mi aliento guardó su aroma y él diluyó mi arrogancia.
Continúo la rutina de escritora solitaria,
terminó mi primavera… llanto quemante desgarra.

Magui Montero

NOTA: Imagen extraída de internet

sábado 25 de octubre de 2008

TIEMPO DE RONDAS (en el Barrio Centenario)


Dedicado a mis amigas de la infancia

Tiempo de juegos y ronda, tiempo sin dolores y sin penas, tiempo de candor e inocencia. Tardes de verano, en que regar la calle de tierra era un rito, para corretear al ponerse el sol, divertirse con “el pisa pisuela”, “las estuatas”, “la pilladita” o “la panadería”. Nuestros padres jóvenes, sentados en las amplias veredas en busca de un respiro a las jornadas agobiantes, mientras se entretenían mirándonos y algunas veces participando en los juegos del “al don pirulero” y “la prenda escondida”.
Fines de semana en la calesita de Don Marcaccio y licuados en “El Rey del Tutti” o paseos a la plaza San Martín, donde unas pocas y muy osadas nos sacábamos los zapatos para mojar los pies en la fuente de la Casa de Gobierno.
Tiempo de faldas almidonadas, muñecas de trapo y moños en el pelo, de excursiones para el campo a comer empanadas en la casa de la “abuela Pura”, del café con leche y tostadas con manteca en casa de “la Chelita”, de las mandarinas jugosas en la casa de “tía Zoila”. De la yapa de maní florcita en el almacén de Don Zarco, de las rodillas con raspones y palmadas en el trasero por llegar cinco minutos después del horario establecido.
Tiempo en que se tenía miedo al “cuco”, al fogonazo de una cámara de fotos de magnesio y al castigo de quedarse sin postre, si cruzábamos la calle Rivadavia, o nos metíamos a jugar en la acequia de avenida Belgrano.
Tiempos de dar vueltas un ratito cada una en la bicicleta, compartiendo lo que solo una de nosotras tenía, porque así era más lindo. De ver el pesebre reflejado en la luna –porque ahí estaba Diosito- o un eclipse tras una radiografía vieja –sino te quedarás ciega-.
Tiempos de salir corriendo para no llegar tarde a la escuela del barrio, quedarnos en la cama calentita un día de invierno y disfrutar cuando escuchábamos cantar “Aurora” en la escuela Centenario.
Tiempos de inexistencia tecnológica, nada de Juegos cibernéticos, DVD, ni Compact Disc ¿Cómo hubiesen hecho para tenernos sentadas más de diez minutos? Éramos un grupo de ardillas inquietas que escuchábamos música en la radio o los tocadiscos.
¿Hamburguesas? Nunca hubiésemos cambiado los tallarines amasados con el espeso y aromado tuco que comíamos los domingos, en las largas mesas familiares, por semejante cosa extraña.
¡Ah! Si tan solo pudiese mágicamente regresar al tiempo de puertas sin llave, de racimos de uvas cortadas en el parral de las casas y tomar nuevamente la mano de mis amigas, todas de mejillas rojas y sonrisa ancha, para hacer la ronda allí, justo en la esquina, debajo de la vieja tala y cantar de nuevo… juguemos en el bosque mientras el lobo no está!!


Magui Montero

NOTA: Imagen extraida de internet

sábado 18 de octubre de 2008

MADRAZA

En el Día de la Madre dedicado a una amiga y a todas las madres solteras

¡¡Eras tan niña!! Dieciséis años descubriendo sensaciones de mujer. Delgada, espigada, de pechos incipientes, carita dulce y un lunar pequeño en el pómulo que ponía mayor belleza en tu rostro. Alguien dijo que tenías el cuerpo ideal para modelar, y así fue… Quienes te conocíamos, soñábamos con que nuestra amiga, la pequeña muñequita pudiese lograrlo. No sabías de la ferocidad del mundo, pero bebías los vientos a raudales, deseabas volar y el barrio ya era poca cosa… Querías ser una estrella, de esas que juntas mirábamos parpadear en las noches de verano. Y los hombres! Ah los hombres, que estaban al acecho, e intuían tu inocencia disfrazada, bajo la apariencia de mujer mundana. Uno de ellos, - después nos contaste – te decía palabras bellas al oído, susurraba que eras “su princesa”, que te haría su mujer, que eras lo más hermoso que conociera… y te rendiste.
Al paso de los meses, un día, que aun tengo muy presente, buscaste refugio en nosotras, las que seguíamos aferradas al barrio, a las cosas simples, y aun no sabíamos mucho de la vida; te vimos llorar y nos confesaste temblando que esperabas un bebé. La familia no te había dado muchas opciones…
Elegiste lo que gritaba tu corazón, porque por dentro seguías siendo la colegiala de rodillas lastimadas; solo que está vez la herida estaba en el centro del pecho. Decidiste irte…, ser madre, a costa de alejarte de familia, compañeras de colegio y amigas de la infancia. Pero nunca sospechaste que esas lágrimas amargas que derramabas, se convertirían en perlas de felicidad y orgullo al paso de los años.
Te levantaste con toda la estatura de los valientes, y seguiste adelante, con tu orgulloso vientre apuntando al futuro. Respondiendo preguntas mirando a los ojos de quienes te inquirían - ¿te casaste?
- No, no me casé, pero espero un hijo y es solo mío.
Y continuaste… terminaste la secundaria con el guardapolvo desprendido, pues el cuerpo delgado se te había llenado de redondeces, por un hijo que crecía en tus entrañas. La escuela nocturna tampoco fue un estigma, trabajabas duramente en las mañanas forjando un futuro para ese pimpollito por la que serías responsable el resto de tu vida.
Renunciaste a ser mujer, para ser un proyecto de madre, con más hombría que algunos que se las daban de “machos”. Forjaste un hogar siendo padre y madre al mismo tiempo de esa bella hija producto de tu empecinada tozudez por defender la vida. La pequeña niña fue haciéndose mujer; tan mujer como su madre, sin que le faltara ni cariño ni contención.
Y tú??... Seguiste creciendo, si es que se podía más, la dama admirable en que te convertiste, aun pudo mucho… dio cobijo y abrió sus brazos a quienes la hicieron a un lado, tuvo espacio para todos. Sí, tenías mucho amor para dar, tu corazón no había envejecido, ni se había amortiguado, trabajaste duro; te abriste camino, desafiante y rebelde.
Hasta que conociste un hombre bueno, que te dio respeto, amor y el lugar que siempre debiste tener, lo que merecías, como ser maravilloso.
Hoy eres feliz, completa, íntegra!! En mis recuerdos, guardaré siempre el ejemplo que dejaste: niña, mujer, MADRAZA!!
Magui Montero
NOTA: La imagen fue extraída de internet

martes 14 de octubre de 2008

CONFESIÓN

Autor: Enrique Santos Discépolo
Intérpretes: Andrés Calamaro - Enrique Bunbury


Década del 30, la pequeña adolescente de blondos cabellos y ojos turquesa, cumplía con su rito. Como todas las tardes puntualmente, a las 17,00 abría el balcón del comedor y se paraba allí. Sueño de adolescencia, a la hora que las comadres tomaban mate con bollitos dulces,
Esperaba ver al moreno que cortésmente se tocaba el borde del sombrero, cuando pasaba por la vereda del frente y le dedicaba una sonrisa.
Así corrieron los meses, mientras la niña aguardaba al joven de sonrisa seductora, hasta que llegara la ansiada fiesta; el acontecimiento social de gala al que anualmente concurrían las niñas de sociedad, acompañadas por sus padres. Los jóvenes aprovechaban la oportunidad para bailar y elegir a la mujer que al paso del tiempo podría llegar a ser su esposa, si contaba con la aprobación familiar.
Josefina preparó para la fiesta un vestido de celeste intenso que hacia resaltar su piel rosada, los ojos parecían brillar más aun, cepilló el cabello arreglándolo con una sencilla cinta de raso y lo dejó caer suelto sobre la espalda, finalmente se perfumó con agua de azahar. Sonreía cuando partió junto al grupo familiar rumbo al evento. Subió las escaleras del salón, teniendo especial cuidado de no pisar el borde del vestido y arruinarlo. Estaba nerviosa, era su primera fiesta, había venido preparándose durante mucho tiempo; con ayuda de los hermanos aprendió en la intimidad del hogar unos pasos de vals y tango que la ayudarían a salir airosa de la prueba.
El salón parecía una colmena por su actividad, la orquesta en vivo interpretaba música selecta y las mesas estaban repletas de comidas sabrosas.
Josefina sintió una mirada posada en ella. Desde la distancia los ojos del joven moreno la observaban con intensidad. Se inició el momento del baile, un hermano la tomó de la mano, conduciéndola hacia la pista, bailaron por un rato y volvieron a sentarse. Su madre la reprendió afectuosamente –Niña, un poco más de recato! La gente comentará, al ver tanta sonrisa…
Pocos minutos más tarde se acercó el dueño de sus sueños y con respeto se dirigió a su madre –Disculpe señora, sería tan amable de permitirme bailar con Josefina? La dama sonrió forzadamente y respondió: sí caballero, pero solo dos piezas, es demasiado joven aun para bailar tanto.
La orquesta interpretó dos tangos. Mientras la tenía enlazada por el talle, le susurró: Josefina, me gustas mucho, estás hermosa. La muchacha sintió que el rubor cubría su rostro, no respondió, las rodillas le temblaban. Volvieron a la mesa, dijo muchas gracias y se sentó.
Su hermana mayor se veía enojada, y ella no sabía el motivo. ¿Acaso se había comportado imprudentemente? No lo creía, pero el resto de la noche habló poco hasta la hora de regresar.
El domingo, como todas las tardes, se dirigió presurosa al balcón, pero la detuvo la voz del padre a sus espaldas. ¡No quiero que vuelvas a estar en el balcón! Anoche me dijeron que te miraba en el baile ese “negro”, que se atrevió a bailar contigo. No permitiré que mi hija se enrede con un criollo, menos aun porque es de familia pobre. Debes pensar en buscar el hombre adecuado, un gringo que te haga feliz y te brinde todo lo que corresponde.
Josefina bajó la cabeza, se retiró a la habitación, esforzándose por contener el llanto.
Pasó el tiempo, los hermanos se fueron casando, ella continuaba sus días en la vieja casona, aprendió a cocinar y ser anfitriona en reuniones familiares, cuando sus padres ya no estuvieron. Todos la oían cantar muy bajito algunos tangos mientras diligentemente hacía las tareas de la casa. Había dos que eran sus preferidos “el pañuelito blanco” y “confesión”.
Cierta tarde, cuando yo era pequeña, tía Pepita se encontraba jugando con nosotros en el jardín. Un distinguido señor de cabellos blancos se acercó a la reja y le dijo, hola Josefina, estás tan hermosa como siempre, que sigas bien. Mi tía temblaba, ruborizada, los ojos claros cubiertos de lágrimas pugnando por salir, quedó mirándolo en silencio; mientras el caballero se tocaba el ala del sombrero como saludo y se alejaba.
Ella siguió soltera, rodeada del afecto de sus sobrinos, cocinando manjares sabrosos y prodigándose en mimos. Recuerdo haberla escuchado cantar esos dos tangos hasta que el día en que murió anciana, aun bella en su dignidad.

Magui Montero
Nota: Dedicado con todo mi cariño a mi tía Pepita.

domingo 12 de octubre de 2008

VACACIONES PARA HELENA

Helena había empezado precozmente a tomar responsabilidades demasiado grandes… y estaba harta. Su vida estuvo enmarcada en una sucesión de hechos que fortuitamente o no, la hicieron arrogarse obligaciones muy joven, apenas concluida su carrera.
El prematuro retiro del padre por efectos de la enfermedad coronaria, hizo que tomara para sí el titánico esfuerzo de llevar adelante la compañía, con toda la obstinación que le permitía su carácter, impulsada por el ejemplo del tesón paterno, para dar a la familia lo mejor.
Es cierto que vivía confortablemente. Los negocios, les permitían realizar distintas actividades sin presiones económicas. Los hermanos menores continuaron yendo a la universidad, luego dedicaron el tiempo a corretear chicas y divertirse; sus padres iban a eventos sociales o recorrían paisajes. Helena había optado por comprar un confortable piso, a pocas cuadras de la empresa, para tener su propio espacio, no pasar largo tiempo conduciendo en la autopista por las mañanas, o al término de la jornada; pero ya era una mujer adulta, percibió que estaba renunciando a mucho.
Hacía algunas semanas que se reuniera con sus compañeras de promoción; todas en mayor o menor grado, comentaban acerca de los logros de sus pequeños hijos, de la última disco que se había inaugurado, o lo bien que la pasaban en compañía de su pareja, según fuese la situación personal. Ella escuchaba con una sonrisa, pero se comparaba con sus compinches de la etapa adolescente. ¿Cuales eran los momentos más agradables? ¿Acaso los fines de semana, comprando cosas en un shopping? ¿Las cenas a que se veía obligada a concurrir, para no afectar la sensibilidad del personal de la empresa? ¿Los viajes por negocios, que apenas le dejaban tiempo para conocer aeropuertos de otras ciudades? Es cierto que había tenido oportunidades, aunque siempre las desechaba; el temor de que algo no funcionara bien en la compañía, era más fuerte que las ganas de darse un descanso.
Por fin, luego de que la idea diera vueltas en la cabeza durante algunos días; llamó a reunión gerencial, escuchó el informe periódico confirmando que las cosas se encontraban encausadas y les dijo a los asombrados miembros de la junta: - El médico me aconsejó tomar un descanso -cosa que era mentira, pero necesitaba dar una explicación lógica –, permaneceré alejada por un tiempo, espero que continúen con responsabilidad sus tareas y sigan adelante, pues conozco de su capacidad, sé que sabrán responder a la confianza depositada.
Dicho esto, se retiró sin girar la cabeza, sabiendo que muchos pares de ojos la observaban, levantó las cosas personales, dio órdenes a su secretaria, dejando indicado que solo fuera molestada en caso de una situación imposible de resolver; habló por teléfono con la familia para explicarles y despedirse; a lo que su padre respondió:
- ¡Mira hija, ya hace largo tiempo que tendrías que haberlo hecho! Con tu madre nos sentíamos culpables por no haberte permitido una oportunidad de disfrutar. Vete tranquila, la gente que trabaja con nosotros es de absoluta confianza; todo irá bien. Es hora de que tengas tu descanso.
Respiró hondo, ahora más calmada, sin un atisbo de culpabilidad se dedicó a preparar sus maletas. Desechó la ropa que acostumbraba a llevar cuando viajaba por negocios, eligió zapatillas, jeans, remeras y sweeters de vivos colores, trajes de baño, camisas livianas; vestimenta que no era habitual, salvo en aquellos días, en que iba con los hermanos al campo.
Y partió. Había elegido como destino, un pequeño pueblo de pescadores, lejos de la ciudad. Después del aterrizaje en el aeropuerto viajaría varias horas más, para llegar hasta donde la esperaban, con todo dispuesto. Las indicaciones que le dieran, resultaron suficientes. Bajó en la parada del bus, cuando aun era de madrugada. El silencio era impresionante, solo rasgado de rato en rato, por algún vehículo que pasaba.
Por fin, apareció el automóvil que la trasladaría hasta la cabaña que alquilara. Aun tenía un poco de temor, porque no conocía nada más que las fotografías que había visto en la propaganda que encontrará en Internet. Cuando llegó al lugar, el resquemor se evaporó mágicamente. Los dueños del predio eran un matrimonio maravilloso; pequeñas construcciones se sucedían aquí y allá, en medio de un césped lleno de flores. A poca distancia se adivinaba el mar, que a esta hora solo era una mancha aceitosa en la penumbra, con picos de espuma más claros lamiendo la arena.
Rosa, le entregó las llaves, pasó junto a ella, mostrándole la hermosa terraza que daba al mar, le dio indicaciones acerca de adquisición de provisiones, horarios, comodidades, transportes y se fue, dejándola sola.
La cabaña era pequeña, confortable, construida en madera, dos habitaciones, un lindo baño, cocina con todo lo necesario, decorada con buen gusto y calidez.
Desarmó la valija, ordenó la ropa, tomó un suculento desayuno que Rosa le había dejado preparado y se sentó a hacer la lista de cosas que debía comprar en el pueblo, distante a tres kilómetros siguiendo la costa, según le indicara Francisco, el esposo de Rosa.
Se calzó zapatillas, jeans, camisa de algodón y gorra de visera. De pronto se había transformado en una de las tantas jóvenes que estaban de vacaciones. Tomó un bolso que cruzó en bandolera, para traer con comodidad la mercadería y partió hacia el pueblito, caminando a la vera de la carretera. Tenía a su derecha la costa, aspiraba con fuerza el frío viento salobre. Sus ojos, acostumbrados al paisaje metropolitano, se perdían en la inmensidad, tratando de llegar al horizonte. Frente a ella, se levantaban suaves lomas y serranías salpicadas de casitas que miraban hacia el mar.
Llegó al pueblito de Guanaqueros, a pocos kilómetros de Coquimbo y La Serena, quizás mucho antes de lo que esperaba. Las barcazas pesqueras habían regresado de su labor diaria, permanecían hamacándose al compás de las olas en el pequeño muelle, mientras algunos pescadores rezagados, aun acomodaban redes y canastas en cubierta.
Se detuvo a respirar el aire marino que le inundaba el pecho, vio en una de las barcas al joven que fumaba, con el torso desnudo, apoyado en uno de los mástiles, el rostro vuelto hacia el horizonte.
Sabiendo que no era observada, pudo disfrutar de la hermosa figura que se recortaba en el paisaje matinal. Espaldas anchas, morenas por el sol marino, pantalón de jeans ajustado en la cintura, enrollado en las piernas a la altura de las pantorrillas y el pelo moviéndose con el viento. Helena percibió dentro de si, el llamado de los sentidos que creía dormidos hace tiempo. Le hubiese gustado estar en los brazos de ese hombre.
Sacudió la cabeza, miró hacia otro lado y siguió con rumbo a la proveeduría. Allí compró todo lo necesario, encaminandose nuevamente hacia el lugar donde se alojaba; pero el sol a esta hora, castigaba con fuerza, las bolsas pesaban demasiado y a pesar de su buen estado físico, sintió un poco de cansancio. A escasa distancia, leyó un cartel algo despintado que decía “cantina” , sin pensarlo demasiado, abriendo la puerta pasó al reparo de la semipenumbra del bar.
Una veintena de pares de ojos miraron hacia ella, cuando el tintinear de los caireles de la puerta anunció su entrada. Quedó parada, tratando de acostumbrarse a la mortecina luz que filtraba desde la calle; luego avanzó, murmurando un - buenos días – a los sorprendidos parroquianos reunidos de a dos o tres en pequeñas mesas de madera.
El cantinero, algo turbado por la entrada de una mujer en ese lugar que era casi exclusivamente visitado por los pescadores locales, la recibió con una sonrisa y el consabido - ¿Qué se va a servir señorita? mientras intentaba limpiar inexistentes manchas del mostrador, con un trapo húmedo.
- Una cerveza fría, por favor, respondió en voz alta, propia de su acostumbrada autonomía. El hombre rápidamente levantó un jarro grande de vidrio desde la fila que estaba al costado y comenzó a verterlo desde la máquina que expendía el ambarino líquido.
Helena dejó las bolsas a un lado, se sentó en el taburete vacío, mientras observaba a los clientes; con rostros apergaminados por el agua y el sol, nervudos, de manos curtidas; si, la mayoría eran hombres de mar. Hacia un costado, a pocos metros, encontró al pescador que admirara en la mañana; éste, tomaba cerveza mientras fumaba con los ojos entrecerrados, ahora llevaba puesta una camisa a cuadros suelta. Helena sintió que el rostro se le arrebolaba, tomando el mismo color de sus rojizos cabellos, como si el distraído hombre pudiese saber lo que ella había experimentado al observarlo.
Se concentró en beber la espumosa cerveza, o comer maníes desde un pequeño recipiente, tratando de calmar su inquietud. La música, alegre, se entremezclaba con las risas de ese puñado de hombres que todos los días arriesgaba la vida para traer el pan al hogar. De pronto, fue sobresaltada por un saludo que sonó a sus espaldas.
Giró la cabeza, se encontró con los ojos oscuros del pescador, que la miraban fijamente – perdón, me llamo Joaquín, creo que no me oíste. ¿Te molesto? - dijo mientras extendía su mano hacia las de ella, en actitud amistosa.
- No, no me molestas, soy Helena, no te escuché acercar – respondió mientras estrechaba su mano.
- Vivo aquí desde hace cuatro años y nunca te vi. No eres del lugar?
- Efectivamente, vengo desde Argentina a descansar, llegué hoy.
- Mmm, debes estar alojada en lo de Rosa y Francisco, o en alguna de las casas de la zona, pues no hay un hotel cómodo en este pueblo.
- Si, estoy en las cabañas, vine a comprar provisiones; me cansé, no estoy acostumbrada al sol tan intenso – respondió.
- Bien, entonces, te acompañaré, pues veo que estás con demasiada carga encima – comentó mientras reía.
- ¡¡No, por favor, no te molestes!!
Joaquín siguió riéndose como si no hubiese escuchado, cargó las bolsas sin esfuerzo y caminó hacia la salida, luego de pagar la consumición de ambos.
Iban uno al lado del otro, como si fueran viejos conocidos, Helena miraba de reojo el perfil de Joaquín; pudo observar que a pesar de lo alta que se consideraba, el le llevaba por cerca de una cabeza. Hablaron durante el camino, así pudieron saber lo mucho que tenían en común. El se había cansado de la vida de la ciudad, había dejado todo, para comprarse una pequeña barcaza donde pasaba sus días alimentándose del producto de la pesca y consiguiendo lo necesario para vivir con la reventa del excedente. Sintió una sana envidia por la libertad que él había logrado de esta forma y comentó que ansiaba tener la valentía de tomar una decisión similar. Llegaron a la cabaña más pronto de lo esperado, lo invitó a tomar algo fresco en la terraza que daba al mar, debajo de la amplia sombrilla, como forma de retribuir su actitud.
Con el correr de los días, Joaquín se fue convirtiendo en una compañía habitual para Helena; quien pasaba las jornadas entre el sol, el agua, la lectura de libros, la música y las visitas del joven pescador.
Una tarde, cuando regresaba de la playa, el viento comenzó a hacerse más fuerte, las altas olas lanzaban cataratas de agua y espuma casi hasta la carretera, y la tormenta se abalanzó con furia sobre la costa. Llegó corriendo a la cabaña, se quitó la ropa mojada y luego de tomar una ducha tibia se tiró en la cama, donde quedó dormida hasta el amanecer. Se despertó asustada oyendo a lo lejos el ulular de sirenas. El viento había amainado, pero las olas eran altas, seguían rebeldes tratando de quedarse en la playa. La mañana estaba gris, se vistió rápidamente y fue a averiguar que sucedía.
Rosa le contó, con los ojos muy abiertos por la angustia, que a pesar del mal tiempo, muchos pescadores se habían hecho a la mar y algunos de ellos no regresaban aun. En ese instante Helena pensó en Joaquín… Una punzada de terror se le instaló en el pecho y se dirigió corriendo hacia el pueblo. Cuando llegó, buscó entre las barcazas aquella tan conocida, que llevaba en la popa pequeñas banderitas de vívidos colores; esforzó la mirada, pero no la pudo encontrar.
Temiendo lo peor, se dio paso entre la gente amontonada en la pequeña cala, buscaba entre los pescadores algún rostro amigo. Cerca de ella, abrazado a su mujer, se encontraba un compañero de Joaquín. Estaba mojado, agotado por las penurias, con el rostro cubierto de lágrimas; repetía incesantemente perdí mi barca, perdí mi barca… Ella se acercó, temblorosa y preguntó: ¿Viste a Joaquín?
El hombre con la voz quebrada, le dijo: lo vi hoy en la madrugada, se rompió el timón de Juan; él trataba de llegar para ayudarlo, luego no lo volví a encontrar. Murmurando unas palabras de agradecimiento, se alejó, parándose con la mirada perdida en el mar, rogó que estuviera bien. Tomó conciencia que en el tiempo que compartieran, su afecto por Joaquín se había transformado en algo más intenso. ¿Es posible que ahora, cuando descubriera el amor ansiado, la naturaleza lo arrancara de su lado?
La gente seguía esperando, los vehículos se cruzaban llevando y trayendo noticias, pero ella no escuchaba, lloraba sin parar con el rostro vuelto hacia el horizonte. Hasta que sintió unas manos que la tomaban fuertemente de los hombros y la ronca voz tan conocida -¿Qué estás haciendo aquí? Helena giró y colgándose de su cuello comenzó a sollozar, sin responder nada.
¿Lloras por mí? ¿Tuviste miedo por mi? - Le preguntaba sin pausa mientras la abrazaba pegándola contra su pecho todavía húmedo.
-Preferí no volver a esta cala, ayudé a Juan, y nos dirigimos a un puerto seguro, algunos kilómetros más alejado pero fuera de la zona de tormenta. Tomó con sus ásperas manos la barbilla de la joven e inclinándose, la besó suavemente en los labios, hasta que Helena respondió al llamado de sus sentidos y el tierno beso se convirtió en un grito de gloria largamente esperado por ambos.
Aun recuerda cuando llamó a la familia, para avisar que se quedaría a vivir allí, lejos de la ciudad. Uno de sus hermanos, tomó las riendas de los negocios; era lo suficientemente maduro para hacerlo y la carrera que estudiara le había dado la formación adecuada.
Ha pasado el tiempo, ella está más quemada por el sol y camina descalza en la terraza de la casa, mientras prepara el desayuno. El chiquillo de pelo rojizo, juguetea a pocos pasos, le sonríe con ternura. Helena espera el regreso de su hombre. Ya nada queda de la dura ejecutiva de antaño, tan solo es una mujer enamorada. La mujer de un simple pescador de pueblo.

Magui Montero

Nota: Dedicado con especial afecto a Rosa y Francisco propietarios del Complejo Cabañas Nenita - Guanaqueros - Chile.
Las fotografías que ilustran el cuento fueron tomadas en la localidad de Guanaqueros - Chile

lunes 6 de octubre de 2008

SUEÑOS DE FUTURO

Polvaredal, tierra reseca, verano ardiente. Caminos desdibujados por la sequía, el viento levanta polvo semejando niebla pardusca y oscurece las hojas de garabatos y yuyales. Algunos algarrobos resisten a la dura naturaleza, esperan volverse leña para los hogares, aplacar con sus frutos el hambre del pobre y ofrecen sus ramas, cual brazos extendidos, para dar generosa sombra.
En medio de la nada, surgen aquí y allá los techos de ranchos, humildes casitas de nuestro monte, cobijo de los campesinos de piel curtida y reseca, de manos duras, forjadas a golpes de hacha; de mujeres valientes que pelean por la subsistencia de sus hijos. Acostumbrados a la lucha diaria por tener un trozo de pan, elevan su voz al cielo pidiendo agua, ansían un mejor camino en el intento de llegar hasta el pueblo más próximo.
Paridos por la misma tierra, con la esperanza latente, buscan su vida. Hijos de igual esencia; siguen ahí, en el mundo que los vio despertar, férreamente empecinados en crecer, limpios de mezquindades, ofrecen lo poco que tienen a quien se asoma a conocerlos; demuestran que su riqueza es grande, pues la tienen en el alma.
No poseen ojos tristes, guardan el brillo de la inocencia y la fe en que hay alguien que piensa en ellos, el don de creer que existen personas con el corazón abierto y las manos pródigas, no para las dádivas; sino para enseñarles que el trabajo honrado abre el camino hacia un futuro hermoso y cierto. Ser humilde no es sinónimo de vivir vencido; la riqueza es algo que se construye unidos, para la felicidad de nuestro prójimo y la propia. Saben que hay hermanos dispuestos a brindarse por enteros; extendiéndoles las manos, para levantarlos de su postración.
El agua y la tierra son fecundas. El futuro está aquí, depende de los pasos que demos, sin peleas, pacientemente aferrados en cada instante a la lucha de la vida, que no debemos abandonar. Trabajar codo a codo, haciendo las cosas bien, con el esfuerzo unido a la honradez.
Esa es la consigna irrenunciable, la impronta de todo un pueblo, confiar en que el mañana está llegando y la certeza de que se irá convirtiendo en una realidad palpable.
Magui Montero

viernes 26 de septiembre de 2008

Tristeza

Partida en dos, resignada,
mascullando mi amargura,
voy buscando una salida
suspirando en la penumbra.

Los ayeres se olvidaron,
el presente ya no importa.
Camino entre las cenizas,
avanzando hacia las sombras.

La desdicha va ganando
su batalla sin cuartel
¡qué difícil es la vida
si el hastío está en la piel!

Disfruta! Camina! Sale!
Me dicen todos sin pausa,
pero las ganas se pierden,
cuando se va la esperanza.

Es difícil de entender,
si no sabes en verdad,
interpretar la tristeza
del que vive en soledad.
Magui Montero
NOTA: Imagen extraida de internet. Título: soledad y tristeza by Magdalena

martes 23 de septiembre de 2008

El Poeta

Sentimientos arraigados,
amor, erotismo, cismas
o solo un paisaje pleno
hacen brotar en su esencia
el vuelo fecundo creador de líneas
versos de intenso latido
Escucha, percibe, se queja, ironiza
Dejando el alma desnuda
Entre el papel y la tinta.

Va hilvanando las palabras
cual ofrenda en filigrana,
y teje guirnaldas escritas,
de ilusiones que desangran,
muchas veces contenidas.
La poesía brota intensa,
arde con flama dolida,
enciende versos fastuosos,
o solo gime escondida.

¿Qué tiene el poeta adentro?
¿Quién puede entender su prisa,
por explicar lo que siente,
sin tapujos que resistan?

Tal vez es fuego del alma,
o tiempo de golondrinas,
vertiendo luz en lo opaco,
desmadrando las sonrisas,
retando a muerte lo vacuo,
cuando ensalzando eternizan,
todo lo puro y lo noble,
que guarda un poema en su rima.

Magui Montero
NOTA: "El poeta y la musa" de Auguste Rodin, escultor francés (1840-1917) fotografía extraida de internet

sábado 20 de septiembre de 2008

Si pudiesen verlo

Descarnada, isabelina,
se yergue mi estampa sola
Como un infranqueable claustro
de gozo mi alma desborda.

La risa yace olvidada
crisol de niñez perdida
La vejez no viene sola
escucho amarga y dolida.

¡Ah, si pudiesen verlo!
Si tan solo me atreviese
a decir este secreto
guardado bajo canceles.

Que aquel hermoso muchacho
que se disputan las lobas,
fuerte, noble y educado
espera siempre en las sombras
Clamando un poco de amor
que a mí en reserva me sobra.

Pero no deben saberlo
el gozo es para mi sola
Ese perfume tan fino
lo disfruto sin las normas
y lo mantengo en resguardo
¡no importan chanzas y bromas!

…Que me crean casi loca
…que de vivir yo me olvido
…que con el pasar del tiempo
tengo libido dormido.

¡Ah si pudiesen verlo!
Si tan solo me atreviese
A decirles que ese hombre
Solo a mí me pertenece.
Magui Montero
NOTA: Imagen extraida de internet

martes 16 de septiembre de 2008

El encuentro

Que mácula en el prestigio
puso tamaño incidente!!
Si supieran los que opinan
que fue solo un accidente…

Pasabas por la vereda
buscando no sé que cosa
Y de pronto en un segundo
tropezaste con mi sombra

Azaroso es el destino
que te puso así, de frente
y con solo una mirada
dejaste fuego candente

Independiente y segura
yo le esquivaba a la vida
Era cuestión de complejos?
O timidez escondida?

Y tú con esa mirada
que es un candil si me toca
Irrumpes en mi armonía
aumentando la zozobra.

Crece el fuego de mis ansias,
brasa ardiente son mis labios,
Suspiro por unos besos
y me muero por tus brazos.

Ese lazo que nos une
en silenciosa cadencia
va creciendo con el tiempo
mesurando mi impaciencia

Soltero y muy disputado
prestigio también te sobra
estás golpeando la puerta
mi cuerpo espera y te nombra
Magui Montero

NOTA: Imagen extraída de internet

miércoles 10 de septiembre de 2008

SABER BAILAR

Siempre sucede lo mismo. No sé porqué, cuando es día no laborable y me acurruco en la cama demorando el momento de levantarme en mi pequeño departamento, extraño la casa paterna, grande, luminosa, como cuando éramos niños.
De un salto me levanto a bañarme, presurosa acomodo un poco y parto. Compro cosas en el supermercado de la esquina, sigo camino; tengo urgencia, quiero ver a mis viejos.
- Hola!! Me acordé que no viene la empleada, hoy cocino yo…
Se ríen festejan mi ocurrencia, y revolotean como chicos mientras irrumpo en el santuario de mi “mamma”…la cocina.
El aroma a tuco lo invade todo, mientras ella me alcanza unos mates, va y viene con pasos cortos husmeando lo que hago y papá lee el diario.
Tiendo la mesa, nos sentamos a disfrutar de la pasta, el vino tinto y la charla, con música de tango que llega de la radio.
La conversación fluye naturalmente, se iluminan sus ojos cansados recordando anécdotas juveniles y travesuras de los nietos. Suelto carcajadas y comentarios, pero no dejo de observar los rostros con marcas que el tiempo fue registrando en la piel de los dos ancianos. La historia vivida en común, sonrisas de felicidad y lágrimas vertidas por los golpes de la vida quedaron plasmadas allí. Rememoro la niñez.
Ambos eran jóvenes, fuertes, con la mente y el corazón puestos en proyectos de futuro. Puedo ver claramente mi pequeña imagen corriendo hacia papá cuando abría los brazos diciendo “Venga la novia del papilo a bailar conmigo!” y mamá seguía el juego colocándome en el pelo su tocado de novia –que aun guarda en una caja- para que mi padre me hiciera girar por el patio al ritmo de un tradicional vals vienés.
Después ya no me alzaba; solo murmuraba despacito el uno, dos, tres, cuatro… un giro, una quebrada. -¡Que lindo! Ya bailas tango como tu mamá. Luego fueron pasodobles y milongas. Con mi madre aprendí chacareras, escondidos, gatos y otros ritmos folclóricos. Era un juego donde me enseñaron a amar las danzas tradicionales. –Una santiagueña tiene que saber al menos bailar chacarera –decían. Y así fui aprendiendo; con la ternura que los padres ponen en cada cosa que enseñan a sus hijos.
Ahora, cuando el peso de los años los obliga a caminar lento, aun disfrutan de la música como dos adolescentes.
En la sobremesa enciendo un cigarrillo para acompañar el humeante y sabroso café negro. Los miro y por fin me atrevo…
- Papá ¿Bailamos un tango?
- ¡Pero hija! Ahora ya me canso, mis rodillas no son las de antes.
- Dale, solo un poquito, mirá la mami también quiere!
Me toma por el talle, se para erguido; se escucha rotundo el ritmo del dos por cuatro, sonríe cuando apoya su rostro contra mí, mientras mamá nos mira arrobada. Hago algunos pasos, giro y digo – Vieja, vení… quiero verlos bailar.
Él la abraza aferrándola contra su pecho y lentamente comienzan a deslizarse cadenciosamente.
El almanaque parece saltar hacia atrás, mientras desde la radio se escucha a Alberto Castillo cantando “Así se baila el Tango”…

Magui Montero
NOTA: Imagen extraida de internet

domingo 7 de septiembre de 2008

Soy

Soy apenas brisa suave
besando un río de llanura,
viento fuerte de montaña
cabalgando con bravura,
torbellino avasallante
encaramada en tus olas,
huracán que se somete
con frenesí en pocas horas.
Magui Montero
NOTA: Imagen extraída de internet

sábado 6 de septiembre de 2008

GLOBALIZACION, ROBOS E INSEGURIDAD

He escuchado y leído muchísimo de los avances tecnológicos y las maravillas de la globalización, pero para quienes no tenemos los conocimientos de metodología o elementos necesarios para protegernos de delincuentes y piratas informáticos; todo lo bueno es solo una utopía.
Creo que muchas personas cuentan actualmente con teléfono fijo, celular, computadora o televisión por cable. Hay una alta probabilidad de poseer al menos uno de estos elementos de “confort”. Indudablemente esto ayuda y agiliza las comunicaciones. Conocemos noticias, nos informamos de sucesos ocurridos en cualquier lugar del mundo, etcétera; pero al mismo tiempo ha aumentado el riesgo dentro de los hogares que tienen esa posibilidad.
Actualmente, los niños caen en redes de personas enfermas por distorsiones de su sexualidad, aprovechándose de la ingenuidad; las mujeres somos sometidas a extorsión, o amenazadas. Nuestro derecho a sostener conversaciones privadas o escribir mails en la intimidad son coartadas. ¿Por qué? Porque hay locos y delincuentes en cualquier parte del planeta, que están un paso delante de nosotros. Los Organismos que deben protegernos de estas situaciones, no nos escuchan o se divierten a expensas nuestras, suponiendo que es una exageración o que imaginamos cosas.
El dinero ya no está a salvo aun dentro de una entidad bancaria, pues se realizan estafas violando sistemas de seguridad. Se hacen reemplazos de identidad; no cuentas con la certeza de sostener un diálogo con alguien que es quien dice ser. Se roban segundos de conversación que pagas para usar tu móvil, se envían o reciben mensajes en tu nombre, usan tu número o te conviertes en receptor de imágenes no deseadas. Graban conversaciones telefónicas y pueden observar lo que guardas dentro de tu pc, (que tiene esas dos letras porque “supuestamente” es una personal computer)
Entonces, ¿En qué o en quién creer? ¿Debemos volver al siglo XIX? ¿Es preferible una carta enviada por correo aunque tarde mucho más tiempo; pero tiene menos riesgo? ¿Dónde estamos parados? ¿Qué nos asegura una protección mínima? No deseo ser obsesiva, ni me niego a reconocer todo lo bueno que se ha conseguido con los últimos avances de esta ciencia. Es verdad que las investigaciones en el campo médico; el compartir descubrimientos dentro del mundo científico nos está ayudando muchísimo, contribuyendo al mejoramiento de las condiciones sanitarias y sociales; pero…
¿Qué sucede con los delincuentes que tienen un teléfono celular con acceso a Internet, o aún dentro de las cárceles, pueden usar una computadora? ¿Alguien se ocupa de monitorear o llevar un registro de la salud mental de quienes tienen acceso a la informática?
Tengo muchísimas preguntas y aun no obtengo respuestas. Cómo me aseguro que lo escrito no será robado o usado aunque sea en parte, para la construcción de artículos, manipulado y distorsionado? ¿Quién garantiza que las tareas habituales de un usuario de Internet, no sufrirá modificación de datos o pérdida del material en que trabaja? ¿Quién da la certeza que las fotografías propias o del grupo familiar que se envían a alguien de confianza o colocas en tu página de Internet no serán utilizadas con otros fines? ¿Cómo se tiene certeza de que el número de identidad o la clave de seguridad no son usurpados?
Es evidente que desde que el sistema de conexión remota, láser y otras innovaciones tecnológicas ha irrumpido en nuestras vidas, las ha modificado sustancialmente, acercándonos increíblemente con seres de diferentes lugares del planeta; pero individuos con perversidad y malas intenciones ha existido siempre, lo lamentable es que la tecnología en lugar de librarnos de estos seres hipócritas y llenos de bajezas, ha contribuido simultáneamente al incremento del delito organizado, bajo características diferentes.
…Y lo más penoso aun es que las personas comunes, nos veamos afectados por este tipo de alimañas que azotan el universo en todos los sectores.

Magui Montero
NOTA: Imagen extraída de internet

lunes 1 de septiembre de 2008

La tormenta

Señales transitan el cielo nuboso
Serpientes furiosas reptantes que caen,
Vuelan, se retuercen, emiten bramidos,
Despiertan del sueño gárgolas que saben.

Viene la tormenta se respira el aire
Eolo gimiente en su boca la trae,
lanza refucilos, retumba los parches,
árboles que ondulan sus brazos de encaje.

La tierra sedienta grita por su oprobio
El campo aquietado se encuentra expectante
Tintineantes gotas calman el agobio
Cantan las acequias, la lluvia se abate.

Corceles salvajes galopan al viento
Inundan las pozas estrellas brillantes
Cortinas de plata se mecen sedosas
Y juegan en charcos mojando el paisaje.

Magui Montero

NOTA: Imagen extraída de internet. Nombre de la fotografia "tormenta en el campo_3"

martes 26 de agosto de 2008

Callejera

Atrevida y orgullosa,
lujosamente ataviada,
el pelo lánguido cae,
cual si fuese una cascada.

Sus pasos son de felino,
la figura es agraciada.
Sonríe con insolencia,
si le clavan la mirada.

La boca es fresa madura
Que se brinda con descaro
Contornea las caderas
Bajo el vestido ajustado.

Los hombres la compran caro,
Ella esconde su desprecio
Y se ríe a carcajadas
Si le discuten el precio

Nadie sabe aquel secreto
de angustia, miseria y rabia
cuando pasea por las calles
asqueada de piel prestada.

Ha transcurrido la noche,
la prostituta descansa.
En la casa un niño duerme
y su inocencia la cambia.


Magui Montero
NOTA: la imagen que ilustra esta poesía fue extraida de internet



viernes 22 de agosto de 2008

NUESTRA ESTRELLA

Recordar, recordar… parece que fue hoy…
Siempre lo mismo!!! Había que pagar derecho de piso… Por fin había encontrado un trabajo razonablemente remunerado, pero tan lejos de la familia!!!
Desde hace varios meses que estaba en esta ciudad y me había resignado a no tener vacaciones. La Nochebuena hice guardia en el Sanatorio de 22,00 a 6,00 horas. ¿¿Y ahora?? ¿Que hago?? Sola.. ¡¡Ni loca pasaría el Año Nuevo brindando frente al televisor, y mirando el minúsculo arbolito de Navidad parpadear desde la mesita rinconera!
¡Ya sé! Me regalaré una noche distinta. Reservaré mesa en un lujoso restaurante con espectáculo, al menos estaré rodeada de gente, habrá música, cenaré bien… y todo será menos deprimente.
Y llegó el día 31 de diciembre… Listo!! Salí del trabajo, estoy desocupada. En unos minutos vendrá a buscarme el remisse. Miro por última vez la imagen que me devuelve el espejo. Si, este vestido de fiesta que me puse era el adecuado. Sugerente, marcaba un poco la figura y dejaba ver lo necesario. El maquillaje hizo su tarea y mis ojos resaltan y parecen más brillantes; un toque de perfume detrás de las orejas y en el nacimiento de los senos.
Ja ja, ja!! Estoy loca! Me preparé como si fuera a una cita de amor… pero me siento mejor, estoy bien!! … gastaré parte del aguinaldo; si no tengo vacaciones, al menos tendré la ilusión de que me sobra el dinero… Una noche como La Cenicienta.
Suena el timbre y me saca de los pensamientos, es el chofer… - Ya bajo!!!
Aquí estoy, todo es como lo había pensado; hermosa decoración, gente bulliciosa, buena música. Me siento una “Lady”, mientras saboreo el sorbo de champaña frío, con la copa en la mano, aprovecho para mirar a mi alrededor.
¡Qué tipazo el de la mesa cercana al jardín, y está solo! ¡Uy!! ¡Se dio cuenta que lo observaba! Está mirando y viene hacia aquí. ¡Qué papelón! ¡Glup!!
- Perdón por el atrevimiento, pero veo que está sola. ¿No quiere compartir la mesa y cenar conmigo? No piense nada extraño, las circunstancias me obligan a pasar esta Fiesta también solo, y pienso que a usted le sucede algo similar.
- Hum… bueno… no hay problema, muchas gracias por su ofrecimiento.
¡Que noche maravillosa! Champaña, comida deliciosa, confituras riquísimas… y el mejor regalo: una buena compañía en la cena.
- ¡Feliz Año Nuevo! – musitó en mi oído y me besó en la comisura de los labios, como al descuido. Yo sonreía mientras giraba en sus brazos al ritmo de la música, un poquito mareada por el efecto del alcohol y apoyé mi cabeza en su hombro.
Bailamos casi hasta el amanecer. Cuando la gente comenzó a retirarse, levantó dos copas y la botella de champaña, invitándome a seguirlo.
- ¿Te parece si antes de volver a nuestras vidas, hacemos un brindis a la orilla del río?
- Está bien, es una buena idea… la noche está preciosa.
Acodados en la costanera, mirábamos las luces desdibujándose con el amanecer. La brisa de la madrugada arremolinaba mi cabello y acariciaba su rostro, mientras bebíamos las últimas copas y se iban apagando las estrellas.
- Sabes? Tal vez nunca volvamos a vernos – me dijo luego de besarme apasionadamente – pero, mira esa estrella… estemos donde estemos, piensa que yo también la estoy mirando, no puedo darte más, tengo ataduras. Seré un tonto romántico, pero tampoco te pediré nada, es mejor así… No hay pasado, ni futuro, vivamos el presente; este momento perfecto…
Ha pasado el tiempo. La vorágine de la ciudad está en todo su esplendor, decorada en dorado verde y rojo, por la cercanía de las fiestas. Solo conozco su nombre, nunca lo volví a ver; sin embargo, veo en las noches claras esa estrella, y conservo la ilusión de que en algún lugar, está “él”. Quizás, ciertas veces cuando mira el cielo estrellado, aun se acuerda de mí...
Magui Montero

sábado 16 de agosto de 2008

VOLVER DEL INFIERNO

Dedicado a todos los que luchan por salir de su propio infierno.
Es el momento de hacer una evaluación. Sí, como cada etapa, cuando está cerrando el ciclo del año viejo. Lo que pensaba, iba más allá de lo que podía analizar en cada período que transcurría.
Estaba decidido a desenterrar recuerdos tristes, que venían de antaño; desde la adolescencia. Un período mágico para muchos, aunque en mi caso había significado el inicio de la destrucción. Asados con los compañeros de escuela, salidas a bailar a los lugares de moda, todo parecía esplendoroso!! La fama, de chico “piola”, del que aguantaba un montón tomando alcohol, el que nunca se mareaba, jamás pasaba papelones de quedarse dormido o vomitar, como muchos amigos. Sabía comportarme, y parecía más maduro…
No negaré que veía aflicción en la cara de mis padres, cuando regresaba oliendo a vino o quien sabe que otra mezcla que me permitía ingerir. Las palabras repetidas, recomendaciones y hasta amenazas veladas, se reiteraban. Yo sonreía con suficiencia. Por supuesto!! Todavía tenían creencias de la enseñanza antigua, pero me sabía lo suficientemente adulto para controlarme.
Entré a trabajar en una fábrica, donde conocí a la mujer de la que me enamoré. Hermosa, dulce, con trinos de pájaro en la voz; sin embargo, y a pesar de todo lo que me daba, yo escapaba, cada vez con mayor frecuencia, con los amigos de la noche, en busca de placeres; marginalidad que trataba de esconder tras mentiras cada vez menos convincentes. Ella fue apagando su brillante mirada, tras los párpados caídos y su cabeza inclinada, cada ver que mi regreso tambaleante la acechaba.
Pasó el tiempo, la redondez de su vientre fertilizado desapareció tras la llegada de nuestro hijo.
Los silencios elocuentes cada vez que la cacheteaba sin un porqué al término de mis bacanales, fueron creando un abismo mayor, hasta que se esfumó de mi lado, tan silenciosamente como había permanecido, llevándose con ella al niño. En mi egoísmo, terminé por convencerme que no me amaba, que se había cansado y era una desagradecida!
Como una película de imágenes vertiginosas, mi vida pasaba en recuerdos hilvanados poco a poco. Tuve problemas en el trabajo, y terminaron por cancelarme el contrato, “solo” porque algunas veces llegaba más tarde de lo habitual; exagerada medida - conforme a mi criterio - pues no se tuvo en cuenta mis largos años en la empresa,
Empecé a malvender muebles de la casa, que no consideraba imprescindibles, para seguirme manteniendo. Había días en que me quedaba en la cama mirando hacia el techo, sin ganas de comer. Los amigos que encontraba accidentalmente rehuían de mi presencia, aunque siempre me daban unos pesos para que tuviese con que alimentarme. Hallaba en sus ojos tristeza, donde antes percibiese la admiración.
La mala suerte, parecía perseguirme. Cada momento sentía que la vorágine de las circunstancias me iba tragando. Una noche, me tiré en el revoltijo de sábanas y frazadas, casi inconsciente luego de haber gastado las últimas monedas en alcohol. Tenía una poco clara imagen de la expresión de aprensión del quiosquero cuando puso en una botella vacía, un resto de vino, pues no alcanzaba para más y la tapó con un corcho viejo…
No recuerdo cuanto tiempo pasó… abrí los ojos, y desde la cama, intenté alcanzar la botella. Estaba despierto, acuciado por el deseo, me dolía el estómago, la sed corroía por dentro. Miré mis manos, temblaban descontroladamente, sabía que debía beber un solo sorbo para que todo se calmara. Me estiré, tomé la botella sucia de tierra, quería destaparla. No tenía fuerzas para sacar el corcho, y una terrible ira se apoderó de mí. Golpeé el pico contra el piso hasta que se quebró. Lo llevé con avidez hacia la boca, y un dolor quemante surgió en mis labios. Sangre y vino, vino y sangre.
Asustado, estrellé la botella en la pared y quedé quieto mientras sentía deslizarse por la comisura el tibio líquido que provenía de mi cuerpo. Ese fue el momento en que enfrenté la realidad. Temblaba, aterrorizado por lo que me golpeaba como un mazazo! Tomé conciencia. Ese no era yo, era un títere que se había dejado tragar por las oscuras fuerzas de la tentación y había perdido todo… Necesitaba ayuda, aunque no sabía si alguien me la daría, estaba enfermo; enfermo de cuerpo y alma. Miré los restos de lo que fuera mi hogar. Mugre maloliente lo cubría todo, sillas caídas, ropas por doquier.
Me arrastré hasta el baño; el reflejo de un ser desconocido, barbudo, pelo enmarañado, ojos inyectados en sangre, miraba desde el espejo. El dolor quemante del estómago se agudizaba, pero no le hice caso. Abrí la ducha y me metí debajo. No sé que sucedió, necesitaba sentirme limpio. Me bañé, afeité, salí desnudo chorreando agua, limpie los restos miserables que me rodeaban. Lavé platos y saqué las sábanas de la cama. Era un fantasma, apenas la sombra del hombre que recordaba haber sido.
Tiraba papeles y diarios viejos, hasta que tropecé con un panfleto que alguien había olvidado quien sabe cuando en la mesa. Decía Alcohólicos Anónimos y una dirección. Miré el reloj de la cocina, que milagrosamente funcionaba aun. Faltaba media hora para el inicio de esa reunión… ¿Habría alguien que hubiese pasado por situaciones como la mía? ¿Me entenderían, o juzgarían y despreciarían por lo que había hecho? No lo sabía, pero debía terminar con esto, y no tenía donde más recurrir. Mis padres hacía muchos años que estaban muertos; a mi mujer y mi hijo los había perdido, los amigos se esfumaron por los resquicios de mis errores.
Me encaminé hacia el lugar indicado; temblaba de miedo y vergüenza. Cada paso que daba aguijones de dolor me acuchillaban en el vientre, y la sed seguía creciendo dentro de mí. La puerta estaba entreabierta, sillas de madera puestas en fila y una veintena de personas sentadas, de todas las edades y ambos sexos. Un hombre viejo les hablaba, cuando reparó en mi llegada. Caminó a mi encuentro, mientras tendía su mano y dijo: “bienvenido, hermano”.
Ha pasado más de un año. He aprendido que soy un enfermo… que debo saber vivir con mis miedos. He tropezado, caí, pero supe levantarme y continuar. Conocí seres con historias de vida peores que la mía y hoy son personas que apuestan al futuro. Ahora nuevamente trabajo, tengo un hogar humilde y decente.
En las mañanas no pienso en pasar todo el día sin beber, me enseñaron a ponerme pautas de: solo la próxima hora; y el día transcurre en la sucesión de horas con esa meta. Para darme fuerzas y no caer en la tentación rezo mentalmente la consigna que aprendí con mis nuevos amigos; los que comprendieron y supieron ponerme el hombro, porque también volvieron del infierno. La llaman “Oración de la Serenidad”, son palabras de San Francisco de Asís. “Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; valor para cambiar aquellas que puedo y sabiduría para reconocer la diferencia.”
Esta noche se celebra la llegada del Año Nuevo. No estoy solo, siento el cálido abrazo fraterno de alguien que como yo es un enfermo, y convivimos con ello. Levanto mi copa para el brindis, tiene jugo de naranjas. Jamás algo fue tan dulce! Ha transcurrido una hora más; y aun estoy sobrio.


Magui Montero

NOTA: Imagen extraída de internet

miércoles 13 de agosto de 2008

ELEGIA PARA UN SUICIDIO FRUSTRADO

A mi amigo John Médico Salcedo

Pensar… analizar y decidir…
Tanto tiempo erguida! Diferentes razones fisuraron la pétrea estampa que la gente veía, sin percibir que se trataba de una fachada creada a tal efecto; pero la obra teatral estaba llegando al final, la urdiembre que lograra tejer Silvia, ahora mostraba sus agujeros aquí y allá. Marcas de resentimiento silencioso, dolor, rencores escondidos y soledad habían hecho mella.
Del mismo modo, sabía, porque no era tonta, que existían hechos que estaba en condiciones de catalogar o juzgarlos como “sus triunfos”. Más bien eran pequeñas conquistas y satisfacciones personales, que quizás hubiesen pasado desapercibidas tanto para allegados como gente extraña, pero significaban nutrir el ego con la dosis necesaria de esa droga que alimenta la estupidez del orgullo humano, aunque personalmente, no se llamaba al engaño.
Luego de meditar la situación a la luz de una crisis por la que pasaba, decidió que su vida no era necesaria; poco y nada su presencia – o ausencia – modificaría o afectaría la vida de otros. Cada uno construía el propio camino como mejor lo consideraba, o como podía… quizás incluso, estaba en condiciones de solucionar muchos inconvenientes si simplemente se esfumaba de la vida terrenal, y por fin acabaría todo. No más problemas ni molestar a nadie. No demostrar a diario que era una mujer que trataba de hacer las cosas bien y honradamente; - o al menos nunca se enteraría de los comentarios mal intencionados y de las elucubraciones de aquellos que conseguían trepar sobre los restos del decente – estaba diciendo basta!! De la mejor forma que se le ocurría; si no podía ser feliz, al menos conseguiría que los que estaban detrás de si lo fueran, o eso era lo que intentaba…
Y lo decidió…, tranquila, muy tranquila después de largo tiempo. Escribió dos cartas, donde explicaba razones, dejaba paz sobre la conciencia de aquellos que le importaban. Se bañó y perfumó, eligió un lindo camisón, llevó las cápsulas y la botella de whisky con el vaso, que acomodó cuidadosamente en la mesa de luz.
Miró la hora, era demasiado temprano, alguien podría llamar o golpear la puerta y sospecharía que las cosas no estaban bien; mejor esperar el momento de dormir…
Encendió la computadora y puso música suave. María Marta Serra Lima le regalaba “A mi manera”, tema que le trajo recuerdos, pero los desechó de inmediato. Sin embargo las palabras también reflejaban su historia.
Finalmente, decidió curiosear en Internet, dejar que transcurrieran los minutos. Las caritas de los contactos estaban grisadas, dormidas, nadie conectado… y aun faltaba media hora para la medianoche. Estaba por apagarla cuando una de ellas se coloreó de anaranjado y sonrió…
A un lado del icono se leía “Andree - Deco” y se esforzó por recordar de quién se trataba. Buscó por un momento en su memoria. Era un tímido jovencito del Perú con el que conversaba algunos días, le gustaba jugar fútbol y estaba enamorado de una chica de Buenos Aires.
Cliqueó sobre la imagen y le dijo hola! De inmediato, él respondió y hablaron un rato: también estaba triste por algún motivo.
Cuando puso nuevamente los ojos sobre el reloj, marcaba las 00,30 a.m. y se despidió de Deco.
- Hasta mañana, amiga.
- Adiós Deco.
- ¿Cómo adiós?? No entrarás mañana?
- No, no entraré.
- Espera… que pasa?
- Nada, no sucede nada, adiós.
Silvia apagó la computadora, y se fue a la cama, sacó las píldoras del blister, y las ordenó prolijamente. Puso la bebida de ambarino color en el vaso, se sentó en la cama y apagó la luz. La luna daba un tenue color celeste a la habitación cubriéndola de paz, cuando tomó las primeras dos cápsulas y un sorbo de la bebida. Respiró hondo, tenía tiempo… lo iría haciendo poco a poco. Levantó otras dos cápsulas, cuando el sonido del teléfono la sobresaltó.
¿Qué sucedía? ¿quién podía ser? A esta hora solo la llamarían si hubiese algún problema… Levantó el tubo,…sonido de ocupado. Seguramente alguien se había equivocado de número; pero nuevamente sonó…
- Hola, quien habla?
- Soy yo, Deco. No lo hagas amiga!! Sé lo que estás intentando, te lo ruego no lo hagas!
La sorpresa la dejó callada un instante, mientras pensaba… como podía saber el número? ¿Cómo intuía lo que intentaba hacer? ¿Por qué se había comunicado con ella?
El muchacho no dejaba de hablar, decía que debía seguir adelante, que la vida era bonita y no importaba lo que tuviera que afrontar. Las palabras le salían a borbotones, trataba de calmarla y darle fuerzas. Conversaron durante muchos minutos, hasta que le arrancó una promesa…
- Quédate tranquilo, no lo haré. Mañana conversaremos. Gracias por tus palabras, yo también te quiero mucho, amigo…
Ha pasado el tiempo, Silvia sigue fluctuando entre buenos y malos instantes, pero este incidente le dejó una enseñanza…
Nadie está tan solo como para que no le importes a alguien, todos tienen momentos difíciles. La vida es un largo y escabroso sendero, pero siempre merece la pena transitarlo (*).
Si no quedan esperanzas, fe y sueños, igualmente hay motivos para seguir; aunque más no sea tenderle una mano al amigo, a ese que en algún instante puede estar dirigiéndose hacia el abismo; lugar del que ella pudo escapar, porque hubo quién la volviera al camino.

(*) “La vida tiene sentido y vale la pena siempre de ser vivida” Víctor E. Frankl
NOTA: La imagen que ilustra el cuento fue extraída de internet

Magui Montero

miércoles 6 de agosto de 2008

ARRANCARSE EL CORAZÓN

Ya estaba hecho. Todos los momentos felices y los recuerdos bonitos, los había destruido en un solo instante que no duró más de veinte minutos.
Ahora estaba satisfecha. Se había arrancado el corazón de un solo tirón y en el lugar quedaba un cuenco vacío.
Rondaban en su cabeza los versos de aquel viejo tema “ódiame” que reflejaban palmariamente lo que su sensibilidad gritaba “…odio quiero más que indiferencia, porque el rencor hiere menos que el olvido.” Simplemente había precipitado los acontecimientos.
Pertenecían a mundos distintos, ciudades diferentes y el azar los reunió enlazando de forma extraña sus vidas. Desde que se enamoraron, se habían amado durante casi dos años y la distancia solo lograba acrecentar los sentimientos que tenía por ese hombre-niño. El amor los desbordaba en los pocos días en que podían encontrarse y cada separación significaba un nuevo suplicio para ambos. Luis fue el bálsamo que curara su maltrecho espíritu en los días más difíciles que le tocó atravesar. Tan dulce, protector; con algunos miedos, pero inmensamente maduro en la plenitud de su juventud.
Ella? Exactamente al revés; terca, orgullosa, aunque igualmente temerosa de lo que la obligada lejanía física, pudiese hacer con ese amor tan extraño y silencioso a causa de las trabas que imponía la diferencia de edad y una despiadada sociedad pueblerina.
El paso del tiempo hizo mella en la soledad de ambos, que habían luchado contra eso. Eliza se volvió absorbente y desconfiada. Luis era joven, su sangre corría demasiado rápido. Finalmente, el amor escapó tras una mujer cercana a él, que le brindaba calor y pasión en el instante que lo deseara, sin esperas ni postergaciones. Sin embargo, internamente necesitaba de su primer amor, como una droga a la que volvía una y otra vez.
La mujer madura lo supo; sin que le dijera una sola palabra, se dio cuenta del cambio. La experiencia que guardaba dentro de sí, le permitía obtener respuestas durante las conversaciones que seguían sosteniendo a través del teléfono, aunque él se obstinara en negarlo y ella se hiciera la desentendida.
Inicialmente Eliza lloró mucho, dolía profundamente; había jurado conservar ese amor, aunque para ello tuviera que esconderse, humillarse o perder su dignidad, pues lo amaba demasiado. Cuando estuvo al borde de la desesperación, en lugar de buscar refugio en sus fuertes brazos y aferrarse a él, optó por viajar muy lejos; necesitaba un poco de paz para aclarar sus pensamientos y tomar una decisión, sin la presión de los llamados telefónicos y la locura de ese sentimiento tan fuerte que rayaba en lo indecente, borrando en ella cualquier viso de decoro o mesura.
Pasó un largo mes… regresó y se encontró nuevamente con frases cálidas y afectuosas, con su requerimiento de siempre, pero ella ya estaba decidida. Trocó la dulzura por acíbar y se comunicó con Luis.
Las palabras duras, hirientes y ofensivas fueron su arma; sabía que él nunca hubiese esperado algo así, pues siempre la relación transcurrió sin problemas.
Quien hablaba no era la mujer que Luis conocía; la agresividad y el sarcasmo en las expresiones sorprendieron y lastimaron profundamente al joven. Optó por retirarse de la conversación anonadado, persuadido de que era distinta a lo que suponía,…había sido un iluso.
Terminado el diálogo, Eliza suspiró; lágrimas amargas surcaban el rostro; pudo lograr hacerlo. Luis la odiaría para siempre… pero construiría su futuro sin lastres; la pesada cadena del amor lejano no estaría poniendo dudas dentro suyo, porque rechazaría su recuerdo.
Eliza, que íntimamente lo quería solo para si, que lo amaba más que a la vida, renunciaba a ese Amor, para que él pudiese ser feliz.
Por propia elección, quedaría como un triste remedo de la mujer de Lot, convertida en estatua de sal; por haberse atrevido a volver la vista hacia donde no debía; por ansiar nutrirse de la juventud de Luis que la había llevado a beberse los vientos como una adolescente. Ahora debía pagar por su osadía; era el precio que la vida le cobraba a cambio de dos años de buen amor.
Cuando se sacó el corazón del pecho, Eliza vio con sorpresa que manaba lentamente, dorada y cristalina miel desde el lugar lacerado en su lado izquierdo. La dulzura de Luis había dejado su huella para siempre, aunque se quedara irremediablemente sola.
Aprendería a vivir así, alimentándose del maravilloso AMOR que permanecería endulzando con su recuerdo, la soledad definitiva de Eliza.

Magui Montero
NOTA: Imagen extraída de internet

domingo 3 de agosto de 2008

Adios

Mordí tus labios jugosos,
con hambre desenfrenada,
y el deseo dejó impronta,
jalándome hacia la nada

Cada encuentro enloquecía,
cada cita desgarraba.
Tenías prohibido quererme
yo te enlodo y tú me manchas.

Me vestiste de ilusiones
y desnudaste mis ansias.
¡Qué fácil te fue tenerme
Que difícil fue tu marcha!

Magui Montero

lunes 21 de julio de 2008

FUI UNA FIERA HASTA AYER

En homenaje a mis amigos, los que me dan diariamente lecciones de fraternidad y amor desinteresado.

Fui animal salvaje, y como tal herí y recibí desgarrones. Lastimé y me desgarraron; aunque a veces me enternecieron las caricias, de igual modo hice daño, porque esa era mi naturaleza bestial.
En otras oportunidades de nada sirvió mi ternura, pues me rasgaron la piel y sangré, pero las laceraciones van cicatrizando, aunque las marcas persistan…
Siempre estuve al acecho tratando de defenderme, cuando me sentí acorralada. Aun no sé como actuar, voy aprendiendo, cometo errores, pero trato de corregirlos, ir por el rumbo correcto; sigo desconfiando de todos, esperando agresiones, sin saber de donde vendrán; pero poco a poco me voy amansando, ya no tiro zarpazos, me contento con esperar. Aguardo, sé que en la cercanía o en la distancia hay caricias, ya no agresión.
Un animal herido es peligroso, eso lo reconozco. La paciencia y el afecto mientras sana, es importante; el cariño surge poco a poco, lentamente se transforma en un amor distinto, un sentimiento más profundo.
No hay mayor fidelidad que la del animal salvaje, hacia quien le brindó protección, lo curó y le enseñó a vivir diferente. No extraño el entorno selvático, aprendí a trocar brutalidad por un sentimiento menos excitante, pero mucho más intenso y duradero, la AMISTAD.
Doy las gracias a quienes son mis amigos y me enseñaron que es posible confiar.

Magui Montero

DESAMOR

Sangrando de dolor el alma desnuda
despechada corre el miedo en las mañanas
y camina susurrando quejas mudas
escondiendo lo que guarda en las entrañas.

Buscaba al despertarse cálidas sonrisas,
encontraba siempre miradas hurañas
¿acaso es desamor con su gélida brisa?
O ella fue culpable de ser tan extraña?

La vida pintaba, cual prado florido
colores brillantes, jolgorio y canciones,
ahora trocó a gris y desvaído
quizás son los años, quizá otras razones.

Observó su rostro, y está distraído
¿Qué quedó del joven de mirada ardiente,
por el cual cien veces se hubiese perdido?
¿Qué fue de sus besos, su aliento candente?

Tan solo conversa, cuando tiene ganas,
un beso obligado que le da en la cama…
Por noches enteras, lo abrazó aterrada,
tratando volviese a brotar la flama.

No es cuestión de sexo, ni emociones fuertes
solo ansiaba al hombre que fue su elegido
ese que aun comparte su vida y su suerte,
aquel que fue amor, y ahora es enemigo.


Magui Montero

martes 15 de julio de 2008

EXQUISITA LUJURIA

Los susurros estremecen la piel afiebrada
y roces de labios hambrientos
discurren palabras calladas.

Cuerpos enlazados en vital abrazo
reniegan del candor, ensalzan la lujuria
con sonidos guturales y gemidos ahogados.

En el fragor de la batalla diastólica
la espada presta, busca carne ansiada,
torbellino sublime de golpes y estocadas,
revoltijo incomprensible de piernas enredadas
suspiros y caricias largo tiempo anheladas.

Acompasado galope erótico marcan
los senos rotundos como tambores vibrantes
una mujer liberada sacude cabellos al viento,
amazona nocturna ebria de amor y deseo
cabalgando el potro loco de la ilusión y los sueños.

Magui Montero

lunes 14 de julio de 2008

CELOS

Ramiro estaba con los labios apretados, los surcos de sus mejillas semejaban dos paréntesis circundando la boca, los ojos se habían convertido en dos ranuras pero aun así se podía notar el brillo afiebrado de la mirada.
Dorita, había renunciado a todo lo que significaba ataduras de su vida anterior. Dejó el pueblo y la familia para irse con él; las comodidades que le permitieran sus buenos ingresos, los había trocado por el amor a lado de ese hombre, que tenía un humilde empleo. Les alcanzaba para vivir con lo imprescindible; a ella no le importaba, no se quejaba, era feliz.
Ramiro veía la aflicción reflejada en el rostro de su amada desde hacía un tiempo; cuando servía la comida o conversaban, escondía la cara y evitaba mirarlo.
Los feroces celos se fueron clavando cual espinas dolorosas en lo profundo del joven, más aun pensando que todas las noches la dejaba sola para ir a trabajar como sereno de una empresa. Imaginaba que quizás hubiese conocido a otro; tal vez cansada de esa vida simple, habríase reencontrado con los amigos de antes, cuando no le faltaba nada.
Cansado de hacer conjeturas, un día pidió permiso, alegando dolor de estómago y regresó rumbo a la humilde casita que compartía con Dora. No llegó, quedó en la esquina esperando; algo le decía que esa noche sabría la verdad.
Pasó más de media hora, ya estaba por abandonar su idea, cuando la vio salir con un abrigo impermeable negro; la capucha le cubría el cabello ensortijado, alcanzó a distinguir los jeans y las zapatillas blancas, llevaba un paquete que apretaba en los brazos.
Estaba lloviznando, el empedrado sacaba ecos mortecinos del rápido andar. Ramiro trataba de mantenerse a la distancia, pero sin perderla de vista. Quizás iba a encontrarse con un amante y llevase ese hermoso conjunto de encaje que guardaba para las noches que él descansaba y ella se convertía en una gata sensual. Tal vez otro hombre tocaría esa suave piel y despertara su ardiente temperamento como cuando estaban juntos.
A medida que transcurrían los minutos, mientras la seguía, la rabia fue encegueciéndolo. Dora giró repentinamente en una calleja angosta, su andar fue haciéndose más lento, mientras Ramiro apresuraba el paso hasta alcanzarla justo cuando posaba la mano en un picaporte.
Allí debía estar ese maldito hombre con quien su mujer se revolcaba cada vez que iba a trabajar para traer el jornal!! Sin pensarlo dos veces, sacó el cortaplumas que llevaba apretado dentro del bolsillo, la llamó y alcanzó a ver la mirada sorprendida. Dora abrió la boca para decir algo, pero las palabras fueron ahogadas por un borbotón de sangre, cuando hundió el arma en su pecho.
Ahora acabaría también con ese ricachón que seguramente la estaba esperando!
Abrió la puerta, y encontró una mujer sentada hamacándose con las piernas cubiertas con una frazada. Rosa le sonrió, el fuego de la chimenea marcaba más aun las ojeras oscuras.
– Hola Ramiro – dijo – te conozco porque Dorita me mostró una fotografía donde estaban juntos. ¿Por qué no vino mi ahijada? ¿Acaso se enfermó?
Ramiro sintió que algo le oprimía el pecho, giró la cabeza y miró hacia la puerta entreabierta. Las zapatillas blancas se veían nítidamente con la luz de la calle, destacando los lunares carmesíes de la sangre que las manchaba. La muerte se reía a carcajadas de sus celos infundados.
Magui Montero

jueves 3 de julio de 2008

LA CASA DE NERUDA (II)

Partí rumbo a la última etapa de mi viaje. Había escuchado tantas cosas de Isla Negra!! El amanecer me encontró caminando por las calles silenciosas rumbo a la Terminal de Valparaíso. El viento de la madrugada fría castigaba mi rostro con su hálito marino, mientras la tenue luz rosada del alba pintaba los cerros de claroscuros.
Me arrellané con la nariz pegada al vidrio, tratando de percibir el paisaje que apenas podía divisar, a través del cristal empañado; pero aun las sombras estaban espesas. Sentí la tibieza de unas manos amigas en las mías, infundiéndome parte de su calor y confianza, pero aun así, temblaba…
La emotividad de los últimos días era demasiado perceptible, trataba de mantener la mesura para no ser catalogada de demente. Cada pequeñez que sucedía hacía brotar mis lágrimas, para sorpresa de las personas que me rodeaban. Nadie podía saber lo que por dentro bullía y dolía como una herida quemante. La percepción de sentimientos de tal intensidad me había golpeado íntimamente.
El panorama que observaba, comenzó a definirse a medida que corría el tiempo. El sol tintaba las suaves colinas a los lados de la carretera de un intenso color verde, pero a medida que la luz crecía y el vehículo avanzaba; iba desapareciendo, dando lugar a vegetación más agreste, jalonada de manchones marrones y grises de piedra. A la distancia o en algún recodo, de pronto, el mar se anunciaba y volvía a esconderse. Los pueblos se sucedían, aumentando mi ansiedad, con el trayecto.
Al fin escucho las ansiadas palabras: “próxima parada: Isla Negra”, y nuevamente el golpeteo ya conocido del corazón pugnando por salir del pecho… me acercaba paso a paso a la casa de Neruda.
Era un pequeño poblado, de casas bajas y humildes, que se extendía a ambos lados de la carretera, dividiendo lo que eran suaves colinas de pastizales duros, del pronunciado declive que llevaba a la costa. Callecitas de tierra, algunas posadas, ventas de artesanías y cafeterías, anunciaban que ese lugar estaba cambiando sus costumbres ancestrales de vivir de la pesca por el beneficio que dejaban los turistas, quienes en reducidos grupos, caminaban curioseando y tratando de registrar todo con sus cámaras.
Mi joven y silencioso compañero, disfrutaba escuchando los comentarios propios de una extranjera que ignoraba los hábitos y las palabras usuales de la zona; soltando una carcajada, cuando decía algo inconveniente o de dudoso significado para los habitantes chilenos.
Me tomó la mano, mientras con el otro brazo extendido señaló un cartel que indicaba el camino. La calle bajaba custodiada por grandes árboles y minúsculos jardines cubiertos de flores; para mi asombro éstas brotaban aquí y allá abigarradas, entre macizas rocas en un bello desorden que parecía el capricho de un loco pintor. Una cerca de madera, puso fin a nuestra caminata.
El limitado jardín con algunas esculturas e indicaciones para el turismo, me puso casi en alerta, Un amplio vestíbulo de madera, piso cerámico, chimenea, restaurante, agencia de turismo, venta de recuerdos. ¿Dónde estaba? ¿Qué habían hecho? Quedé silenciosa, miraba alrededor, con un creciente malhumor, hasta que se acercó un guía y explicó… La casa de Neruda, estaba un poco más atrás. Se podía ir en grupos de no más de diez personas, respetar las indicaciones y no sacar fotografías. Recién ahí suspiré aliviada… Nadie había roto la magia que el poeta creara en su entorno.
Y fuimos entrando en su mundo; la sala apenas dejaba lugar para estar de pie. Alrededor de una gran chimenea rodeada de cómodos sillones y poltronas, se apiñaban los mascarones de proa de diferentes barcos. Bellas mujeres de cabellos al viento, angelicales criaturas de brazos extendidos que antiguamente se sumergieran en mares lejanos, hoy estaban custodiando esa sala, formando parte de los caprichos del hombre que quiso tener el mar dentro de su hogar.
Pasábamos de una a otra habitación sin poder definir si era el interior de un barco o de una casa, las puertas pequeñas, los corredores angostos y de piso a techo, cientos y cientos de cosas recogidas en sus viajes. Caracolas, máscaras indígenas, tallas de madera y piedra, instrumentos de música, pipas, etiquetas, chapas con grabados antiguos. Llegamos a una sala más alta que el resto de la casa, y para mi sorpresa, me encontré frente a un inmenso caballo de madera, con su montura y brida, listo para ser montado; una muestra más del buen humor y las bromas que el artista se acostumbraba a hacer con sus compañeros de andadas.
El comedor tenía dos de sus paredes, íntegramente transparentes, hacia un lado se veía el jardín y los setos con flores, hacia el otro el mar. La casa daba el aspecto de haber sido construida de a pedazos, pero llevaba su marca, gritaba la personalidad del antiguo dueño.
Una habitación grande, decorada, como si fuera fonda marinera, con mesas y sillas, mostrador, bebidas y propagandas, daba también hacia la costa. Allí recibía a sus amigos, tomaban grandes cantidades de alcohol y luego… se subían a la barcaza que nunca navegaba, colocada a tal propósito frente al mar, cantaban y solía decir que la marea los mecía según el alcohol que bebían.
Giros y contra giros, escaleras que subían y bajaban, ¿Desde adentro?? Madera lustrada y barniz. ¿Desde afuera? celeste y blanco los colores del mar y la espuma que coronaba las olas; pero también piedras formaban la torre, donde el dormitorio parecía estar flotando en la brisa, en una réplica de todo lo que era propio del lugar. Esa casa respiraba alegría, el sol se colaba por los vidrios, y casi se podían escuchar las risas.
Finalmente salimos al jardín trasero; pude comprobar que la casa estaba en la parte alta de la costa. Desde allí se podía bajar hasta la playa, unos veinte metros más abajo, donde el agua de un turquesa profundo rompía con fuerza contra las rocas en rugidos rabiosos de espuma.
A pocos pasos, se extendía una terraza que daba al océano; en el medio un mástil, los bordes rodeados de cadenas, todo construido en piedra sacada de ahí mismo. Simulaba la proa de un barco, en actitud de navegar hacia el infinito. En el centro, un rectángulo de tierra cubierta de flores y la placa de mármol negro. Allí descansaba, con su amada Matilde, la última esposa y compañera final. Él mismo pidió que estuvieran juntos en ese viaje a la eternidad.
Contemplé la belleza bravía del Pacífico, que se extendía a mis pies; temblaba y las lágrimas caían entremezclándose con el agua que salpicaba mi rostro. Sin haber siquiera intentado, ese peculiar hombre, extraordinario hasta en su patriotismo, a quien solo conociera por sus escritos, me estaba indicando el camino. Sentí la calidez de un abrazo protector que cubría mis espaldas, del frío intenso de la tarde.
El regreso a mi patria sería duro, debía colocarme nuevamente la máscara de férrea voluntad, hacer lo que el destino había marcado. ¿Volar? Solo con la mente y el corazón. No tratar de hacer realidad lo que los sueños me gritaban; pero a cambio, podría darle alas a quienes aún tenían fuerzas y juventud para hacerlo por mi; para concretar lo que yo había ansiado siempre… Volar en busca de un mañana en libertad.
Magui Montero

Nota: Fotografía tomada en la parte trasera de la Casa de Isla Negra, donde se encuentra la tumba del poeta.
Relato dedicado a Luis Gallardo Cortéz.

domingo 29 de junio de 2008

LA CASA DE NERUDA (I)

El alma de viajera incansable me había llevado a recorrer innumerables lugares.
Los paisajes se sucedían a lo largo del tiempo; buscaba un sitio, un nido, un hogar que me cobijara, que pudiera sentir propio. Mis ojos devoraban con avidez ciudades, playas, montañas, y campo.
¿Dónde debía guarecerme? ¿Cuál era mi destino? Los años pasaban, y este espíritu inquieto no hallaba la ansiada paz. La travesía se prolongaba, cuando ya creía encontrar lo más adecuado para mi indómita y aventurera esencia, nuevamente partía…
Estaba insatisfecha, el hastío se había apoderado de mí; solo los buenos libros, la poesía y la música lograban por momentos calmar la sensación.
Seguían volando las hojas del calendario, ya casi había abandonado mi sueño, solo quería descansar. En una de esas largas noches vacías, cayó en mis manos nuevamente un poema de Pablo Neruda. Recordé que había leído con avidez su exótica vida de aventurero, entonces lo decidí; deseaba conocer donde había morado aquel maravilloso poeta, que admiraba tanto. Sentía un especial fervor por la intensidad con que expresaba el amor, la pasión, y su obsesión por los ambientes marinos. Sabía que su vida había estado marcada por tres mujeres importantes, a pesar de las muchas que pasaron por su existencia. Una de ellas, la segunda, había sido argentina.
Levanté nuevamente las maletas; llevada por el impulso crucé las montañas, casi sin haber definido a ciencia cierta lo que buscaba… y llegué a su casa de Santiago, dedicada a la tercera mujer. “La Chascona” estaba impregnada del indómito espíritu nerudiano, la poesía brotaba por doquier, tenía su marca a cada paso, pero era demasiado mediterránea, a pesar del sonido del agua que corría y la visión de la cordillera; no encajaba en lo que yo suponía anidaba y emanaba a borbotones de sus versos.
Continué mi travesía y me encontré en Valparaíso, la mágica y antigua ciudad de los extraños ascensores, con sus viejos edificios recubiertos de afiligranados sobrerrelieves, las casitas de madera de innumerables y vivos tonos colgaban cual caireles de sus cuarenta y dos cerros hacia la concavidad que se extendía como una hermosa cuna, coronando la bella bahía. La gente, agradable, sencilla, pescadores con la piel curtida por el sol y el duro trabajo; hermosas mujeres de sonrisa franca y andar leve.
Trepé por sinuosas calles, con curvas tan pronunciadas como las gráciles caderas de las chilenas. A medida que ascendía en medio de la fría brisa de esa tarde gris, los colgajos de niebla se disipaban y el mar se veía matizado de guiños irisados en aquellos sitios donde el sol lograba herirlo con su dorada espada.
…Y llegué a destino. Agitada, con el corazón latiendo en mi pecho como el tam tam de un tambor que anunciaba ese momento tan importante para mí. …Allí estaba, imponente y en todo su esplendor “La Sebastiana”, asomándose desde lo alto hacia el océano.
Parada frente a la reja que me separaba de la residencia, pude observar los caminos de piedra que llevaban a la casa, sólida, orgullosa. En el jardín, los malvones estallaban con sus matices de rojo entre el verdor de las hojas, el perfume de los árboles embriagaba la tarde, largas guías de flores colgaban de una enredadera meciéndose al compás del viento marino, llamándome cual si fueran pequeñas manos que invitaban a entrar al mundo de los sueños.
La construcción no tenía ángulos para mí. Curvas y escaleras que serpenteaban y giraban hacia uno y otro lado descubriendo o presagiando sorpresas en cada vuelta, y decenas de ventanas grandes o pequeñas que semejaban ojos asombrosamente abiertos y curiosos; mientras la voz de Neruda se escuchaba en todos los rincones recitando sus versos. Desde cualquier ambiente al que accedía podía regocijarme con la visión de las pequeñas casitas que pincelaban de infinitos colores los cerros,…y el mar, siempre el mar. ¡El sitio semejaba un barco encallado en la montaña!! No en la forma, sino por el ambiente que se respiraba en ella. ¡Era el lugar ansiado!
Toqué la cama, de bronce bruñido, donde tantas veces dejaran su huella los cuerpos del poeta y la mujer; me sentí como una intrusa, por saber de aquellas noches de lujuria tan bien descriptas por él. En el vestidor, miré sus ropas, debajo asomaban unos zapatos rojos de tacones de la que fuera su tercera compañera, emparejados a los masculinos, acordonados, de cuero negro brillante, que me hicieron pensar en lo que habían caminado por el mundo buscando nuevos horizontes, a través de extraños países.
Por fin, llegué hasta su refugio, situado en el lugar más alto de la casa, desde donde se divisaba un paisaje indescriptible. Allí el cautivante chileno, pasaba largas horas oteando hacia la distancia, descansando y volcando en papel sus sentimientos. Acaricié con ternura la mesa pequeña, aun manchada con tinta, en la que tantas veces se sentara a escribir; pasé mis dedos suavemente sobre el trozo de papel que estaba cubierto por vidrio, y pude reconocer el original de uno de sus poemas, con tachas, correcciones y letra saltarina. Allí estaban su caballo de calesita, la colección de botellas de distintas formas y tamaños, el lavatorio de porcelana, caprichosamente colocado cerca del escritorio, el sillón desde donde quizás contemplara durante horas, hacia el ilusorio punto donde cielo y mar se funden.

Quedé aletargada, ya no había turistas revoloteando, el silencio me rodeaba. Mientras permanecía olvidada del tic tac de los relojes, el sol bajaba rápidamente en el horizonte, y un camino de fuegos naranjas cruzaba el mar hacia el infinito. Pensaba… Estaba viendo el mismo paisaje que Don Pablo había mirado cientos de veces. Percibía en ese lugar una calidez que envolvía; y tuve la certeza que allí se encontraba el refugio para la inquietud que me afectara durante tanto tiempo.
Suspiré… el sueño estaba concluyendo, Valparaíso era demasiado intenso para mí; aunque su gente me tratara como una de ellos, aunque tuviese los sentimientos a flor de piel e interiormente deseara quedarme, aunque la tristeza me partiera en dos, debía seguir mi camino… La mesura indicaba que debía buscar el equilibrio y la paz en el mundo seguro y mediterráneo de mi patria y mi terruño. Era tarde para empezar de nuevo… Era demasiado tarde para todo, el ocaso avanzaba.
De pronto, me sobresaltó la voz inquisidora de una de las empleadas del museo…
- ¿Qué hace aun aquí? El museo ya está cerrando…
Y yo respondí con voz ahogada… Nada, solamente conversaba con un sueño.
Aun restaba por conocer la última etapa de la vida de mi amado poeta Neruda; la casa dedicada a una mujer argentina, veinte años mayor que el seductor escritor. Representaba el amor de la mujer madura con un Pablo Neruda, joven, impulsivo, vigoroso. Sin embargo allí estaba enterrado, junto a la joven mujer con la que vivió hasta el final. Matilde significaba toda la intensidad del amor pleno. Debía visitar Isla Negra.
Magui Montero
Nota: Casa Museo "La Sebastiana" Valparaíso Chile. Instántanea realizada por un turista. Año 2005

miércoles 25 de junio de 2008

El espíritu del cambio

¿Cual es el momento exacto en que la vida cambia?
Cuando a través del tiempo las cosas se van dando de una manera suave, casi sutil, parece que nada puede mover las estructuras fuertes y de pronto el viento surge, con fuerza huracanada, sopla cada vez con mayor ímpetu; golpea arrasando lo que se construyó con paciencia y amor.
No hay forma de cubrirse, una se siente zarandeada y arrastrada, te golpea y te lastima. Tratas de refugiarte, pero nada parece seguro. Llega el momento en que te sientes superada por los golpes demoledores de ese torbellino. En ese instante como iluminada, solo piensas en una opción.
Volver a tus fuentes, a lo que ya creías olvidado, el único lugar posible donde sabes que encontrarás abrigo; partes desesperada buscando quien restañe tus heridas. Algo te dice: "vé hacia aquel que habías abandonado"- suponiendo que nunca más ibas a necesitar.
Vagas por las calles sin sabes exactamente el rumbo, pero intuyes que te espera con los brazos abiertos. Tropiezas, caes, pero continúas en tu desesperada búsqueda.
Encuentras un templo y está cerrado, te diriges a otro con igual resultado; cuando crees que ya no quedan esperanzas, encaminas tus pasos hacia el único que permanece esperando por tu llegada. Ingresas al atrio mientras una mujer solitaria te mira pasar y vuelve a su misión de vender periódicos; casi no reparas en ella, pues tienes demasiadas ansias de consuelo. El lugar está silencioso, finalmente llegaste.
De rodillas, con la cabeza inclinada, pides perdón por tus acciones, lloras y es como agua límpida que lava el corazón y las penas. Sientes el confortable abrigo de Jesús; su presencia calma y consuela, es un nuevo inicio donde puedes respirar mejor; aunque quede mucho por hacer. No es el final, se abre un camino que intuyes tiene tropiezos, pero percibes que estás en la senda correcta.
Te apoyas a través del vidrio en la imagen de la réplica del manto que lo cubrió. Él está de alguna forma allí; te protege, nunca se fue. Esperaba que lo necesitaras, abre sus brazos con ternura para ampararte. No puedes explicarte porque antes no pudiste ver los signos, los llamados. Quizás se necesitaba que recorrieras ese camino, para tener la fortaleza suficiente y no irte más de su lado, quizás las heridas que recibiste en tu largo andar fueron solo pruebas para demostrar tu lealtad, y en su infinito Amor, todo lo ve y todo lo perdona.
Definitivamente sabes que es el camino. Te debes liberar de todo aquello que te marcó profundamente y eso solo podrá lograrlo el tiempo.
La Navidad tiene un sentido especial para ti. Es el nacimiento del Niño Jesús, pero al mismo tiempo es un renacimiento tuyo, como mujer, como persona. Sabes que puedes hacerlo, sabes que puso una semilla de Amor en ti y definitivamente le perteneces. Estás empezando a caminar a su lado, las llagas de manos y pies fueron para que tuvieras un futuro limpio, calmo y feliz. Debes andar pocos pasos; los necesarios para no retirarte de esa senda hasta el fin; tener la fuerza suficiente para poder gritar Si! Es para siempre.

Magui Montero

Nota: Imagen del Cristo del Río a orillas del Río Dulce, Parque Aguirre - Ciudad de Santiago del Estero. Fotografía de Néstor Miño

lunes 16 de junio de 2008

El juego del entorno y el poder

El Poder yace en el trono, encaramado en su viejo pedestal solitario. Las amistades falsas reptan a sus pies cual ávidas serpientes, ansiosas de figurar, esperando el momento adecuado para clavar los colmillos envenenados. Ruines y mezquinos intereses ponen brillo en las miradas perversas.
Sabe que es fuerte, porque llegó hasta allí con el respaldo de todo un pueblo; pero la ceguera de haber llegado a la cúspide, el ansia de notoriedad y prestigio propio o de quienes lo rodean, hace que los miserables tomen actitudes en contra del verdadero soberano.
El entorno obsecuente se humilla hasta niveles superlativos, en busca de aprobación y reconocimiento que les permita ascender un peldaño más, hacia el círculo estrecho donde transitan los audaces, los arteros y los imbéciles útiles –que siempre hay- y se maquinan las situaciones más ominosas. Corren en tropel tratando de satisfacer caprichos, pero interiormente les crece como un rugido sordo, el resentimiento. Inventan creando permanentemente incidentes y sucesos; murmullos, dimes y diretes. Transgresores eternos de la fidelidad con dignidad, se dedican minuciosamente a quebrantar la confianza que depositaron en ellos y traman estrategias junto a quienes tienen mayor vinculación.
Trepan y caen, de acuerdo al inconstante y antojadizo reconocimiento del que son objeto, en el azaroso mundo del Poder. Repiten frases, plagian discursos y tratan de emular a antiguos líderes, en payasesca caricatura obsesiva; sin saber que todo tiene un límite.
El paso del tiempo es cruel y meticuloso, carcome los cimientos del mando, si no se lleva correctamente el timón. La popularidad naufraga, la intolerancia y el despotismo van minado su autoridad, rompiendo el vínculo que lo unía con el pueblo.
Cuando el barco está zozobrando, las ratas lo abandonan en loca carrera, gimiendo y suspirando por lo que no fue. Niegan cualquier nexo, reniegan, se burlan de quien hasta hace poco, aparentemente adoraban y juraban fidelidad. Intuyen que se está construyendo un fresco trono. Quizás logren, al irrumpir la nueva etapa, vulnerar las defensas del soberano, cantarán loas a la naciente autoridad, acogerán pletóricos de gozo su llegada. Susurrarán a su oído palabras que conocen, por vieja experiencia, hasta lograr ser un destacado entre las flamantes huestes, que les permita ser influyentes, acercándose al prestigioso electo. Tal vez puedan, con tenacidad férrea, por esas vicisitudes del destino, conseguirlo. …Y una vez más girará la rueda, nuevamente se estará pariendo un Poder.
Hay límites que deben ser respetados. Cada Autoridad puede ser fuerte por si misma siguiendo el camino de la honestidad, buscando la verdadera felicidad de quienes lo eligieron para gobernar, aceptando sus errores y corrigiéndolos a tiempo.
Nunca deberá olvidar que la gente depositó junto con su voto las esperanzas. Jamás deberá nutrirse de la obsecuencia y el servilismo, pues si esto ocurriera, se irán desdibujando las virtudes, grisando capacidad y eficiencia; desacreditando la maravillosa esencia de la Democracia.


Magui Montero

Nota: La fotografía fue bajada de internet.
Nota 2: Hace mucho tiempo que había escrito esta reflexión, creo que es el momento de mostrarla. No tiene que ver con un gobernante, con un lugar o con una circunstancia. Sucede cuando se equivoca la senda. Yo no estoy en contra de nadie, estoy a favor del futuro de mi país. VIVA LA PATRIA!

viernes 13 de junio de 2008

HOY TE VI

Día sábado, ya es más de mediodía, casi la siesta… regreso tranquila, con paso cansino desde la zona comercial, las calles quedaron vacías y la 24 de Septiembre es un camino no habitual, pero elegí volver por ahí.
Pienso en todos los proyectos literarios que hice en la mañana de hoy con amigos, hasta que algo me saca de las reflexiones.
De pronto se cruza una figura conocida; su mismo andar, remera blanca – que llamabas graciosamente “polera” - , bermudas deportivo, zapatillas. El pelo negro juega con la brisa, reconozco el ademán eterno de acomodar ese mechón rebelde cayendo sobre la frente; observo los hombros anchos, los muslos fuertes, y ese ligero balanceo de los brazos.
Concientemente se que es imposible, vives a miles de kilómetros, no es razonable verte en mi ciudad, sin embargo, caminas delante mío y hasta puedo imaginar que te diste cuenta que voy en tu misma dirección; imagino que tus negros y rasgados ojos me observan detrás de las gafas de sol cuando dos o tres veces giras la cabeza.
Apuras el paso, y maldigo los zapatos de tacón que me impiden correr tras de ti y rodearte con mis brazos; sin embargo sigo andando y nadie puede intuir que el corazón me late más fuerte.
Te perdiste a la vuelta de una esquina cualquiera. Yo sigo el trayecto hacia mi casa. La ilusión permitió que te viera y fui feliz por algunos instantes; no importa que todo haya sido un juego de la fantasía; sigues aquí, estás en mi mundo, transitas mis calles, vives en mi interior, allí continúas, nada es imposible en los sueños.
¿Qué importa la murmuración de la gente! ¿Qué importa lo que digan? Se que te amo y soy capaz de gritarlo. A pesar del tiempo, a pesar de la distancia, de todo lo que nos separa; tu intensa juventud y mi naciente vejez, no serán aceptadas por la sociedad pueblerina, no podremos andar juntos en la senda de la vida. ¿Me amas o no? ¿Alguna vez me amaste? No sé, no importa… Nadie elige el momento, el motivo, el porqué, ni de quién enamorarse.
Hoy te vi, puedo moldear tu rostro con mis manos, pude vislumbrar tu sonrisa luminosa; hace tiempo que volviste a tu país, pero te quedaste en mis sentimientos. Nuestras manos permanecerán unidas.
No me robaste la vida, le diste un sentido, me ofrendaste tu juventud y yo te regalé el corazón.
Magui Montero

lunes 9 de junio de 2008

AQUELLA PERLA

Nieves eternas, en lo alto, cubren montañas oscuras. Lluvia y rocío. Agua pura y cristalina, que el viento frío compacta, presiona, estruja y fractura; forma hielo silencioso, lívido, ajeno a los sucesos del llano.
Endurece su textura y es casi piedra, igualando la montaña que lo sostiene. Un cálido aliento de primavera besa la superficie. El hielo se torna poroso, frágil, se fisura. Por los huecos internos el agua escurre en finas y cosquilleantes gotas.
Desborda la minúscula vertiente, se une y entrecruza en saltos, cascadas y torrentes. El agua vuela, se expande en el aire, trepa en búsqueda del sol, vapor tenue, golpea las nubes con música celestial se posa recostándose en los bloques de piedra. Roce de agua puliendo agudas aristas, redondea bordes.
Piedras que se desmoronan transfórmanse en arena suave, son lecho del río de aguas dulces, mansas. Descanso y laxitud, aparente paz superficial.
Por dentro van gestándose oscuros remolinos, restos de tenebrosas y sórdidas rocas, enturbian las cristalinas aguas, arrastran todo a su paso.
Tierra, raíces, basura. Turbulencia, espuma oscura en los remansos.
Horizonte, horizonte intensamente azul, golpes de agua salobre se mezclan apaciguando al sombrío y contaminado río en su llegada. Profundidades marinas lavan los restos sucios.
La valva yace en el fondo se abre hambrienta de alimento sano que nutre. Calma, satisfecha y feliz, no intuye que también la traspasaron restos de arena; las impurezas enferman su interior… y reacciona, se protege.
Anticuerpos generados cubren la basura, capas y más capas una sobre otra aíslan del veneno que hiere. Se torna dura, tan dura como la primigenia roca, la perla nacida sorbió colores irisados del agua de torrente como aquellas gotas tocadas por el sol.
Duerme!! duerme tu sueño singular, gema engendrada con dolor; en un camino de golpes y caídas, rodaste de la cumbre hasta la sima marina, mixturando agua dulce y salina. Es hora de la mesura. Descansa!! Madura!!
Espera al pescador de perlas que se atreva a llegar a las profundidades. Él redescubrirá tu cuenco de nácar. Nuevamente la luz del sol arrancará destellos refulgentes de tu interior lacerado, resucitada a la vida…

Magui Montero
Nota: Fotografía de Magui Montero - Febrero 2007

martes 3 de junio de 2008

EL INMIGRANTE


Un lugar lejano de Europa, apenas comienza el siglo XX. El chiquillo delgado, de ropas sencillas está sentado en una roca de la playa. El viento despeina su corto cabello claro, mientras achica los ojos tratando de otear el horizonte y suspira en silencio…
La guerra se cierne sobre el país y hacia donde gira la cabeza, encuentra restos de maderos, trozos de hierros retorcidos, guiñapos sanguinolentos esparcidos, rodando en tétrica danza llevados por el arremolinado soplo marino. Parece permanecer ajeno al escenario dantesco, si bien sus labios están apretados en un rictus de amargura. Recuerdos del hogar rodeado de gigantescos olivos, el aroma de pan recién horneado por la madre, las risas cascabelinas de los hermanos, lo han transportado a otro paisaje donde la dulzura y el amor cubrían su mundo placenteramente. Ahora, el horror del presente solitario y amargo cae sobre él, estrepitosamente.
Nada hay que haya quedado en pie, solo negruzcos muñones que tiñeron la otrora luminosa casa, enlutando para siempre el futuro.
Con furia seca lágrimas que dejan surcos húmedos en el rostro. Si tan solo hubiese estado presente… si no hubiese ido en búsqueda de la cabra extraviada que les brindaba la leche diaria, tal vez la propia muerte le habría evitado el dolor de dar cristiana sepultura a sus seres queridos y ser testigo de la espantosa visión que lo golpeara.
Ya no existe que lo ate a este lugar; quiere huir lejos, donde la distancia lo ayude a cubrir con un manto de olvido todo lo que sus ojos vieron.
Lenta y trabajosamente se puso de pie y comenzó a caminar por la costa, no vuelve la cabeza ni por un instante, tiembla repetidamente aun pasmado por la intensidad de lo vivido.
Anduvo por la húmeda arena durante horas, hasta llegar al pequeño pueblo de pescadores, donde no hace mucho, venía la familia a compartir la misa dominical o un lindo paseo.
Hoy ya no se escucha el eco de música saliendo de la taberna. Explosiones, gritos de órdenes, civiles y soldados corriendo hacia uno u otro lado han modificado la tranquila fisonomía pueblerina.
La cala donde acostumbraba a ver ancladas barcazas pescadoras de multicolores gallardetes ondeantes, está cubierta de lanchones de desembarco y a la distancia puede divisar grandes buques que transportan tropas y vituallas para la guerra.
Sus ojos turquesa se empequeñecen para atisbar mejor, pues el sol de la tarde lo hiere. Los reflejos rojizos sobre el agua golpean el corazón cuando le recuerdan otro rojo bermellón injustamente vertido.
Nadie parece reparar en su presencia, está agotado y el ardor de su piel le recuerda que ha caminado todo el día, pero eso no lo hace cejar en su intento de irse para siempre.
Mordisquea el trozo de pan que llevaba en el bolsillo, y continúa caminando. A un centenar de metros observa un buque de carga del que siguen bajando provisiones hacia barcas más pequeñas, que van y vienen al fondeadero como hormigas obreras acarreando comida.
Finalmente las sombras lo ayudan; puede esconderse dentro de una que regresa hasta la nave mayor. Confundido entre los portadores asciende a ella y
se introduce en las entrañas del navío. Un lugar húmedo, sombrío, le da cobijo detrás de cuerdas y toneles vacíos; por fin se deja caer y rato después el acompasado sonido de los motores se hace sentir.
El movimiento del inmenso monstruo de acero lo acuna en su vientre hasta que poco a poco el sueño llega.
Siente de pronto un tirón en las ropas; seguramente es su madre despertándolo porque se ha dormido… pero, al abrir los ojos, la realidad lo golpea como un mazazo. El tosco marinero de piel morena, le habla en una lengua desconocida…
Se hace un ovillo, temeroso de recibir castigo, aunque el inmenso hombretón solo le acaricia el pelo con ternura, lo toma de la mano y tira de él, obligándolo a seguirlo. Caminan por estrechos pasillos, suben y bajan escaleras, finalmente abre una puerta donde hay dos literas; le alcanza una toalla, jabón, señala un pequeño lavatorio, luego sale dejándolo solo.
Cuando el marino regresa, encuentra al casi niño envuelto en la toalla, aun con el pelo húmedo, sentado en un rincón; las ropas sucias dobladas a su lado y una expresión de angustia pintada en el rostro.
Comprensivamente el hombre sonríe, indicándole que se pusiera las prendas que le traía. En una bandeja, colocó una jarra con agua, queso, galletas y dos manzanas que el muchacho hizo desaparecer en instantes, mientras lo seguía mirando.
Pasaron los días, quién sabe cuantos! Giusseppe aprendió a decir: hola, buen día, gracias, no comprendo, en español. Diariamente esperaba la llegada del hombre que lo protegía; supo que se llamaba José, y lo sorprendió la coincidencia, pues llevaban el mismo nombre en distintos idiomas.
Algunas veces, durante la noche José se sentaba cerca cuando lo oía llorar y le murmuraba palabras que no comprendía pero lo calmaban.
Los oídos de Giusseppe se habían acostumbrado al sonido de las máquinas, hasta que un día escuchó que su ritmo cambiaba, se hacía poco a poco más lento, y finalmente quedó todo en silencio.
Risas en el aire, gritos en español. El barco había llegado a destino. Pasaron las horas, cuando ya bajaba el sol, José levantó su bolsa marinera y la puso al hombro, invitando al joven a que lo siguiera.
Subieron a cubierta, el marinero saludó con la mano en alto a un solitario compañero que hacía guardia, quien le respondió de igual modo, dirigiendo al mismo tiempo un gesto amistoso al jovencito.
Giusseppe miró a su alrededor… el agua tenía un color gris amarronado que desconocía. Hacia occidente, donde sus ojos siempre vieron azul mar, ahora se recortaba el perfil de una ciudad con altos edificios y luces que comenzaban a encenderse en el atardecer. Había cruzado el Atlántico, un marino, decente y bueno le había ayudado; ahora dependía de sus ganas de seguir viviendo y del propio esfuerzo para forjarse un futuro.
La vida estaba brindándole una nueva oportunidad del otro lado del océano, en un país desconocido. Argentina le estaba abriendo los brazos.

Magui Montero

Nota:3º PREMIO Cuentos.
Concurso SALAC. 2007 “Nenúfar Niró”3º Provincial, 2º Nacional y 1º Internacional.
Fotografía gentileza de Luis A. Gallardo Cortéz. Costa de Chile. Año 2005

sábado 24 de mayo de 2008

NUESTROS PADRES

NOTA ACLARATORIA: He decidido copiar las palabras que encontré en un power point que me enviaron. Hace algunos días se festejó el Día de la Madre en algunos países, y en el próximo mes de Junio es el Día del Padre.
Esto es para que aquellos que aun tenemos la dicha de tenerlos entre nosotros sepamos valorarlos y comprender muchas cosas que nos negamos a asimilar.
El archivo del que copié las palabras que están a continuación dice en las propiedades del documento
Sic: “el Texto es de Autoria de Marha Medeiros, formatado por Paulo Benites, em Piracicaba-SP, em 18 de outubro de 2005, ás 07:42 horas.”
Magui Montero

NUESTROS PADRES

Padres héroes y madres heroínas del hogar. Pasamos buena parte de nuestra existencia cultivando estos estereotipos. Hasta que un día el padre héroe comienza a pensar todo el tiempo, protesta bajito y habla de cosas que no tienen ni pie ni cabeza.
La heroína del hogar comienza a tener dificultades en terminar las frases y empieza a enojarse con la empleada.
Que hicieron papá y mamá para envejecer de un momento a otro?
Envejecieron... Nuestros padres envejecieron. Nadie nos había preparado para esto. Un bello día ellos pierden la compostura, se vuelven más vulnerables y adquieren unas manías bobas.
Están cansados de cuidar de los otros y de servir de ejemplo: ahora llegó el momento de ellos de ser cuidados y mimados por nosotros.
Tienen muchos kilómetros andados y saben todo, y lo que no saben lo inventan. No hacen mas planes a largo plazo, ahora se dedican a pequeñas aventuras, como comer a escondidas todo lo que el médico le prohibió. Tienen manchas en la piel. De repente están tristes. Mas no están caducos: caducos están los hijos, que rechazan aceptar el ciclo de la vida.
Es complicado aceptar que nuestros héroes y heroínas ya no están con el control de la situación. Están frágiles y un poco olvidadizos, tienen este derecho, pero seguimos exigiendo de ellos la energía de una usina. No admitimos sus flaquezas, su tristeza. Nos sentimos irritados y algunos llegamos a gritarles si se equivocan con el celular u otro electrónico, y encima no tenemos paciencia para oír por milésima vez la misma historia que cuentan como si terminaran de haberla vivido.
En vez de aceptar con serenidad el hecho de que adoptan un ritmo más lento con el pasar de los años, simplemente nos irritamos por haber traicionado nuestra confianza, la confianza de que serian indestructibles como los super -héroes.
Provocamos discusiones inútiles y nos enojamos con nuestra insistencia para que todo siga como siempre fue. Nuestra intolerancia solo puede ser miedo. Miedo de perderlos, y miedo de perdernos, miedo de también dejar de ser lúcidos y joviales.
Con nuestros enojos, solo provocamos más tristeza a aquellos que un día solo procuraron darnos alegrías.
¿Por que no conseguimos ser un poco de lo que ellos fueron para nosotros? Cuántas veces estos héroes y heroínas estuvieron noches enteras junto a nosotros, medicando, cuidando y midiendo fiebres!!
Y nos enojamos cuando ellos se olvidan de tomar sus remedios, y al pelear con ellos, los dejamos llorando, tal cual criaturas que fuimos un día.
El tiempo nos enseña a sacar provecho de cada etapa de la vida, pero es difícil aceptar las etapas de los otros...
Mas cuando los otros fueron nuestros pilares, aquellos para los cuales siempre podíamos volver y sabíamos que estarían con sus brazos abiertos, y que ahora están dando señales de que un día irán a partir sin nosotros.
Hagamos por ellos hoy lo mejor, lo máximo que podemos, para que mañana cuando ellos ya no estén mas... podamos recordarlos con cariño, de sus sonrisas de alegría y no de las lágrimas de tristeza que ellos hayan derramado por causa nuestra.
Al final, nuestros héroes de ayer... serán nuestros héroes eternamente...
Gracias!!

LA SEÑORITA ALEJANDRA

La anciana se encontraba de pie, destilaba dignidad y orgullo, mientras escuchaba el Himno Nacional Argentino. Regresaba a ese lugar querido después de muchísimos años; sus ojos azules estaban húmedos por la emoción, El viejo Hogar Escuela del que en su lejana juventud había sido docente hoy festejaba las Bodas de Oro.
Las imágenes antes tan borrosas, comenzaron a volverse nítidas y se vio de nuevo en aquel mes de mayo de 1949, joven, con el delantal prolijamente planchado entonando ese mismo himno, con el cabello suelto en doradas ondas, rodeada del abigarrado grupo de niños morenos y asustados ojos. El edificio adornado con banderas argentinas y las autoridades presentes. Las tejas rojas brillaban, los pisos estaban relucientes, aun percibía nítidamente las galerías con inmensos dibujos infantiles, el castillo de Blancanieves, la señora Osa con su delantal de cocina, rodeada por pequeños ositos en la casita del bosque. Olor a pintura, madera nueva y cera. Los dormitorios infantiles lucían alegres con una alfombra de estera, camas prolijamente arregladas, coloridas cortinas, En la parte central de la galería, estaba el inmenso cartel con las palabras “Los únicos privilegiados son los niños”
Una sonrisa se dibujó en el rostro apergaminado. Tenía 26 años cuando comenzó la maravillosa tarea en aquel sitio. Debía ayudar a forjar el futuro de esos pequeños que la vida había maltratado tanto. Todos ellos provenían de hogares con problemas estructurales, padres alcohólicos, madres solteras, maltratados, abusados, o tan pobres que era imposible su crianza y educación. Su misión no era estrictamente docente, pues debía formar, educar y contenerlos, darles cariño, enseñarles a jugar. Temía no poder cumplir con todo lo que esperaban de ella. Los niños habían pasado demasiadas dificultades y desconfiaban de quien se acercaba; estaban en todo su derecho.
Se propuso entregarles un poquito de alegría. En las horas que pasaran juntos, les enseñaría poco a poco a demostrar sus sentimientos; ella tenía Amor para brindarles y hacer que olvidasen en parte, el resentimiento, las carencias materiales y afectivas que siempre habían tenido.
Y así fue; la señorita Alejandra acompañaba a sus chicos a lo largo de las jornadas, les enseñaba a leer y escribir, a sumar y restar, compartía la hora del almuerzo, jugaba con ellos, solucionaba pequeños inconvenientes y les ayudaba a soñar.
Muchas veces decía: “me gustaría que cuando sean grandes puedan tener un título que les abra las puertas del futuro”. Solía preguntar que les agradaría estudiar y sonreía con las diferentes respuestas que recibía.
Su jornada concluía en el Hogar – Escuela al atardecer, luego que los chiquillos recibían la cena, les daba un beso y regresaba a su casa, donde aun tenía muchas responsabilidades y tareas que realizar.
Pasaron los años; la señorita Alejandra fue viéndolos crecer, los chiquitines se hacían adolescentes, algunos volvían a visitarla una o dos veces, mientras continuaba con su labor.
Algunos años después, por razones políticas del país, la castigaron arrancándola de la maravillosa tarea que tanto amaba, para cumplir funciones administrativas, pero ella nunca olvidó a los traviesos infantes que fueron casi sus hijos.
Ahora, no sabía de que lugar habían rescatado su nombre y el de algunas otras compañeras, que orgullosamente estaban en la primera fila del homenaje a quienes fueron pioneros en ese maravilloso lugar, donde los niños, de alguna forma, podían tener algo que les había sido negado en la vida.
Los aplausos al término del Himno Nacional, la sacaron rápidamente de las cavilaciones; hubo palabras alusivas, entrega de pergaminos, canciones interpretadas por el Coro de la Provincia y algunas danzas folclóricas. Se dio por concluido el acto; saludó viejos amigos que había perdido de vista hace algún tiempo, y comenzó a dar los primeros pasos, aferrada al brazo de su nieta, mientras se apoyaba firmemente en el bastón con la otra.
De pronto, un grupo de personas se acercó y la hizo detenerse; los miró extrañada, no creía conocerlos, y aunque sus ojos no la ayudaban demasiado, dudó, porque sus rostros tenían algo familiar.
- Señorita Alejandra! ¿Cómo está? ¿Se acuerda de mí? Fui su alumno cuando tenía 9 años, dijo el hombre con la voz entrecortada.
La anciana abrió sus brazos y apoyó su cabeza, en el pecho de ese caballero maduro, con el pelo corto entrecano, vestido de impecable traje gris, mientras las lágrimas corrían por su rostro.
- ¡Hola mi chiquito! ¡Nunca más te vi! Estás tan grande!
El hombre se rió un poco turbado por las palabras. Le recordó que habían pasado muchos años, que hacía más de 30 años se fue de la provincia, pero había aprovechado la oportunidad para cumplir una promesa que le hiciera cuando era su alumno y venía a mostrar lo que eran sus logros.
- Me costó mucho, es cierto que tuve que esforzarme, nada fue fácil, pero aquí estoy, soy profesor de Literatura. Trabajo en la docencia, porque usted me enseñó a amar lo que hacía, ella es mi esposa, y estos son mis hijos, la más chica tiene 16 años y se llama como usted. He cumplido; nunca olvidaré las palabras que nos dijo el día que terminé la escuela primaria. “Si uno de todos ustedes lo logra, mi misión estará cumplida y podré saber que lo aprendido dio sus frutos”.
La ex docente sonrió, tratando de mantenerse serena, le agradeció por haberla recordado y por permitirle saber como había concretado sus sueños, lo abrazó nuevamente con ternura, y se despidió de la familia.
Mientras caminaba hacia la salida reflexionaba; hay cosas que no les había enseñado a los pequeños alumnos; …debían buscar dentro de si mismos.
Era parte de cada ser humano; sin saberlo, ese niño lo había encontrado. Pensó que de nada hubiese servido sembrar miles de semillas, si el terreno no era fértil. Ella solo había ayudado a educarlos. Aquel pequeño tuvo dignidad, tenacidad, había puesto sacrificio y esfuerzo, pero tenía el sabor del triunfo, de lo conseguido por propio mérito.
Era cierto, se sentía satisfecha; aunque fuera mínimamente había logrado cumplir con la consigna que leyera en las paredes del viejo Hogar – Escuela: “Los únicos privilegiados son los niños”. No sabía si alguno más lo había conseguido, pero al menos “la señorita Alejandra” había colaborado, dándoles la oportunidad de serlo.
Magui Montero
Nota: Dedicado a mi madre en su cumpleaños. ¡Felices 85 años, mamá!

miércoles 21 de mayo de 2008

BRUMA

Bruma blanca, algodonosa, donde se concentra el silencio. Los ruidos se tornan suaves, desaparecen; el entorno se envuelve con pinceladas fantasmagóricas. En un grito inaudible, pero presente, la boca nubosa absorbe los sonidos.
El paisaje es grisado como si un gnomo travieso hubiese pasado un esfumino. Las figuras se tornan lejanas, vagas, casi intangibles, tragadas por el vaho.
Fantástico mundo de niebla, asfixiante, húmeda; textura de gasa que aletarga y libera. Bocanadas tenues de un místico cigarrillo invisible cuyas volutas se expanden sutilmente.
Caminantes rutinarios oyen el eco de sus pasos diluyéndose, apagado roce en la mullida alfombra de grava de la plaza. El motor de los vehículos resuena a través de una sordina, amortiguando el rumor a la distancia.
Caricias con aleteos de ángel desvaneciéndose alrededor de la edificación urbana. Hálito vivificante y suspiro infinito, brisa apenas perceptible lamiendo la piel que se estremece con la frescura del amanecer.
El manto silente empieza a rasgarse, los rayos mágicos del sol comienzan a esgrafiar los árboles, las casas, las flores de los jardines.
La neblina que asciende girando en espirales, se esconde tímidamente. Poco a poco, pausadamente, la bruma va disipándose. Respiro hondo, nuevamente la ciudad comienza a recuperar sus colores.

Magui Montero
Nota: Fotografía tomada por Magui Montero en noviembre de 2005 - Cielo santiagueño

lunes 19 de mayo de 2008

LA POMPA DE JABÓN

Caminaba dando pequeños saltitos mientras miraba las vidrieras iluminadas con luces multicolores. Llevaba en su mano una paleta dulce que saboreaba con deleite y la carita sonriente mostraba restos de “melcoche” almibarado.
Las calles se veían bulliciosas, melodía alegre salía de algún lado; el vendedor disfrazado de arlequín soplaba una cañita de la que surgían innumerables burbujas brillantes de distinto tamaño que se esparcían por el aire, flotando y elevándose al compás de la brisa mañanera.
La pequeña quedó parada mirándolo con asombro, mientras el arlequín sonreía y nuevamente comenzó a soplar pompas de jabón. Una de ellas grande e irisada, giraba alrededor de la nena acercándose cada vez más, hasta que la curiosidad le hizo apoyar los deditos en la burbuja. De pronto se encontró sentada en el interior y su risa estalló en pequeños gorjeos, mientras se elevaba suavemente sobre la gente.
El sol entibiaba el rostro risueño, en tanto ella miraba con curiosidad las copas de los árboles que se hamacaban graciosamente a su paso; los ocasionales espectadores señalaban el cristalino globo que jugaba con el viento elevándose.
El arrobo y la sorpresa ponían chispitas en los ojos de la pequeña, mientras observaba el paisaje que cambiaba de colores, a medida que la ampolla transparente recorría distancias, alejándola de la ciudad. Vio la carretera como cinta plateada que refulgía con la luz, un serpenteante río mostraba en sus lados manchones verde azulinos de vegetación costera, casitas rurales parecían pequeños recortecitos rectangulares, y a lo lejos vislumbraba montañas salpicadas de nieve.
Bandadas de golondrinas en vuelo emigratorio acompañaron el trayecto por un rato, retomando nuevamente su rumbo y ella reía ante los vaivenes juguetones de esa burbuja que la llevaba con rumbo desconocido. Los picos parecían inmensas parvas de chocolate, cubiertos de merengue, vistos desde arriba, la fronda era celofán jaspeado donde pastaban pequeñas ovejitas. Se fueron sucediendo pueblos y comarcas, hasta que comenzó a definirse la costa del mar.
Olas rugientes rompían fuertemente en las rocas, mientras la pompa de jabón seguía las formas costeras. Barcos veleros agitaban sus coloridas telas saludándola en su recorrido, que se hacía lento. Nuevamente estaba sobre una ciudad; una bahía mostraba naves de gran porte y la esfera flotaba suavemente. Llegaron a una plaza, donde fue descendió hasta rozar el césped.
La niña tocó nuevamente la cristalina y suave cápsula y esta se abrió dejándola bajar. Un árbol enorme extendía sus ramas y daba fresca sombra protegiéndola de la intensa luz solar; allí se sentó a descansar, en tanto admiraba ese lugar maravilloso y aspiraba con fuerza el aire marino.
Parpadeó repetidas veces porque el sol se filtraba entre las hojas del inmenso gomero, hasta que abrió de nuevo los ojos y se encontró en el dormitorio. En las manos no tenía ya la dulce golosina, estaba abrazando su querido osito de peluche. Había sido un hermoso sueño.

Magui Montero
Nota: Fotografía realizada por Antonio Flores en el año 1959. La niña es Magui a los 6 años

lunes 12 de mayo de 2008

LA PIEDRA

Era un sueño largamente postergado. Había pasado diferentes etapas de mi vida hilvanando proyectos, que pensé no llegarían a hacerse realidad. Estaba en un momento crucial en que debía tomar decisiones, necesitaba reflexionar sobre cual sería el camino a seguir; la experiencia me decía que para ello debía irme lejos, el contacto con la naturaleza y los restos de una civilización por la que sentía profunda curiosidad, orientó mis pasos hacia el centro espiritual de los primigenios sacerdotes de Macchu Picchu.
Mi camino fue pausado, los ojos y el corazón se inundaban de colores, perfumes y sensaciones que superaban en mucho las expectativas que llevaba. El conocimiento de seres parcos y piel color bronce, paisajes diferentes, ciudades antiquísimas, ríos caudalosos, lagos de plácidas aguas, islas de increíble belleza fueron plasmando hitos en mi espíritu, preparándome para el momento trascendental.
A medida que transcurrían los días sentía que dentro de mí, se iba produciendo una transformación, por la percepción diaria de ese pueblo extraño y aferrado a tradiciones, mientras continuaba adentrándome en el Cusco (1). La gente aun conversaba fluidamente en lengua quechua, el idioma de sus mayores; las costumbres ancestrales eran diferentes a lo que conocía hasta entonces de otras regiones; los antepasados habían logrado construir palacios, templos y fortalezas de una belleza indescriptible, con diseños y ubicación en equilibrio cósmico tan perfecto que resultaban inexplicables muchas de ellas, aun para la ciencia actual.
Con el transcurso de los días, me sentí sorprendida, por los relatos de los guías locales, sobre la destrucción y humillaciones a que se los había sometido en nombre de una catequización hecha a látigo y punta de espada, sin respeto por los que demostraban mayor sabiduría a la europea de aquel momento, solo que la cultura Tahuantisuyo había honrado la naturaleza.
Entonces entendí el dolor de un pueblo al que se obligaba a festejar el “Día de la Raza”, cuyo significado era para ellos conmemorar el martirio de los suyos en defensa de sus creencias y costumbres.
Macchu Picchu era como la coronación del espíritu de aquellos seres, una ciudadela que representaba el santuario perfecto, la demostración de que a pesar de las muchas centurias transcurridas, aun persistía tercamente, diciendo aquí estoy; este es el mundo que nosotros quisimos.
En el amanecer de Macchu Picchu, el rostro del Inca se perfilaba a la salida del sol, perfectamente dibujado por la propia naturaleza. La creencia popular decía que quien se atrevía a escalar el Wayna Picchu (2) – la nariz del Inca – para que los rayos del sol lo tocaran al amanecer en la cumbre, tendría la paz que ansiaba y la protección de sus pasos futuros. Era el momento indicado; sin estar planeado, había llegado justamente entre el solsticio de verano y el equinoccio. A las siete de la mañana, cuando aun Macchu Picchu estaba en semipenumbras y rodeada de una densa neblina, comencé a escalar.
Sabía que me llevaría más tiempo que a los jóvenes y los deportistas, mis años de fumadora empedernida, me decían que no era adecuado hacerlo, pero eso aumentaba la obstinación por emprender el ascenso. Había aceptado los consejos de guías y gente avezada con la sugerencia de no llevar mucho peso. Mi mochila tenía una provisión de agua mineral, linterna, capa de lluvia, una fruta y dos sándwiches.
El trayecto no era difícil, un sendero angosto, muy escarpado y empinado pero perfectamente delimitado llevaba a la cumbre, en algunos tramos todavía resistían el paso del tiempo escaleras talladas en la roca por los antiguos habitantes de la ciudadela. El espacio no era mayor a los sesenta o setenta centímetros, salvo en pequeños lugares, donde se ensanchaba un poco, permitiendo descansar durante la ascensión, de un lado la pared montañosa, y del otro el vacío. En medio de la cerrada vegetación podía observar por momentos el caudaloso río Urubamba, afluente del Amazonas, y la ciudadela, que iba empequeñeciéndose a medida que trepaba.
Varias personas iban escalando, algunos se ayudaban con bastones, otros tomándose de las piedras; eran pequeños grupos de risueños jóvenes en busca de aventuras y buenas fotos, que habían viajado desde distintos países y se intercambiaban bromas.
Yo seguía trepando en silencio, respiraba agitada, me temblaban las piernas, descansaba cada vez con mayor frecuencia, hasta que finalmente llegue a la cumbre. Un majestuoso entorno se extendía a mis pies, la vegetación tenía matices azulinos y realicé el rito que me habían indicado, abrí los brazos en cruz, y puse mi rostro hacia el este para que me llegara de lleno la luz del sol. Luego bajé unos pocos metros, para sentarme a descansar en un lugar resguardado del intenso viento que soplaba, me ubiqué al cobijo de una piedra, comí la fruta y tomé un poco de agua.
Permanecí con los ojos cerrados, deseando poder compartir con alguien, estos instantes tan intensos. Quedé algo adormilada, hasta que el viento se hizo más fuerte, silbaba y pequeñas gotas de agua empezaron a caer. Cuando abrí los ojos; ya nadie quedaba en la cumbre, todos habían emprendido el regreso hacia la ciudadela, ante la inminente tormenta que se gestaba, tornando peligroso el descenso.
Estaba desorientada; la lluvia y el viento ya caían con fuerza, y comencé a buscar el sendero, para volver. Giré hacia el lado derecho, vi una pequeña flecha casi desdibujada, y supuse que tomaba el camino correcto. Lenta y cuidadosamente hacía los pasos, no se veía mas allá de los dos metros de distancia, el agua bajaba con fuerza desde la cumbre formando pequeñas cascadas que corrían arrastrando piedras, tornando más riesgoso el trayecto. Noté la vegetación espesa y algunos árboles que crecían en el precipicio, cubrían con su fronda el camino, formando un túnel sobre mí, haciendo que me sintiera más protegida.
Anduve durante aproximadamente una hora, hasta que llegué a la planicie, de no más de cien metros de lado. Sobre la pared de la montaña se abría una caverna, y un poco más allá los restos de una pequeña construcción “el Templo de la Luna”, y otras edificaciones, luego solo el precipicio, rodeado de árboles y lianas, y fue allí donde me di cuenta del error. Había bajado la montaña, pero hacia el lado opuesto, no había posible retorno sin escalarla nuevamente. Estaba agotada, el agua se había colado bajo la capa de lluvia dejándome empapada y seguía lloviendo. Decidí guarecerme en la gruta que tenía un cartel indicador, decía “La Gran Caverna”, era lugar sagrado, y según antiguas creencias la Luna protegía a las mujeres.
Mordisqueé un sándwich, tome algo de agua y me senté, mientras miraba, lo que parecían antiguas catacumbas. El silencio era roto solo por el sonido de la lluvia ó el aletear de algún pájaro buscando refugio. Los músculos dolían por el esfuerzo de más de tres horas de camino desde que salí de la ciudadela, y el temor comenzó a surgir. ¿Tendría fuerzas para enfrentar otra caminata? En este último tramo había cruzado frágiles pasarelas de madera, atadas con sogas, que se balanceaban sobre el vacío, sentía que la voluntad me estaba abandonando, pero apelé nuevamente a mi tozudez.
La lluvia estaba amainando, era hora de volver. La entrada a ese sector cerraba a las cinco de la tarde, y luego se verificaba si quedaban personas registradas sin regresar, para iniciar la búsqueda. Había escuchado que pocos meses antes un extranjero se perdió y no se pudo recuperar el cuerpo.
Levanté la mochila, la puse en mis espaldas, y comencé a caminar. Cada paso significaba un esfuerzo tremendo, las botas de escalar, parecían pesar toneladas, la ropa húmeda incomodaba; pero decidí hacer caso omiso a esos detalles y continué ascendiendo. Estaba arribando a la punta, cuando encontré un jovencito, sentado en uno de los descansos donde se ensanchaba la senda, los ojos mostraban angustia, tenía el jeans y una remera sin mangas totalmente mojados, los labios morados le temblaban por el frío y pude notar su alegría en cuanto me vio aparecer.
- Hola! - le dije - ¿qué haces aquí a esta hora? ¿Necesitas ayuda, te sucede algo?
Las palabras brotaban a borbotones, no quería demostrar mi alivio de encontrar otro ser humano en esa desolada senda, pues suponía que todos los visitantes habían regresado.
- Me sorprendió la lluvia, no traje equipo y hace frío. Yo entendí que la cumbre estaba más cerca, que solo eran unos minutos, mi familia está esperándome abajo.
- Toma mi capa de lluvia, ya dejó de llover, pero vos necesitas ponerte algo encima. ¿quieres un sándwich y un poco de agua?
- Si, gracias, tengo sed.
- Bien, es hora de continuar, ya es muy tarde. Vas por el camino equivocado, debes girar hacia atrás. Tenemos que ir la cima, y descansar un rato, para iniciar el descenso.
- No se preocupe, hace una hora que estoy sentado aquí, caminaré delante suyo y aviso que ya baja, así puede volver despacio, muchas gracias por su ayuda.
- Adiós amigo, nos vemos abajo.
Cuando llegue a la cumbre, ya no se veían rastros del muchacho, me senté agotada por el esfuerzo, pero ahora más tranquila, pues esperarían mi llegada.
La niebla aun cubría todo con un manto algodonoso, el viento helado parecía acariciarme, el sol se filtraba de ratos formando un arco iris majestuoso. Bajaba lentamente y desde lejos oí el lastimero sonido del erke, acompañado de parches y cascabeles. Recordé que ese día había un acto en que Macchu Picchu se postulaba a ser elegida como una de las maravillas del mundo; la emoción me superó e hizo el resto; ya no había lluvia, pero sentí el rostro húmedo por las lágrimas. Sabía que no debía levantar nada de la ciudadela, pues estaba prohibido; pero no me indicaron nada respecto a este lugar. Me agaché y recogí una piedra pequeña, no mayor que el tamaño de mi puño, desde la montaña sagrada de Wayna Picchu. La música interpretada con instrumentos legendarios me acompañaba envolviéndome mágicamente, y se perdía a lo lejos con el eco; pensaba en lo que había ocurrido e hice una promesa, al tiempo que apretaba fuertemente el trozo de roca.
Si había logrado atravesar este escollo, no habría en el futuro situación difícil que fuera insuperable. Cada angustia, cada pena, que afrontase; con solo mirar esa piedra – que acompañó mi regreso – podría resurgir el ánimo, me infundiría valor. Tenía la más absoluta convicción, que no existirían imposibles, si en ello ponía mi esfuerzo y voluntad.
Nuevamente estaba llegando a la ciudad sagrada; las nubes iban abriéndose. Macchu Picchu se veía hermosa al atardecer y los rayos del sol hacían resplandecer la Ciudad Dorada de los Incas…

(1) Cusco: En 1933, el XXV Congreso de Americanistas opta por el nombre CUSCO con ¨S¨, tomando como base el vocablo quechua QOSQO, que significa Centro u Ombligo de la cultura Inca o cultura del Tahuantinsuyo. También Cosco. En Perú se lo escribe con s.

(2) Wayna Picchu constituye un espolón que forma parte de la montaña, cuya base está bañada por el río Urubamba. Su nombre quechua significa “montaña aguja” o montaña joven” también llamada la nariz del Inca. Desde allí se pueden apreciar las construcciones de Macchu Picchu.

Magui Montero
Nota: Foto lograda por Magui Montero durante la trepada al Waina Picchu en el año 2007

domingo 11 de mayo de 2008

ESBOZO DE UN FANTASMA


El sol comenzaba a levantarse en el horizonte. Las nubes iban tomando un suave color rosado ruborizándose por la tibieza de los rayos que acariciaban cálidamente sus bordes. Los sauces movían la melena perezosa y cadenciosamente al soplo de esa brisa fresca que preludia la aurora.
Permanecía laxa, apoyada en el césped aun húmedo por el rocío nocturno; en tanto, las estrellas se esfumaban en el cielo brindando los últimos chispazos estertóreos en inútil rebeldía, negándose a desaparecer. Jirones de mi aura se esfuman y se concentran en ondulantes dibujos de tonos pastel y me hacen sonreír.
La belleza y el silencio de la noche quebrado por el desafinado cri-cri de los grillos, estaba dando paso raudamente al majestuoso paisaje mañanero, la claridad avanza. La luz se intensifica minuto a minuto y los pájaros inician su coro de bienvenida al Astro Rey.
Solitaria espectadora del nacimiento del nuevo día, a la orilla del río, de mi amado río; vislumbro el agua, engañosamente mansa; la misma que esconde en su vientre remolinos y concavidades, atrapando en su seno a todos aquellos que se atreven a dudar de esa bravura. De rato en rato escucho chasquidos de peces que saltan y vuelven a hundirse en el lecho, poniendo chispas de plata en la superficie del agua.
Lejos, en la semipenumbra matinal se intuyen isletas grisáceas cubiertas de matas, que recuerdo de un intenso verde a la luz solar.
El hermoso paisaje de inmensa paz me hace feliz, la naturaleza se brinda en todo su esplendor y agradezco en silencio a Dios por la posibilidad de disfrutarlo. No hay mayor goce en mi espíritu que haber podido despojarme de la vestidura corporal en este sitio tan bello, mientras dejo para siempre la tierra que me vio nacer.
Los pies de pronto adquieren levedad, ya no siento el pastizal besándome los tobillos, el contorno de lo que fuera mi cuerpo se disuelve lánguidamente y comienzo a elevarme. Enredándome en la copa de un árbol, jugueteo formando serpentina alrededor de dos palomas que revolotean haciéndome cosquillas.
Por fin, mientras Santiago se despereza, me recuesto en la algodonosa nube que me sustenta, cobijándome en este viaje de eternidad.
Soy y no soy. Mixtura de nube y alma, de sentimientos y sentidos que se van evaporando. Fluyo hacia el infinito. ¿Dónde voy? ¿Hay trascendencia en la muerte – vida? Ahora tengo la respuesta. Solo que cada ser deberá encontrarla en el preciso instante en que deje de ser fantasma para transformarse en luz.


Magui Montero
Nota: Fotografía de Néstor Miño - Cristo Blanco del río - Ciudad de Santiago del Estero - Argentina

viernes 9 de mayo de 2008

LA CAJA DE CUBIERTOS

Los recuerdos se entremezclan. ¿Quién sabe que es verdad o fantasía? pero gran parte de mi relato ocurrió hace ya muchos años y nos dio una lección de vida a mis hermanos y a mi.
Si vuelo en el tiempo, aun puedo ver la mesa tendida de nuestra casa y los reflejos que el tibio sol invernal ponía sobre los vasos prolijamente ordenados, a un lado la servilleta y el pan oloroso y crujiente colocado en la panera, esperando la hora del almuerzo.
Nosotros, jugábamos a los tirones, mientras aguardábamos la llegada de papá, quién exactamente a las 13,15 bajaba de la bicicleta con el mameluco enrollado en el porta-equipajes.
Corríamos a su encuentro, peleándonos sobre quién recibiría el primer beso (por supuesto, se las ingeniaba, para que llegáramos juntos). Mamá observaba el cotidiano juego, sonriendo, y comenzaba a servir humeantes platos de la infaltable sopa.
Desde pequeña sentí un especial orgullo por el trabajo de mi padre en los talleres de la vieja Usina de Agua y Energía; me agradaba el olor de su mameluco y de sus manos, mezcla de gasoil y otros desconocidos elementos para mí. Yo siempre decía “olor a trabajo”; sentía que su labor era importante. En mi inocencia, imaginaba que si mi padre no cumplía con su tarea, toda la ciudad quedaría a oscuras, pues los motores de la Usina, nunca debían dejar de funcionar. Al paso del tiempo, llegué a comprender que ese sentimiento me lo había transmitido él mismo, por la alegría y responsabilidad con que hacía su trabajo de mecánico tornero.
Fue durante la conversación de un almuerzo, (en la cual no debíamos hablar y solo escuchábamos lo que se decía) que comentó acerca de la ruptura de la maquinaria en una hilandería que había en la provincia.
Se lo notaba preocupado, la fábrica estaría parada y allí trabajaba mucha gente humilde, que necesitaba ese jornal.
La pieza debía ser traída desde Alemania (donde había sido adquirida la máquina hilandera) o hacerla en Buenos Aires, pero debían desmontarla y no había elementos con que llevar a cabo algo tan complicado, por las dimensiones que tenía.
Los días pasaban hasta que alguien comentó que Santiago contaba con personas capacitadas para desmontar y hacer la nueva pieza, pero solo había una pluma adecuada y un torno capaz de construirla, y pertenecían a Agua y Energía Eléctrica de la Nación.
Llamaron a mi padre para preguntarle; y les respondió que él mismo podría hacerla, fuera de su horario habitual, pero era solo un obrero y se necesitaba permiso de la máxima autoridad del Organismo.
Los responsables de la Hilandera hicieron los trámites, y la autorización llegó. Mi padre pidió a otro compañero que lo ayudara y se abocaron a la difícil labor.
Durante dos semanas, lo veíamos llegar cuando ya había oscurecido, agotado por las largas jornadas, con la vista enrojecida, porque era un trabajo de precisión y debía salir perfecto. Hasta que una tarde llegó feliz y dijo – ¡Ya está! ¡La hilandera funciona nuevamente!
Supimos por mamá que le preguntaron cuanto cobraría por esa labor, y con su humildad de siempre respondió que no correspondía, porque lo había realizado con herramientas del Estado.
Algunos días después, estábamos sentados tomando de merienda, nuestro mate cocido, cuando golpearon la puerta.
- ¡Papá, te buscan dos señores de traje! Papá fue a recibirlos y luego llamó a mi madre. A los pocos minutos pasaron al comedor. Mis hermanos y yo curioseábamos desde la cocina y escuchamos estas palabras… - Señor, sabemos que no quiso cobrar por su trabajo, pero la Hilandera y muchísima gente está en deuda con usted; permítanos al menos hacerle un presente a su esposa. Mi padre aceptó, y los hombres pusieron en manos de mamá una caja grande, envuelta en papel de seda, con un lindo moño dorado y tarjeta.
Cuando se retiraron, mis padres colocaron el regalo en la mesa y rompieron la envoltura; era una caja con cubiertos labrados prolijamente y colocados en su lugar sobre gamuza azul.
Mamá abrió muy grandes sus hermosos ojos azules y murmuró – Es bellísimo, muy fino, no sé si alguna vez tendremos oportunidad de usarlos… Durante años, la caja estuvo guardada arriba del ropero de mis padres. Ya adultos, cuando se casó la menor de mis hermanos, mis padres resolvieron regalárselos, pues nunca los habían sacado del estuche. Era como una fina joya en las manos de un obrero, algo demasiado lujoso para nuestra sencilla mesa.
Hoy vi la caja en casa de mi hermana, la abrí y pasé los dedos suavemente por el labrado que tan bien recordaba. Aun sigo creyendo que nunca serán usados. Para nuestra familia no es un estuche con vajilla; es un diploma al honor, una medalla a la hombría de bien, la humildad y la decencia de un obrero santiagueño.


Magui Montero

miércoles 7 de mayo de 2008

LA TORRE


Caminaba de regreso, la jornada había transcurrido llena de tensiones. El trabajo se estaba acumulando; las fuerzas y la voluntad le jugaban una mala pasada, sutilmente todo se volvía poco a poco anodino, gris, descascarado. Era el mediodía, la gente se agolpaba en las paradas de colectivos, los automóviles pasaban rápido y tocaban bocina nerviosamente, cada uno con el apuro de llegar a su casa.
Tenía los pasos cansados; se dejaba besar por el viento y el sol, sin tener conciencia de que la rozaban. Miraba las vidrieras sin verlas, los cristales parecían azogados; en ellos, podía observar su propia figura reflejada, erguida, con un toque de orgullo, para quienes se cruzaban en el camino, porque no conocían el peso que cargaba en las alforjas invisibles de su espíritu. No había urgencia por llegar, nadie esperaba, solo el pequeño perro negro, que olfateaba y movía la cola cada vez, que abría la puerta de la casa, dando su bienvenida.
La vida se deslizaba, seguía su curso, sin embargo, parecía que ella había quedado a un lado. Nada lastimaba demasiado, ni la alegraba más allá de lo razonable. Seguía un ritmo marcado por las horas que continuaban pasando y la rutina calcaba, reiterando iguales mañanas, tardes y anocheceres.
En su eterna búsqueda de equilibrio, fue abandonando poco a poco todo lo superfluo, ni mucho llanto, ni mucha risa, hasta trastocarse en una caja de pocas aristas, pequeña, hueca y vacía. Su otrora brillante mirada se había opacado, manejándose a tientas, llevada solo por la intuición.
Ya no existían los suspiros, ni los gemidos; el nexo con las personas que amaba y estimaba se iba diluyendo, pero aun estaba. Cada vez un paso más atrás, seguía al alcance de sus brazos; tratando de mantenerse cerca cuando tropiecen, y así poder evitar que se lastimen.
Era un difícil destino, signada a ser apoyo de todos; palabra amiga, compañía, consejera en momentos angustiosos, pero ella también necesitaba respaldo; el bastión de la entereza estaba cayendo.
Los cimientos iban perdiendo sustento y poco a poco ganaba la tristeza. La suficiencia y el meticuloso prestigio de ser la más fuerte, fueron aislándola, como una torre que se yergue en el desierto.
Su soledad era arena de un páramo que la rodeaba y estaba sorbiendo el agua de la vida; la torre podría derrumbarse y no quedarían vestigios de lo que alguna vez fue.
Hasta que la mujer comprendió con el paso del tiempo que no estaba sola, había personas, que ella no supo percibir… Después de largas cavilaciones y dudas, descubrió que en realidad todos esos seres formaban su basamento; no debía caer, la estructura de la torre aun tenía fortaleza, a pesar de los vaivenes de la vida, debía mantenerse intacta.

Magui Montero

martes 6 de mayo de 2008

hay que seguir

Si… hay que seguir.
Problemas domésticos,
dramas cotidianos,
me arrastran en un vórtice sin fin;
pretendiendo que no ocurre nada,
que todo está perfecto,
construyendo un mundo
de cartón pintado
y felicidad fraudulenta.

Y por dentro?
Y el agujero en el alma?
Y las oquedades como cavernas
oscuras y resecas??
Eso no debe verse…,
no está permitido mostrarlo.
La gente vuelve la cara,
porque es demasiado fuerte
ver en otro el agobio y el dolor,
que quizás también por amor
sufren ellos calladamente.

Los ríos de lava candente
que corrían por adentro
se han secado aquí en mí pecho,
formando corteza dura,
y ningún cincel logra romper
esa perfecta armadura.

Tu amor lejano y perfecto
como la brisa de abril,
es solo hermoso recuerdo.
Fui un alegre barrilete
Que acariciaba las nubes
tratando de llegar al sol,
y en mi afán por alcanzarlo,
cortó el sedal desgastado,
y el cordaje quedó suelto.
Siento que me estoy cayendo
en espirales violentos
que anuncian mi destrucción
al llegar a tierra, rauda.

¿Y tú? ¿Acaso ignoras lo que sucede?
Tu voz cálida, pausada, tranquila,
impulsándome a seguir calmada,
a confiar en el futuro,
a continuar esperando…
el tiempo de los brotes,
o la estación de la cosechas.
Y el tiempo sigue su curso…

No!! No puedo!!
Muero por gritarte que no alcanza!!
Necesito tus brazos, tu piel,
tus ojos como saetas de ébano
traspasando mis entrañas,
haciendo manar nuevamente
el geiser de mi amor salvaje, bravío,
estoy sedienta como la arena del río.

Más… estás tan lejos!!
No escucharías mi grito.
Problemas domésticos,
dramas cotidianos
cubren tus sentidos.
Simulas que no ocurre nada,
Que todo está perfecto…

También estás armando
tu mundo pequeño…
de cartón pintado
y felicidad fraudulenta.

Magui Montero

viernes 2 de mayo de 2008

EL NIÑO CIEGO

Tibia jornada de otoño, la plaza luce solitaria pero tan bella!! Los árboles están desnudando su cuerpo poco a poco y un manto dorado cubre las veredas que resplandecen bajo el sol mañanero.
La brisa juega con mi cabello, mientras permanezco sentada, con los ojos entrecerrados, como intentando esconder la mirada; pero en realidad esto sirve solo para fijar dentro mío lo colorido del paisaje. Las aves revolotean en amplios círculos disfrutando de los vaivenes del suave viento otoñal.
En la caja de arena, cercana a los juegos infantiles, un niño balbucea y sus gorjeos se entremezclan con el de los pájaros. La joven que aparenta ser su madre, un poco alejada, lee un libro, pero sin dejar de levantar la vista de a ratos para mirar al infante.
Desde este lugar, puedo observar todo sin ser descubierta, mi inmovilidad hace que no pueda ser percibida fácilmente. El niño de cabello oscuro, regordete, tiene un peluche entre las manos y lo acaricia con suavidad; despertando mi interés. ¿Por qué no corretea hacia donde están los juegos? ¿No le llaman la atención? Su boquita roja y húmeda besa el muñeco, lo mece y lo toca, mientras sigo haciéndome preguntas silenciosamente.
La curiosidad me fue ganando poco a poco, y luego de titubear, temerosa de romper el hechizo del momento, voy acercándome con lentitud; con miedo a que el pequeño se sorprenda y rompa en llanto; pero sigue con toda su atención puesta en el juguete. De a ratos lo pasa por su carita y ríe nuevamente.
La mujer se levanta cuando me ve cerca de la criatura, y saluda con un cálido – hola! y una linda sonrisa, que me hace responderle de igual forma.
- Que hermoso niño, digo casi susurrando.
- Sí, es hermoso, contesta llena de orgullo.
- Me despertó mucha ternura ver la forma en que acaricia su muñeco.
- Lo está conociendo – dijo.
- ¿Cómo? No comprendo.
- Es la manera que tiene de explorar el mundo, el juguete es nuevo y mi hijo ciego. Lo es desde el día que nació, por eso tiene una forma especial de tocarlo.
Avergonzada, acaricié el rostro del chiquitín, me despedí de su madre y comencé a alejarme lentamente, mientras trataba de asimilar el impacto que me causara la conversación.
Reflexioné sobre el vínculo del dulce chiquillo con el animalito de peluche, sus gestos afectuosos y la conducta diferente de los adultos.
Las personas vivimos cubiertas por una fachada que nos impide exteriorizar lo que sentimos. Si tan solo tuviésemos actitudes y manifestaciones de AMOR en cada cosa que hacemos, si expresáramos abierta y libremente nuestros sentimientos, si la ternura fuese un nexo habitual para relacionarnos, quizás eso nos fortalecería. Podríamos encontrar la energía necesaria para seguir adelante, en un mundo superficial, donde la urgencia por crecer económicamente y la anarquía del orbe moderno, nos ha extraviado la coherencia por las cosas importantes.
Ciego? El niño era ciego? Quizás si, para percibir colores, para mirar objetos; pero la ceguera del mundo era mayor. Nos negamos a irrumpir en el mundo de los sueños, desplazando la calidez de los sentimientos por la hipocresía de parecer, del que dirán; y en nuestra ceguera eterna, permanecemos solos y aislados, pero fieles a la concepción de vida que la sociedad nos impone… parecer más que ser.
El tenue viento se hizo más intenso, me estremezco. No sé si es por el frío, o por la impotencia de vivir encarcelada por los escrúpulos, atrapada por la mojigatería, como siempre y para siempre el: “Ser correcta hasta la tumba…” Podemos elegir entre parecer o serlo verdaderamente…

Magui Montero

martes 29 de abril de 2008

Silueta Nocturna

Quieta, semeja una sombra de tan relajada,
el cuerpo plegado tendido en la cama
La mujer espera y el reloj avanza,
mientras el silencio nocturno la atrapa

Ella está soñando con su amor secreto,
aquel que se esconde tras de los celajes
Al que no se nombra ni aun en susurros
y templa su cuerpo con besos salvajes

No debe intuirlo ninguna persona,
la envidia la acecha y el temor renace
El vendrá a escondidas, desde allá, muy lejos
es amor prohibido, pase lo que pase.

“La noche está oscura…
Ni una estrella late…”
Dulzones jazmines rozan con su aroma,
sugieren y besan la boca insinuante,
La brisa acaricia su vientre desnudo
y arranca suspiros al cuerpo que arde.

Por dentro lo sabe, no es vana la espera
él siempre estará, aunque ella lo guarde
porque entre los sueños de dulces quimeras
ya tuvo en sus brazos al fogoso amante.

Magui Montero

lunes 28 de abril de 2008

PENSAMIENTOS LIMPIOS

Cuantas veces hay sucesos o palabras que se leen y despiertan reflexiones. Los libros abren puertas al conocimiento, hacen soñar, recuerdan seres queridos, imaginar situaciones vividas, y lo maravilloso que tiene la vida. Las alas de la ilusión que uno creé que están rotas o no existen, siguen ahí, aunque tienes miedo de golpearte de nuevo cuando sufres desilusiones.
Y piensas; puede suceder que no estés de acuerdo con lo que otros autores escriben, o los razonamientos sean diferentes; sin embargo eso te hace observar mejor, limpias la mirada y encuentras que todos desde los diversos ángulos en que opinemos, tenemos cosas comunes. Es tratar de mejorar, no hay quien haga las cosas, apostando a lo que es incorrecto o malo para sus amigos o su familia. Algunos tenemos más pudor o nos cuesta compartir sentimientos, pero eso no depende de lo que esté dentro del corazón, sino de la facilidad con que uno cuente para expresarlo.

Hace poco leí que a las cosas viejas hay que tirarlas u olvidarlas, ¿Por qué? No necesariamente lo que es viejo es sinónimo de inservible. Las tarjetas que se guardan te hacen recordar momentos gratos compartidos. Es maravilloso poder ver ancianos disfrutando a lado de sus nietos, y a la gente adulta transmitiendo sus experiencias a los más jóvenes.

Se puede rescatar todo lo que la gente madura nos enseña; el trayecto, el ejemplo, o incluso los desaciertos propios o ajenos, son buenos para no repetir errores al paso del tiempo. Allí nos dirigimos, al nudo principal de este tema, la Educación. Cada acción de un adulto es ejemplo, bueno o malo para los más jóvenes.

Al que tropieza, se lo debe ayudar a incorporarse. Si así no fuera, ¿Cómo nuestros niños aprenden a caminar? La enseñanza debe ser realizada por medio de la ternura y la palabra grata; los gritos asustan, la agresividad de palabra o de hecho lastiman el alma y dejan cicatrices que son difíciles de borrar. El cariño aunado a la firmeza, como método de educación, permiten conseguir idénticos resultados.

Los seres humanos debemos aprender a comunicarnos, la belleza de la convivencia sin agresiones nos permite crecer a todos. Lo que se debe exigir, es respeto, tener ideas claras, pero inevitablemente no se puede renunciar a normas de conducta y es dentro de la familia donde se aprende a desarrollar nuestro comportamiento en sociedad. La verdadera libertad reside en hacer las cosas correctas, siendo uno mismo y respetando a cada uno de los seres que nos rodea.
Se debe continuar creciendo, para el bien de todos, buscando un equilibrio, evitando lastimar a quienes son parte de nosotros.
Magui Montero

viernes 25 de abril de 2008

EL YAGUARETÉ

No hay frontera, nada dice que es el límite de tres provincias. Los árboles, centenarios vigilantes de la selva, en apretado abrazo enlazan sus ramas, unidos por cientos de cordajes que forman las enredaderas.

Sobre la bóveda vegetal, la luna llena cubre de plata la noche, incrustando su luz como una saeta, en los resquicios que deja la fronda y salpica de lentejuelas los humedales. La quietud, solo es herida de a ratos por el grito de algún pájaro nocturno, el sonido del cascabel de una víbora, o las breves carreras de los ratones.

Una mullida manta de hojarasca, restos de corteza y pastizales, amortigua el sonido de los pasos; aquí está en su mundo, libre y silencioso. El yaguareté, detiene sus movimientos, ha elegido quedarse cubierto por una mata de hojas, cerca del desnivel del terreno. Desde allí puede observar la aguada, donde van a abrevar los animales. El instinto le dice que encontrará sustento adecuado y permanece agazapado esperando a la presa.

Debajo del negro antifaz que ofrece la noche, sus ojos brillan con destellos esmeralda. Nada hace percibir que está vivo, con las orejas enhiestas, el hocico en alto tratando de ventear algún animal que le permita alimentarse.

De pronto, una guasuncha (1) - el cervatillo del monte - se acerca al lugar; mira hacia los lados oteando y se encamina con precaución al charco. El yaguareté aguarda, es la eterna lucha por la subsistencia, no hay odio, no hay perversidad, solo hambre.

Triunfa la sagacidad, y de un solo zarpazo somete al venado. Meticuloso rasga, muerde y traga hasta quedar saciado; toma un poco de agua y queda descansando a un lado de los restos de su pitanza; nuevamente quieto, pero esta vez adormilado, con el apetito satisfecho.

A la luz nocturna se pueden percibir las manchas oscuras en su piel dorada. Es un ejemplar adulto, bien alimentado, el entorno selvático le brinda todo lo necesario para mantenerse. Nunca se acercó al poblado, conoce a los hombres y trata de mantenerse alejado de ellos; solo los vio a la distancia, pero su natural intuición le dicta que es peligroso; es la cautela del que sabe sobrevivir en un medio donde el descuido puede costar la vida.

Pasan las horas, la moneda de plata ha rodado hacia el oeste en el firmamento, está comenzando a amanecer, y con ello, la búsqueda de sustento. De pronto, alza la cabeza, olfatea y se mueve inquieto.

Hay un rumor distinto que hiere el aire. Los pájaros se alzan con chillidos de miedo, siente el golpetear de cientos de patas atropellándose en tumultuosa estampida y un olor diferente. Voces humanas, ruido de maquinarias; los seres humanos, en su afán de lucro, están limpiando terreno, no respetan límites; están hiriendo sin saberlo o a sabiendas, el habitad de este y otros animales. Pero el espontáneo sentido de supervivencia del yaguareté, lo lleva, junto a los que como él, eligieron la senda del que lucha por sobrevivir, a desplazarse más hacia el norte y seguirse procreando.

El yaguareté no está derrotado, es un animal que no puede ser fácilmente vencido. Buscará algún lugar, donde aun el hombre no pudo invadir; jornada a jornada, se internará más en la selva, alejándose de las apetencias humanas, llegará a pozos y vertientes inexploradas… hasta que un humano alcance ese paraje y decida, que la fertilidad de esa tierra es buena para sembrar, o que los árboles de la zona representan un negocio rentable.

El hombre continúa destruyendo. Poco a poco seguirá aniquilando la naturaleza e inexorablemente va signando su propio futuro. No lo sospecha, pero está ligando el presente al momento en que comiencen a desaparecer muchas otras especies; porque en su feroz apetito irracional por la riqueza, terminará matándose a si mismo.

(1) guasuncha también conocido como guasuncho ó corzuela
Dedicado a la Lucha por la vida y la defensa de las especies en extinción
Magui Montero

MIS CIELOS

Me revuelvo en la cama, noche de calor intenso y chicharras, las voces que dicen frases desde una emisora radial y hacen retroceder en el tiempo, a otras veladas en que por una razón diferente, también quedaba pegada a las locuciones que susurraban cosas, menos bonitas, más angustiosas.
Invierno, frío intenso, el mate que acompañaba largas madrugadas sin sueño, pensando en seres que estaban allá, muy lejos de su provincia, defendiendo un pedazo del arrebatado suelo argentino; esperábamos una señal, noticias buenas, algo que nos dijera que todo estaba bien y lo que mi mente perversamente imaginaba, eran solo pesadillas.
Mis chicos debatiéndose entre el frío, el miedo y la oscuridad, aferrados a las armas, mientras sus labios resquebrajados murmuraban los nombres de sus seres queridos o musitaban la protección de Dios en oraciones que fortalecían el espíritu, totalmente convencidos de hacer lo correcto, defendiendo ideales profundos; con la convicción de saber dentro de si, que no importaba entregar su juventud, ni su sangre, si ello era necesario, para defender la Patria.
Los gritos, los ayes, las explosiones, la humedad de ese suelo barroso, tan extraño y tan suyo. La incongruencia de lo desconocido y lo intensamente amado, del hambre atenazando las entrañas y los dedos agarrotados esperando un nuevo amanecer, suspirando por un día con sol que les recordara la tibieza del terruño, mientras la niebla lo cubría todo.
Y me sentía junto a ellos, los pensaba. Ya estaba hecho, errores acumulados por quienes decidían el futuro. ¿Que importaba de quien eran las culpas? Eso no era concluyente.
Ha pasado el tiempo, vuelvo al intenso calor del verano santiagueño y las Malvinas lejanas y profundamente insertadas dentro mío.
Me revolvían las entrañas las burlonas risas de quienes no entendían nada, porque no tenían el mínimo respeto por mis héroes muertos, aquellos que descansan en las profundidades del mar o en cientos de anónimas cruces blancas, en medio del eterno viento del sur; rodeadas también de un cerco blanco; y el sol que no entibia ni un poquito ese pedacito de tierra argentina.
Ha vuelto la Paz, pero a través del tiempo he aprendido a aceptar a los irresponsables, a los inmaduros de corazón, a los poco o nada enamorados de nuestra tierra, y sin embargo la diaria convivencia con ellos me enseña que también son hermanos argentinos.
Aunque hay quien no lo llegara a valorar, un puñado de otros muchachos nunca volvería junto a los suyos; habían quedado para siempre en nuestro usurpado Territorio Nacional, por el que dieron su vida. Estaban bajo un igual cielo hermanándonos a todos, porque aun lejanas, Las Malvinas ES MI PAÍS, ARGENTINA.

A los soldados de mi patria
NOTA: LA FECHA EN QUE LO PUBLICO, NO ES UNA MERA COINCIDENCIA.
Magui Montero

miércoles 23 de abril de 2008

DEBAJO DE LA PIEL

¿Qué me hace elegir el tema sobre el que escribo? No lo sé. Puedo llamarla signos: una palabra, una persona, un sonido, una imagen, un recuerdo y de pronto es un rayo de luz en la mente; entonces la idea fructifica rápidamente.
A veces tengo dentro de mí una nebulosa, otras es como el mar que arrastra, nunca sé dónde o cómo culminará un cuento, un relato, una reflexión. Probablemente la mayoría de los que acostumbramos escribir apasionadamente, sin mayores conocimientos de la técnica literaria, tengamos similar forma de iniciar un manuscrito, orientados por la necesidad de volcar en papel lo que poseemos en el corazón, y Dios nos lo susurra al oído.
De pronto me transformé en un árbol, en el paisaje, o en otra persona. Desde allí puedo contar las experiencias de tantos seres diferentes, mimetizándome bajo su piel. Algunas son las cosas bellas que la vida ofrece; contrariamente, otras dolorosas y difíciles, surgen pugnando por salir del pecho.
Quizás pueda explicarlo con un ejemplo muy vívido. Hay unas palabras que suele repetir mi madre, quien a su vez las escuchó de la suya; cuando le preguntan a cual de todos sus hijos quiere más o quién es su preferido, ella siempre responde del mismo modo: Mira mi mano, mis dedos son diferentes, pequeños o grandes, finos o gruesos, pero si me das un golpe en cualquiera de ellos, la intensidad del dolor será igual; lo cual de otra manera manifiesta las palabras que una vez nos dijo Jesús “En verdad les digo que cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mi” (*)
Creo que es la forma más clara que encontré de expresar el porqué voy cambiando de apariencia para narrar o explicitar sensaciones y hechos que ocurren en cualquier lugar del planeta.
Las plantas, los animales y las personas sentimos, sufrimos o amamos; al meternos dentro de su piel, es como podremos asimilar nosotros mismos su sensibilidad y explicar lo que diferentes seres viven. La percepción es confusa hasta que comprendo y las palabras me permiten describir emociones que no sabía se encontraban dentro mío.
Mis escritos solo tienen un sentido; llegar a las fibras íntimas de cualquier persona, sensibilizar a todo aquel que tiene oportunidad de leer mis impresiones, ayudarles a recordar que la naturaleza debe ser respetada porque todos formamos parte de ella; si intentas destruirla, no olvides que aquí estamos y somos parte suya.
La mejor sugerencia es ponerse en el lugar del prójimo tratando de sentir lo mismo; si lo consigues, estarás cumpliendo una misión en la vida y por humilde que la contribución sea, igualmente tendrá la consistencia de lo trascendente, pues ayudará a forjar un mundo mejor.
(*)Cita de La Biblia – Mateo 25. 40
Magui Montero

martes 22 de abril de 2008

LA IMAGEN

Las personas imaginamos diferentes cosas de acuerdo a lo que nuestros sentidos perciben. Los gestos que puede ver una persona sorda, las sensaciones través del tacto o el oído en los ciegos; hacen que tanto para quien transmite el estímulo como para aquel que lo capta, puedan ser percepciones diferentes o similares, de acuerdo a la emotividad de cada individuo, la manera en que lleguen los estímulos y el conocimiento que tengan uno del otro.
Esto puede suscitar que el mensaje corporal, táctil, auditivo o gestual sea advertido de forma confusa o exagerada; aunque generalmente sucede que quién repara en ello, está mejor preparado, porque al ser conciente de que no puede usar uno de sus sentidos; se acrecienta la capacidad de captación a través de los restantes y tiende a equilibrar la desventaja.
Esto mismo sucede con las personas que cuentan con todas sus aptitudes sensoriales, pero por diferentes motivos no pueden “ver” a quien transmite el estímulo; sin embargo cuentan con algo que puede suplir perfectamente este sentido, construyendo una imagen mental de acuerdo al timbre de voz, los requiebros, las pausas, la entonación, las palabras y frases que emplea.
La situación que refiero ocurre cuando se conversa telefónicamente con alguien a quién no se conoce, o cuando escuchamos a un locutor o locutora radial. Exactamente a la inversa sucede al leer una frase escrita, en una conversación de Chat, ésta puede tener diferentes interpretaciones o ser sacada de contexto si no escuchamos la fuerza o entonación, dadas solamente por la voz, ello no puede ser reemplazado ni compensado, con signos de puntuación o exclamación; aunque la sensibilidad hace que igualmente pueda crearse un puente de comprensión.
Cuando oimos una voz femenina suave, agradable, bien timbrada, la imagen mental que se crea es la de una chica joven, educada y bonita. En consecuencia, cuando escuchamos palabras groseras, soeces, torpezas que intentan ser graciosas, o se trata en forma desconsiderada a quien oye, inmediatamente lo imaginamos desagradable.
En otras ocasiones, quizás equivocadamente, uno piense en alguien serio y formal, pues es la “imagen” que trata de mostrar, pero siempre que la persona receptora sea sensitiva, podrá descubrir el verdadero ser.
No importa en realidad como sea físicamente quien está del otro lado emitiendo un mensaje; su repercusión dentro de otro ser, está dada por lo que emana de su interior, la calidez y las inflexiones de la voz, el cariño, el respeto y la consideración, las bromas dichas con tono agradable y divertido. De esta forma, la idea proyectada hacia quien la percibe, será siempre hermosa, porque lo que está forjado con el corazón y el espíritu une más allá de todo lo que los ojos puedan visualizar.
Magui Montero

jueves 17 de abril de 2008

LA TRAMPA

Me gustan los desafíos, acuso los golpes, pero puedo responderlos. Probablemente la manipulación de la que soy objeto, para diversión o entretenimiento de algunos aburridos, no afecta mi espíritu, sin embargo sirve para acompañar tardes sin demasiadas cosas por hacer, o mucho por realizar pero pocas ganas, porque significa renunciar a otras banalidades.
Creo que la principal idea parte del porque sigo este juego; cual es el sentido que tiene responder a las situaciones que enfrento. La mente es algo extraño, nos hace sacar lo guardado dentro, mezcla de sentimientos y pensamientos; esto puede ser bueno o malo, depende de cada uno, probablemente surja todo simultáneamente, ayuda al análisis que habitualmente se realiza en silencio, fuera de lo que otras personas puedan opinar.
Al poner estas ideas por escrito, uno mismo se enfrenta con sus miedos y hasta la indiferencia con que actuó frente a determinadas situaciones. Puedo afirmar que realmente sirve para poder crecer como ser humano; de nada valen las amenazas, simplemente expreso lo que creo mejor tanto para las personas que amo, como para quienes son parte de mis afectos. Aquí no es importante la actitud de “los otros” importa cual es mi forma de vida, cambiar actitudes y ser ejemplo; no solo a través de lo bueno, sino para que lo malo no envenene nuestra existencia.
Cuando repito palabras, cuando elijo sinónimos y no los encuentro, cada hoja del diccionario en un chispazo, que parpadea frente a mi, puedo elegir captar la idea o pasarla por alto, pero inevitablemente debo ver que es lo que se sugiere.
¿Esto significa que puedo ser moldeada y obligada a hacer lo que yo no deseo, o lo que otros quieren que haga? No lo sé, supongo que quiera o no, finalmente terminaré aceptando que la presión de la que soy objeto es agobiante; pero hay algo en lo que seré criteriosa; no haré algo en contra de lo que son mis propias pautas de conducta. Sé que tengo valor para resistirme a las trampas que se ubican frente a mí, pero las observo como pruebas que Dios puso en mi camino para abrirme los ojos.
Algunas veces nos vemos en situaciones en que debemos reprender a nuestros hijos, pero eso no significa que no los amemos, solo tratamos de ayudarlos. Leo y releo, cada frase, las palabras se van transformando y toman diferentes sentidos. ¿Es un juego de ideas? ¿Estoy siendo usada para expresar algo diferente? ¿Porque a nadie se le ocurrió hablarme frontalmente y decirme que es lo que sucede? ¿Soy parte de un experimento o simplemente es mi imaginación? Creo que algún día terminaré por ver todo claramente, o al menos eso es lo que espero.
Debo aceptar que estoy cambiando; tengo errores, aunque cada momento siento que es más fácil caminar sin tropiezos. La adaptación resulta difícil; pero sé que puedo llegar a lo que me propongo, esforzándome. Trato de no defraudar a las personas que creen en mí y cumplir con mis promesas; los sentimientos me hacen sufrir, tengo la certeza de que estoy haciendo lo más adecuado, pero actuaré pausadamente.
Unas frases que tengo presente son imprescindibles para cerrar estas palabras. “Hay quienes intervienen para que algo pase, hay quienes observan lo que pasa y hay quienes ni se imaginan que está pasando” Aunque dentro de mi, hay otras más valiosas: “Quizás la grandeza de un oficio consiste más que nada, en unir a los hombres. Solo existe un lujo verdadero, y es el de las relaciones humanas” es de alguien a quien admiro A. de Saint Exupery, el autor de “El Principito”.

Magui Montero

martes 15 de abril de 2008

QUERER O AMAR Y EL VERDADERO AMOR

Tantas veces uno se pregunta ¿qué es el amor? Lo piensa, lo escribe, lo analiza, lo vive o al menos creé que lo vive, cuando es confundido con la pasión, con el afecto o la amistad.
Siempre pensé en AMAR Y QUERER como sinónimos. Nunca había analizado las diferencias intrínsecas entre ambas, y la vida me enseñaba una lección que nada tenía que ver con la lingüística ni la gramática.
El nudo de todo partía del inmenso dolor que sentía y que me hacía suspirar como una adolescente, cuando ya no lo era.
Explico el QUERER como una etapa anterior al AMOR, o quizás el camino que puede recorrerse en su búsqueda. Es ansia de llegar al AMOR, tiene vinculación con anhelar algo que se puede o no obtener. Es más material, más humano, más cercano a las apetencias y deseos de posesión. Se puede querer sin llegar nunca a amar. El querer exige devolución; es hambriento de placer, atrapa, absorbe hasta que consigue lo que busca, y generalmente si no se transforma en AMOR, luego se diluye.
Los sueños del que ama naufragan en la playa del que quiere, hasta que se muere el deseo, el placer o la satisfacción, en la eterna búsqueda de algo mejor, más nuevo o adecuado. El que quiere no sufre, solo cambia de elemento, dejando de lado lo anterior y partiendo tras lo nuevo, lo desconocido.
Pensaba el “AMOR” como un sentimiento espiritual relacionado con lo estrictamente familiar, se ama a hijos, hermanos, padres, sobrinos, nietos y abuelos; algo ideal, como el amor a Dios, a tus cóngenes, al arte. Lo tenía presente bonito y puro, relacionado con la incipiente adolescencia, cuando creemos en la perfección de las cosas y se vincula con una mirada tierna, un bello paisaje, manos entrelazadas o algún poema mal escrito pero intenso.
Al pasar los años, fui convenciéndome de la inexistencia de eso que llamábamos AMOR entre un hombre y una mujer, llevado al plano de lo material. Asimilé que al tratarse de un sentimiento, significaba algo perfecto, ideal e insustancial; se intentaba alcanzarlo pero nunca se podía. El vínculo que enlazaba la pareja tenía mucho de cariño, tolerancia, costumbre y comodidad. La gente se contentaba siempre con lo más fácil de conseguir, solo quería. Escuchaba una y otra vez de infinidad de personas parecidas respuestas “…si, lo quiero, pero…” “si, aún estoy con ella, no?” “dije que sería hasta que la muerte nos separe” Las frases tenían mucho de resignación y poco de convencimiento.
Cuando alguien se animaba a romper lazos porque no encontró lo que buscaba como sinónimo del AMOR idealizado, podía oír distintos interrogantes “¿porqué se separaron, si se llevaban bien?” “¿él tenía otra persona?” “¿está con otra pareja?” Nunca se preguntaban si se habían amado alguna vez. Todo indicaba que la gente estaba junta por lo que yo definía como QUERER; sin embargo, el AMOR es dar, entregar todo; abrir el corazón sin mezquindad. Tener un paso delante de uno mismo al prójimo, sin egoísmos. El Amor no espera retribución ni recompensa; se construye.
En realidad a mi criterio el amor es una diversidad de varios sentimientos sumados; y en la primera etapa de una pareja, esa mixtura incluye también la sensualidad y sexualidad, como una de las formas de expresar la intensidad de emociones; es espíritu, unido a lo corpóreo.
Pensemos también en lo que algunas palabras intentan decirnos, con la libertad de separar su etimología o no, observemos el significado de “sentimiento”: senti – miento; por si misma nos dice que los sentidos mienten, y al profundizar en ello elaboramos mentalmente que lo físico, lo erógeno, generalmente es falso o pasajero y hay trascendencia en aquello que tiene belleza espiritual, como comprensión, compañerismo, amistad, tolerancia. Por si mismas y aisladamente tal vez no tengan fundamental importancia, pero adquieren relevancia cada una de ellas como elemento integrador del verdadero amor.
¿Existe el amor sin pasión? Hay dos respuestas posibles, y para muchos puritanos probablemente la respuesta sea si existe. Sin embargo, al escuchar las opiniones de ellos mismos, categóricamente deberían responder en forma negativa, pues aunque lo erógeno no sea parte del juego, se pone pasión en defender la Fe, la amistad, una opinión acerca de alguien a quien se le tiene afecto; y hasta cuando somos engañados y sufrimos deslealtad o mentira, ponemos pasión en negarnos a ver un ápice de maldad en lo que nos están demostrando al quebrantar la confianza depositada.
Sea verdad o mentira, seas ganador o perdedor en la eterna lucha de los sentimientos y los sentidos, siempre serás triunfador porque saldrás victorioso sobre lo trivial, lo chabacano, lo insignificante, al creer en el AMOR.
Probablemente te destruyan y despedacen ante los ojos del mundo, escuches a tus espaldas el carcajeo sarcástico y burlón de quienes se suponen mejores, los envidiosos, los vengativos y los que no comprenden; pero para aquellos en que lo espiritual está alejado de lo banal, siempre serás un ganador. Finalmente habrá vencido en su lucha el VERDADERO AMOR, aquel del cual muchos hablan pero pocos lo reconocen. Y allí volvemos al inicio…
¿Qué debe contener en si, para ser definido como AMOR? Creo que a todo lo expresado al principio hay que agregarle perdón, misericordia, sensibilidad, una enorme proporción de ternura, verdad, esperanza y calor humano.
Debemos aceptar que no somos ángeles, pero ello no puede impedirnos la elección de elevarnos espiritualmente, de intentar volar y soñar que podemos hacerlo. Es primordial en toda vida, la intención y la búsqueda; el camino se inicia QUERIENDO. Cuando más intrincada y difícil sea la senda; cuando ya no queden pinturas, mentiras, ni máscaras, el encuentro del AMOR llega a ser perfecto, porque siempre está dentro de cada persona la esperanza.
He descubierto que el AMOR puede existir, y conlleva en si mismo algo de alegría y mucho dolor, pero la plenitud de un sentimiento tan maravilloso, tan buscado y poco conocido; me hace reflexionar y acoger con felicidad este momento, aun después haberlo perdido; porque si solo hubiese querido, igualmente hoy lloraría, por no haber amado.

Magui Montero

lunes 14 de abril de 2008

NUESTROS AMIGOS INVISIBLES

Siempre hablamos sobre sucesos en el mundo, guerras, temas políticos, accidentes, artículos sobre espectáculos. Eso nos llega a través de de Internet, periódicos, revistas, televisión y radiodifusoras.
Se dicen muchas cosas de la prensa, algunos critican la forma de presentar las noticias, puede ser tildada de amarillista, se objeta la dureza con que tratan ciertos temas o hasta por distorsionar o modificar la información, sin embargo, hay medios respetables, que merecen ser destacados por la seriedad profesional y el nivel periodístico del personal.
He aprendido a reconocer los diversos estilos de gente y los distingo a través de su labor en diferentes medios; los hay sarcásticos, divertidos, románticos, pero ninguno de ellos en sus disímiles personalidades hace menos seria y responsable su labor. El crecimiento que tienen a través del tiempo los jóvenes periodistas, o aquellos experimentados que hicieron de su profesión un ejemplo; el conocimiento de temas deportivos, económicos, políticos, del espectáculo, según cual sea su especialidad, hacen que nos vayamos haciendo apasionados de un espacio radial, televisivo o de una página periodística, que nos identifiquemos con una voz, con la persona o una manera de conducir su programa o su página.
Quienes vivimos en soledad por diferentes circunstancias de nuestra vida, nos sentimos acompañados, incentivados y hasta podemos palpar cientos de veces afecto, ternura, calidez, crítica descarnada o el mensaje intrínseco que deseen transmitirnos.
A pesar de que los medios de periodísticos orales, escritos y televisivos, están dirigidos a una enorme masa de seres humanos, es maravilloso pensar que cada uno de nosotros podemos sentirnos como los únicos destinatarios del mensaje que nos hacen llegar; sonreímos, nos enojamos, discrepamos o estamos de acuerdo, pero lo que indudablemente no sucede es que permanezcamos indiferentes.
Las personas hemos apelado durante muchos años al periodismo como uno de los mejores elementos para sentirnos comunicados con el interior, o dentro de los centros urbanos; escuchar noticias, avisar la llegada de un familiar, informarnos de problemas climáticos, sucesos de actualidad, compartir historias y hasta permitirnos vivir la euforia de un gol del club del que somos fanáticos.
La música internacional, melódica, tango, folclore; cuentos y poemas acompañados por comentarios de quienes forman parte de nuestro mundo cotidiano y están prestando su cálida voz para decirnos aquí estamos. Hombres y mujeres, con un hogar, sencillo y tan igual al nuestro; sin embargo, para los que estamos mirándolos, escuchándolos o leyéndolos, son nuestros ídolos, compañía o consuelo, según sea la circunstancia por la que estemos pasando. Nos alegran, acompañan, emocionan o lastiman; apelan a su profesionalismo tratando de no dejar traslucir sus sentimientos, aunque muchas veces los traicione el corazón. Tratan de marcarnos el camino y quizás discrepemos con ellos, sin embargo escuchamos, sacamos conclusiones y podemos opinar.
El mundo de los medios de comunicación es maravilloso por eso; se nos da la opción a elegir y si son usados responsablemente, siempre serán respetables. Es importante que acompañen con su propio estilo a cada una de las personas que recibe el mensaje, sin menoscabar al oyente o lector. La agudeza de quien transmite un mensaje, debe ser cuidadosa para sensibilizar sin afectar.
Amo la Democracia y la Libertad, amo el derecho a opinar; por eso admiro el periodismo honesto, correcto y realizado con altura. Gracias a los miles de hombres y mujeres que trabajan para continuar viviendo en un país libre, entran en nuestros hogares y nos permiten ser parte de su mundo, como ellos del nuestro. Gracias a periodistas, comunicadores sociales, técnicos y quienes desde diferentes niveles, anónimamente forman parte de los trabajadores de radio, televisión, diarios y revistas. Ellos son nuestros amigos invisibles.

Magui Montero

sábado 12 de abril de 2008

VALORES

¿Cuántas veces desde pequeña acostumbraba a jugar de esta forma? Ir caminando, o algunas veces corriendo, trataba de andar por el centro de la vereda; seguía la línea que percibía claramente contando a izquierda y derecha la cantidad de baldosas; buscaba mantener el exacto equilibrio, en ese juego inocente y divertido.
A veces traigo a la memoria imágenes similares de alguien intentando hacer lo mismo, hamacándose hacia uno u otro lado disimulando, de tal forma que no se pudiese percibir la inestabilidad y el esfuerzo de caminar rectamente, cuando apenas podía estar de pie.

Por supuesto que esto es una mera paráfrasis de lo que intento explicar, pero de alguna manera marca el esfuerzo con que uno trata de manejarse en el largo – o corto – camino de la vida y las apariencias.

Al cabo de cierto tiempo, esa línea, que de niño se puede percibir tan fácilmente, pierde interés; al pasar los años se va esfumando, o se torna no visible; pero a pesar de ello, quizás por costumbre o inercia uno trata de mantenerse dentro de ciertos parámetros de conducta, muy importantes, por cierto, para las normas de urbanidad y la buena imagen, que procura impostar ante los ojos de la gente.

Pero… ¿Y los valores? ¿Qué sucede con ellos? ¿Dónde quedan las cosas que aprendimos? ¿Lo que nos enseñaron? Son preguntas sin respuesta… moral, justicia, fraternidad, pudor, rectitud, verdad, humildad, decencia y quien sabe cuantas cosas más, que uno va olvidando o dejando de lado. ¿Los porque? Creo que a eso debe circunscribirse el análisis; a conocer el motivo que conlleva a quebrar ciertas reglas. Porque es antiguo, porque es ridículo, porque te ven diferente – y no quieres destacarte o ser distinto a los otros -, se burlan y te ridiculizan, te pisotean y hasta puedes ser considerado un “mal ejemplo” siendo honesto.

Y de pronto un día cualquiera, se gira la cabeza y ves tus pasos marcados nítidamente; son tan serpenteantes y alejados de la línea que te horroriza y lo sientes como un cachetazo. ¿Dónde estás? ¿Qué hiciste? Avergonzado tratas de limpiarte; finalmente terminas por aceptar que lo único que puedes hacer es recoger tus harapos y caminar nuevamente, casi desnudo, sin importar que te miren como un bicho raro.
Tal vez no sea tarde; tal vez aunque ya no sea tu tiempo, las nuevas huellas sirvan para que los niños, los jóvenes, (y algunos locos como yo) puedan andar limpiamente, sin temores, casi como un juego, por la senda de la que uno no debe apartarse nunca, la de la corrección y la franqueza, - sin que ello resulte esforzado – dejando de lado los engaños, con la honestidad de aceptar los yerros y sin renunciar a ser uno mismo.

DIGNIDAD Y RESPETO

En la guerra y en la paz, en la victoria y en la derrota lo más importante es tener dignidad.
Una victoria indigna es más humillante que la derrota. Sé honorable con tu contrincante; por muy humilde que sea el enemigo, si respetas su dignidad, siempre serás respetado. En definitiva las grandes y pequeñas batallas, los grandes y pequeños enemigos, y hasta las grandes y pequeñas personalidades dependen del respeto y la dignidad con que sean tratados. De eso se tratan las relaciones humanas.

sábado 5 de abril de 2008

EL LAPACHO ESPECIAL


MMMmmmm, sábado a la mañana, son casi las 9,00 a.m y el parque está todavía silencioso.
Si!!, debo hacer el esfuerzo de trotar un poco y respirar aire puro; el exceso de cigarrillo y las largas horas encerrada en la oficina, me habían hecho tomar conciencia de lo que necesitaba.
Por otra parte, era maravilloso poder disfrutar del olor del césped húmedo todavía por el rocío nocturno, la inmensa gama de colores de los lapachos florecidos en esta época del año, desde el rosa pálido al morado intenso y la exquisita fragancia de los rosales que sutilmente me envolvía a medida que me iba internando en la zona del rosedal.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por el sonido de unos sollozos desde el costado del lago, donde los cisnes empezaban a despertar...
Era una joven adolescente, que miraba sin ver a la distancia, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas morenas.
Me acerqué afligida y le pregunté si podía ayudarla en algo. Asustada la joven, porque no me había visto acercar, respondió con una negativa.
No obstante la respuesta, me senté a su lado, le tomé las manos y le dije:
- Dime, ¿Qué te pasa?, ¿Porqué una linda chica como vos puede estar triste? ¿Tienes algún problema?
- No tengo amigos, escapan de mi porque soy diferente, tal vez les resulte aburrida!!! La música estridente no es de mi agrado, y prefiero la calma de observar una puesta del sol y escribir poesías...
Sonreí, recordando similar sensación en esa misma etapa de mi vida y a continuación, compartí con ella algo que me dijeron una vez...
- Mira a tu alrededor, observa los lapachos florecidos, ¿Cuál es el que más te llama la atención de ellos?
- Aquel!!!, el más pequeño de todos, es de color blanco...!!!
...Es hermoso!!!
- Bueno, que eso te deje una enseñanza mi querida niña; ya ves, es el más pequeño..., pero es diferente, por eso posaste tu mirada en él.
No es importante ser grandioso ni parecido al resto, lo fundamental está dado porque tú supiste mirarlo.
Algún día encontrarás quien te valore y ame justamente porque eres distinta al resto.
Luego de lo cual, la dejé mientras ambas esbozábamos una sonrisa.
Poco tiempo después, haciendo el mismo recorrido la volví a encontrar, pero esta vez acompañada de un delgado muchacho, junto al que leía un poema; sin palabras de por medio, solo saludó con la mano y me señaló el lapacho blanco. La felicidad le iluminaba el rostro.
... Y a mi se me escapaba una lágrima de ternura.

Magui Montero
Nota: El Rosedal. Palermo. Ciudad de Buenos Aires. Año 2005. Fotografía gentileza de Néstor Miño

SOLEDAD

Silencio… solo quebrado por el chisporroteo de la brasa al aspirar el cigarrillo. Por enésima vez fijo la mirada en el techo, tratando de descubrir nuevas figuras en la vieja mancha de humedad.

El humo serpentea en suaves y voluptuosas formas sobre mis ojos, poniendo niebla al incomprensible paisaje. Permanezco quieta, solo mis párpados se mueven de a ratos en un lento aleteo.

¿Es esto la soledad? Sin embargo, en incongruencia total siento mi mente correr. Se me eriza la piel cuando un sorpresivo mechón de cabello resbala y toca mi hombro.

Ahora percibo con nitidez el tic tac del reloj que inútilmente trata de avisarme que el tiempo sigue pasando. La lámpara encendida desde quién sabe cuanto, mimetiza de amarillento el cuarto.

Mi brazo izquierdo yace a un lado como el ala quebrada de una gaviota que no puede seguir vuelo. La ceniza del cigarrillo ha pintado de gris mi pecho, pero no reacciono, sigo hipnotizada por el claroscuro del dormitorio silencioso.

De pronto… uno, dos tres… al principio suaves y mortecinos sonidos desacompasados; luego muchos, cientos, musicales. La lluvia golpea mi ventana y veo deslizarse las gotas por el vidrio, avisándome, requiriéndome, invitándome a incorporarme a la vida.

Me puse de pié trabajosamente, los músculos anquilosados por las horas de inmovilidad, y mis ojos resecos comenzaron a humedecerse en una torpe imitación de lo que veía a través del cristal.

Afuera amanecía. Es cierto que estaba gris y lluvioso, pero era un nuevo día. La vida me decía que debía continuar, paso a paso; ya vendrían nuevamente los días de sol, pero para ello tendría que pasar la tormenta que me estaba nutriendo.

Mi corazón resquebrajado la necesitaba…

Magui Montero

MI TIERRA SALVAJE


El sol es un círculo impiadoso de fuego que calcina la tierra. La siesta de verano ha convertido ese día en un horno y los pocos matorrales achaparrados que aun resisten, se retuercen sobre si mismos tratando inútilmente de esconderse de la reverberación, que semeja una caldera hirviendo.

El viento norte levanta remolinos infernales y aúlla en quejidos lastimeros parodiando una escena propia del averno. Cuando de rato en rato calma, el pesado silencio se hace sentir con mayor fuerza que los sonidos del viento.

La tierra sedienta, pide en callada plegaria, el auxilio de la lluvia y su corteza reseca está marcada por dibujos infinitos cual si fuera la superficie craquelada por un fantasmagórico artista.

Una niña pequeña, permanece de pie al cobijo de un arbusto, los cabellos enmarañados cubren parte de su rostro; el liviano vestido que alguna vez fuera blanco se ha mimetizado con el terracota del polvo en suspensión, y sus piecitos descalzos trazan torpemente algunas palabras sueltas en la tierra floja.

Sin embargo, este paisaje aparentemente desolado para un extraño, tiene la belleza y el carisma de lo autóctono; solo que hay que saber mirarlo.

El cielo es de un azul intenso, y las nubes blancas apenas alcanzan a jaspear de ovillos algodonosos su extensión que se pierde en la distancia, allí donde el horizonte traza su imaginaria línea acostándose a descansar en la mansedumbre terrena.

Los algarrobos ofrecen azucarado manjar a cuanto caminante deseoso de placer almibarado quiera saborearlo; los tunales brindan sus apetitosos frutos al sediento campesino que, sabio de las trampas que propone la espinosa planta, los escamotea al mezquino vegetal, quien custodia sus dulces bocados cual celoso amante.

Las flores silvestres ponen pinceladas de color y surgen desafiantes, a pesar de su aparente fragilidad, burlándose con sus fuertes tonos del insaciable sol que quiere doblegarlas.

Tierra agreste y reseca, dura y difícil, pero suave y amable para aquel que sepa encontrar lo maravilloso de su espíritu salvaje. Solo aquellos que te conocen en su virginal esencia pueden valorar lo maravilloso que es pertenecer a tu fraterna identidad.

a Solita Pereyra y Blanca Coronel
Magui Montero
Nota: Santiago del Estero. Año 2000. Fotografía gentileza de Gustavo Luis Tarchini

MARIPOSAS EN EL CORAZÓN

Hoy salí a comprar cigarrillos en el kiosco de la esquina. La gente pasaba apurada, empujándose, tratando de llegar no sé a que parte, con la urgencia propia del horario bancario, las largas colas o la compra diaria.
De pronto ví a una señora mayor, que se desplazaba con dificultad, esperando que disminuyera un poco la circulación de automóviles para poder cruzar la calle, en una esquina sin semáforos...
Se le acercó un niñito de pocos años, cara sonriente, descalzo, con ropas humildes e inmensos ojos negros...
- Hola abuela, necesita ayuda???
- No gracias, puedo sola, amiguito.
- De todas formas le ayudo a cruzar..., señaló el niño, y tomándola de la mano, atravesaron juntos la calle.
- Te agradezco!!, dijo la anciana con una sonrisa. ¿Quieres una moneda?
- No abuela, ya me pagó!!!
- ...pero, si yo no te dí nada!!! - dijo extrañada -- Si señora..., usted me tendió la mano, no se fijó que la tengo sucia, y no le importó hablar con un chico de la calle.La viejecita, a continuación lo apretó contra su pecho, hundió su mano en el tapado, extrajo un puñado de caramelos y los extendió hacia el pequeño, quién luego de recibirlos se alejó riendo...
Yo, que veía desde cerca todo esto, quedé petrificada ante el diálogo del que había sido muda testigo, y con los ojos muy brillantes (sería por el frío???), me puse a pensar en la tremenda lección de AMOR de ese pequeño...
...De pronto el invierno había desaparecido, el sol tenía mayor tibieza, y cientos de mariposas me llenaron el corazón.
Era cierto!!..., no todo está perdido!!!
Mientras haya alguien que se tome el tiempo para tender una mano a los que la necesitan, la primavera en el alma brotará mágicamente en cualquier estación del año!!!!

A mis queridos chicos de la Asociación Changuitos
Magui Montero

LOS RECUERDOS

Es la vejez una forma de recuperar cosas...? Quizás...Muchas veces lo había pensado o intuido; cuando escuchaba a mi abuelo contar historias maravillosas de su lejana tierra.
Ahora, tal vez, pisando los primeros peldaños de ella; cuando la sangre ya no intensifica el color de mis mejillas por la vergüenza recién estrenada, o la urgencia de mi tiempo no tiene la premura del "antes que pasen los años"; puedo reconocer que he descubierto lo maravilloso que pueden ser los recuerdos de los antiguos aromas, los sonidos cristalinos de las risas juveniles, la tibieza de unas manos acariciando mi rostro o el abrazo de oso de mi padre ¡tan grandote! desde la altura de mis apenas cinco años.
Y sueño... sueño mientras muchos creen que se terminaron para mi, la hermosa etapa de los sueños.Y vuelvo a ser niña desgajando una perfumada mandarina, sentada en el patio de la vieja casa, mientras el cálido sol se empeña en pintarme pecas en la regordeta cara.
Y vuelvo a verme empinada en puntas de pie, tratando de seguir la ceremonia diaria del mediodía, cuando papá se cepillaba pacientemente las uñas, jabonando sus manos antes de sentarse a la mesa. Y regreso al momento en que mamá con manos expertas lograba un hermoso moño intentando mantener prolija mi rebelde cabellera.
Sigo evocando distintas escenas que van cayendo, como las capas de pinturas sucesivas sobre una antigua pared, todas de diferentes colores...
Las escapadas junto a mi hermano en horas de la siesta para comer moras o hacer travesuras sabiendo que lo teníamos prohibido.
...Cuando quise hacerme la adulta a los doce años y fumé el primer cigarrillo sacado a escondidas del traje de papá, pasando la tarde tirada en la cama entre vómitos y mareos, jurando que era la última vez que lo hacía.
El beso robado en la ya lejana adolescencia, mientras me temblaban las rodillas y se cubría de rubor mi rostro, con el fondo musical de "yesterday" entonado por "The Beatles".
Las inolvidables palabras musitadas en mi oído -tan cálidas e inesperadas- "quiero casarme con vos"; el primer llanto de mis niñas, en el preciso instante de mi recién descubierta maternidad.
Y por último en un remolino interminable de acontecimientos que me golpean el corazón y humedecen mis ojos; mis hijas hechas mujeres. Su felicidad, sus tristezas, poder descubrir en sus pequeños el mismo gesto de picardía que había conocido en ellas.
De pronto, algo me vuelve a la realidad... Unas manitos rosadas, llenas de pegote almibarado me reclaman con tirones en el borde del vestido; y reflexiono... Estrecho fuerte contra mi pecho a mi nieto, sabiendo que quizás, esta enternecedora caricia que le brindo hoy, sea la chispita que encienda el caudal de recuerdos -el día que llegue a esta edad-, tal como yo los recuperé hoy.
Mis vivencias me permiten desechar lo malo, lo amargo, lo difícil; confiando en que los yerros nos educan en el crecimiento personal y con la íntima satisfacción de saber que solo quienes transitamos esta etapa, podemos gozar plenamente… de los recuerdos.

A mis padres Elena y Pepe
Magui Montero

LA GITANA


Salió como todos los días de la carpa a la calle; las ancestrales costumbres eran parte de ella, debía traer el sustento para la tribu. Junto a las otras gitanas, se encaminó a la zona céntrica de la ciudad.

Su cuerpo cimbreante se destacaba del resto de las mujeres. Las esbeltas piernas acariciadas por la suave gasa de la falda de volados, las caderas moviéndose rítmicamente, los pechos firmes temblaban al impulso de sus pasos y el cabello negro y ondeado acariciaba con suavidad su espalda.

Los hombres se volvían para mirarla, y aunque ella no parecía darse cuenta, eso era parte de su juego. Sabía despertar pasiones con solo verla; pero su cuerpo era demasiado valioso y lo entregaría cuando su padre encontrara un gitano lo suficientemente rico, para pagar por ella el derecho a hacerla su esposa.

El fuego bullía dentro de la gitana… La rebeldía propia de su raza, había nacido consigo, junto a lo que natura le proporcionara.

Llegaron a la plaza principal y luego de que le indicaran la hora de regreso, para que un vehículo las recogiera en ese mismo lugar, dirigió sus pasos con lentitud hacia cualquier parte, buscando potenciales clientes que aceptaran el ofrecimiento de “…le adivino la suerte?”.

En realidad no todas leían las líneas de la mano, pero su abuela le había enseñado los secretos de cómo hacerlo. Ella miraba decenas de manos pero les decía solo lo que sabía deseaban oír.

Alzó la vista y vio entre medio de cientos de personas que pasaban en ambas direcciones, un apuesto joven de traje oscuro que caminaba en su dirección; con voz suave pero clara le dijo el acostumbrado “te adivino la suerte, guapo!!”

El muchacho la miró sorprendido y se paró instantáneamente, no llevado por la invitación, sino apabullado por la belleza que tenía quién lo requiriera y su hermosa sonrisa.

Conocedora de su ventaja, extendió la mano y tomó la de él entre las suyas. El contacto con sus dedos y la tibieza de su piel la estremeció, pero permaneció sonriente.
Con el dedo índice recorrió la línea de la vida, y por un instante pudo ver viajes, dinero, felicidad, amor, hijos. Nada dijo… demoraba mirando esa mano, mientras su corazón latía sintiendo que ese era el hombre que ella desearía para si.

Los labios le temblaban, levantó los ojos y buscó los de quién estaba frente suyo, y encontróse con una mirada profunda de un intenso color verde. Solo pudo balbucear… serás feliz, tendrás una vida maravillosa a lado de la mujer que ames; giró sobre sus pasos y se marchó rápidamente, dejando al sorprendido joven mirándola, sin esperar que le diera las monedas que él guardaba en la otra mano.

Pasaron los días, de su mente no se iba la penetrante mirada que recordaba. En tanto, un gitano de otra tribu había aceptado lo que su padre solicitaba como dote. La indiferencia con que tomó la noticia, sorprendió a todas las mujeres de su grupo; pero ella soñaba con esos brillantes y rasgados ojos verdes que se reflejaron en el pozo oscuro de los suyos…

Le comunicaron el día en que se haría una fiesta para que conociera a su futuro esposo y se arreglarían las condiciones para la boda; pero ella siguió sin dar mayores muestras de interés por lo que sucedía a su alrededor.

Mientras al paso de los días la actividad se hacía febril, puliendo la vajilla, preparando las bebidas y comida para la llegado de las visitas.

Finalmente, el día domingo despertó con el trajín de su madre y de las otras gitanas que iban de un lado al otro ayudándole, y la música comenzaba a sonar.

Su hermana mayor la ayudó a vestirse, cepillándole el pelo con vigor para que brillara más y lo dejó caer sobre su espalda. Debía quedar dentro de la carpa hasta que le indicaran cuando debía presentarse ante su padre y la familia del novio si todo salía bien.

De acuerdo a la tradición debía bailar una danza ella sola, dedicada a su novio, para que la pudiese observar en todo su esplendor. La música continuaba; cansada de esperar, la gitana se había recostado sobre los mullidos almohadones de brocato, mientras la fiesta seguía afuera, y el sol comenzaba a declinar… Se escuchaban risas, aplausos y el tintinear de las copas, signo inequívoco de que todo había salido bien.

Entró su madre, recriminándola porque arruinaría su falda de volados y le dijo que debía bailar como nunca, anticipándole que su novio era joven y bien parecido; la beso en la frente y con una afectuosa palmada en las nalgas la empujó hacia el círculo de sus hermanos de raza, que la recibieron entre gritos de alegría y brindis por su belleza.

Cerró los ojos y levantó los brazos hasta que sonaron los primeros compases de “Concierto de Aranjuez”. Comenzó a danzar; ya nadie hablaba, su belleza increíble resaltada por el resplandor del fuego que parecía acariciarla, solo daba lugar a la contemplación.

En su interior, sabía que era su sino, y debía aceptarlo hasta el fin. Bailaba con toda la rabia y la fuerza que tenía dentro, sonriendo para todos pero mirando solo hacia su interior. Danzaba para “él” despidiéndose para siempre de su recién nacido y secreto amor adolescente. En tanto, su rostro reflejaba en marcada dicotomía una hermosa sonrisa húmeda por las lágrimas que brotaban a raudales.

Con los últimos acordes de la música giró repetidas veces, para finalmente hincarse a los pies de quién sería su marido para siempre, y que se había negado a mirar, hasta el final de la danza. Esto era una señal inequívoca de respeto y sumisión, y el final de todos sus sueños. Se quedó quieta, con el cabello revuelto y la mirada baja, mientras todos irrumpían en vivas y aplausos… los había cautivado con su baile.

Percibió una caricia en su rostro aún mojado y la voz varonil más hermosa que hubiese escuchado, le dijo dulcemente: ¡Hola, bella hechicera! Te vine a buscar para saldar la deuda por haber adivinado mi suerte… la vida será maravillosa, a tu lado.

Magui Montero
Nota: Año 2005 - Fotografía Magui Montero.

EL MAR Y YO


Soy mediterránea. Mi tierra es árida, reseca; el sol impiadoso y ardiente; el suelo semeja la piel curtida, áspera y oscura de mis hermanos campesinos; los ríos de mi terruño serpentean amarronados o apenas verdosos por las melenas de algas crecidas en los recodos.

Sin embargo, amaba lo que no conocía, desde pequeña soñaba con el mar… y solo lo había visto en pinturas y fotografías.

Mis noches apacibles acunada por Morfeo estaban saturadas del olor salino de la brisa marina, mis pies eran lamidos por la suave espuma que moría en la playa al empuje de los vaivenes que indicaba Selene desde su cumbre plateada.

El color marino viraba desde el azul petróleo en las noches estrelladas, al rojo sangre cuando Apolo comandando su carro de fuego comenzaba a cruzar la bóveda celeste, o al celeste translúcido en los días más claros.

Mi ensoñación lo preveía enojado, con altas olas como garras alzándose, en protesta vana hacia el cielo en jornadas tormentosas; apenas brioso cual corceles blancos de agitadas crines sacudiéndose con el viento; o calmo y suave como una sábana de raso de irisado brillo.

Pasaron los años, y siguió estando presente en mis noches. A diario lo buscaba y comparaba con cada tinte de azul que se cruzaba en mi vida… En las campanillas florecidas, en unos ojos nórdicos, en el cielo o en un paño de mi querida bandera; hasta que surgió la oportunidad largo tiempo esperada.

Viajé durante muchas horas, y a pesar de la belleza de los campos vestidos de esmeralda en todo su esplendor, mis ojos se empeñaban en soñar azules.

Llegué, dejé el equipaje, y fui al encuentro de mi amado... Me paré frente a él y abrí los brazos para llenarme total e íntegramente de su magia, para recibirlo en cada poro de mi piel.

Mi adorado mar… sucumbí a su llamado. Como un lujurioso enamorado me envolvió y me tomó para sí. Emergí cual Venus, feliz, satisfecha y en íntima armonía.

Soy mediterránea, lo seguiré siendo hasta el fin; pero el mar me conquistó y me hizo suya para siempre.

Magui Montero
Nota:Costa De Viña del Mar. Chile. Año 2005 - Fotografía gentileza de Luis A. Gallardo Cortéz.

EL ALGARROBO


Los golpes del hacha despertaron el sueño arcaico del inmenso árbol, su grandeza tambaleaba con cada herida que el jornalero le producía, asestada con fuerza en las profundidades de su ser.
¿Qué sucedía? ¿Por qué? ¿Cuál era su pecado? Sus vainas más dulces las había ofrendado cada año tanto al hombre del campo como a los animales del monte, las ramas que lo coronaban habían servido para protección y hogar de pájaros que le agradecían con trinos. Las chicharras, compañeras eternas, emitían su reiterado clamor que ensordecía en el verano, presagiando la madurez de los frutos. ¿Todo había terminado?
Su corazón vegetal siguió latiendo aun cuando el suelo se estremeció por la caída del árbol; pudo escuchar el grito de triunfo del hachero, cuando creyó que lo había doblegado.
Ahora yacía aparentemente inerte, rodeado de astillas que habían volado en silente protesta. Y lloró, lloró asustado, al no entender porque se estaba tronchando su vida feliz en el monte.
Él, que había gozado moviendo sus brazos al ritmo que le imponía su hermano viento. Él, que había bebido el agua fresca de la lluvia, sorbiéndola con ansia y transformándola en savia vital para seguir elevando su orgullosa estatura. Él, que abría los brazos, contento de la sombra fresca que protegía del bravío sol; ahora estaba a los pies de sus hermanos más pequeños. Se sentía humillado.
El hombre seguía con su labor, inconciente del dolor del algarrobo. Pacientemente, siguió limpiándolo, sacando ramas y cortándolas en trozos más pequeños. Llegado el atardecer, las cargó a los lados de un caballo, tomando otro atado para sí que puso sobre sus hombros y se marchó.
El árbol, al caer la noche, pudo cubrir su vergonzosa desnudez al abrigo de las sombras piadosas. ¿Ese sería su fin? ¿Por qué lo habían lastimado?
Desde el cielo, sus amigas las estrellas, le enviaban guiños de aliento para aplacar su pena.
La madre tierra acunó en la oscuridad al hijo parido de sus entrañas, en un vano intento por retenerlo y protegerlo en su seno.
Apenas la aurora había coloreado de rosado el cielo, cuando las aves comenzaban a dar la bienvenida al nuevo día, el hachero regresó con otros hombres que lo acompañaban y varios caballos.
El algarrobo asombrado, observaba como su tronco era rodeado por cadenas y arrastrado por la angosta picada, mientras dejaba atrás para siempre el lugar donde había nacido a la vida desde que surgiera como una pequeña mata, hacía ya muchos años.
Creía que no era posible mayor sufrimiento, presentía que era el ocaso de su existencia; pero su alma bravía seguía intacta, aun podía percibir sensaciones.
Llegaron a un poblado, donde lo dejaron de lado, durante todo un día; pero luego su martirio prosiguió.
Veía como su cuerpo era reducido poco a poco, por unas herramientas dentadas; su apariencia se estaba modificando, lo separaban y volvían a unir, introducían metal en sus entrañas y pasaban sobre él algo que lo redondeaba dándole tersura y suavidad a los bordes.
Unos niños risueños lo acariciaban, en la primera muestra de afecto que sintiera desde que fuera sacado de su hogar.
Ahora, incomprensiblemente su cuerpo se había multiplicado en decenas de bancos de una humilde escuelita rural.
Y el alma del árbol finalmente comprendió, y extrañamente se sintió nuevamente feliz. El sacrificio tenía un sentido, ahora sus preguntas habían encontrado una respuesta.
Los sonidos eran diferentes, pero el jolgorio era el mismo. Las risas sonaban tan alegres como el trino de los pájaros, y estaba orgulloso de cobijarlos cuando trepaban cual si fueran urpilitas inquietas. No sentía la suavidad del viento rozando sus ramas, pero cada día la campana le anunciaba la llegada de los pequeños que tocaban su superficie tersa y la tibieza de las decenas de manitas torpes semejaba el sol primaveral, compensándolo para siempre.
Ahora era el tiempo del sueño, pero del sueño fecundo. El algarrobo estaba orgulloso de su misión, pues serían muchas generaciones las que se apoyarían en él para fructificar en educación y saber, para crecer y hacerse hombres honestos, que trabajaran por el engrandecimiento de su suelo.


Magui Montero
Nota: Ejemplar de algarrobo. La Dársena. Dpto. Banda. Prov. Santiago del Estero. Año 2005.
Fotografía Magui Montero.

DUENDES DE LA NOCHE

Había decidido abrirme camino en la gran urbe. Chau familia y amigos, algún día volvería triunfadora... Y emprendí el viaje hacia los sueños.
Con el título flamante bajo el brazo, el trabajo con buen sueldo conseguido en esa empresa, – gracias a los contactos de papá – y el departamento de un ambiente ¡¡todo para mi!! Ya estaba casi realizada.
Pasaron los meses y se desgranaron los años... Ropa nueva, escalar posiciones, tener auto y la imprescindible PC.
Estaba alcanzando lo ambicionado, pero la nostalgia y la soledad me envolvían cada vez más...
- Flaca...¿Qué harás el fin de semana?
- No sé, no tengo nada previsto...
- ¿Vamos a un reducto que conocí? Está muy bueno, y hay música en vivo!! – dijo Sonia, mi compañera de trabajo.
- OK!! - respondí, más que todo porque no quería volver a las interminables horas enganchada en Internet o viendo televisión, comiendo un sandwich y tomando gaseosa.
... Y fuimos. Linda decoración, había buena onda, muchos jóvenes en grupo que reían, música fuerte.
Por fin, luego de meternos en la marea humana, logramos dos lugares en la barra, cerca de donde una banda estaba preparando todo para comenzar a tocar.
Me acomodé mejor para escuchar, mientras Sonia conversaba animadamente con un amigo que estaba a su lado.
Comenzó a sonar la banda, y de pronto ví al cantante... Su cálida voz me envolvía, mientras entonaba una dulce canción en inglés; sus profundos ojos negros estaban clavados en mi; y me olvidé del resto del mundo...
... Era él!!, el duende que había rondado mis sueños y antes no tenía rostro; quedé shoqueada, hasta que Sonia dijo - ¿ Vamos??
Como sonámbula respondí – bueno - y aunque me había arrepentido antes de terminar de decirlo, era demasiado tarde.
Durante días giró en mi cabeza esa imagen, hasta que se produjo el accidente...
Había demasiada neblina en la ruta, y terminé chocando contra otro coche que iba delante de mí. Después...?? Ya no recuerdo más...
Donde estaba? Acaso en el cielo??
En medio del sonido de la sirena, encontré los hermosos ojos negros y una sonrisa que quería infundirme seguridad.
- Hola, como te sientes? ¿estás mareada? – preguntó, mientras sus manos trabajaban agilmente.
- No te preocupes, ahora me siento bien – respondí, mientras observaba su chaqueta manchada con la sangre que manaba, de la pequeña herida que tenía en mi frente.
- Te conozco!! Eres la chica que me cansé de buscar para hablar, cuando estuve en el pub con mi grupo. Como te llamas??? Nunca pude saber tu nombre...
...Y allí supe que la conexión se había dado.
Se había establecido un puente inexplicable entre los dos, a través de la mirada.
La vida me estaba brindando una segunda oportunidad con este fortuito encuentro. ... Y no la dejaría escapar.Por fin había encontrado a mi duende de la noche...
Magui Montero

COLOR SEPIA


La caja de cartón con viejas fotografías, guardada en un rincón de la biblioteca, despierta mi curiosidad. Rostros desconocidos, y otros no tanto me miran desde decenas de años.

Disfraces de carnaval, reuniones de amigos, rostros de niñas con bucles y niños en trajes de marinero, mujeres vestidas de novia con extraños tocados y hombres de rostro severo con bastón y sombrero. ¿Quienes son todos esos seres que me miran desde el fondo del tiempo?

De pronto, una de ellas atrapa mi atención… no hay nadie, es la imagen del patio interior de una vieja casona, la tomo en mis manos y mágicamente me transporta al lugar. Estoy allí, las formas toman color y mis sentidos perciben aromas, texturas y sonidos.

Me veo con un vestido color crema y el cabello peinado hacia un lado, en el patio de baldosones, circundado de macetas con malvones de estridentes colores. Una puerta doble, de vidrios cubiertos con visillos permanece entreabierta, dejando ver en el comedor sillas de alto respaldo, la mesa cubierta por un blanco mantel bordado y la infaltable frutera de cristal. La habitación está en penumbras, aunque puedo observar el reflejo de restos incandescentes en una salamandra encendida.

Dos pequeños corretean alrededor de la mesa y sus risas son cascabeles soltados al viento. Percibo una nena de arreboladas mejillas y cabello que guarda los rayos del sol, su vestido de volados semeja una paloma a punto de volar; el niño de menor edad, apenas escapa ensayando sus primeros pasos, es más moreno y su boca roja hace un mohín cuando algo no le gusta, tiene camisa blanca y pantaloncillos azules con tiradores.

Siento un brazo rodeándome el talle y mi mejilla apoyada en el hombro de él… ¿Quién es? Un suave aroma a lavanda emana de su piel, cabellos oscuros, fino bigote. Es más alto que yo, puedo mirarlo; tiene ojos oscuros que posan su mirada en los míos con una inmensa ternura.

Escucho música, es un bolero interpretado por… mmm… ¿Jorge Negrete? ¿Pedro Vargas? No lo sé…, pero la letra es conocida…, si!! Es júrame… La melodía nos envuelve, me dejo llevar por ese cálido abrazo y una suave brisa trae aroma de jazmín de lluvia.

¡Soy feliz!! Siento el amor flotar y giramos…, giramos. Caigo en un caleidoscopio de colores cada vez más suaves, abro los ojos… la fotografía cayó de mis manos.

Estoy de nuevo en mi biblioteca, pero sé que algún día encontraré a ese hombre que en una dimensión extraña fue mi amor, y desafiando las barreras de la distancia y la irrealidad, volveré a sentir el calor de sus manos acariciando mi mejilla.

¡Me enamoré de mi sueño! …Sueño? …lo fue? Tengo la certeza que no… El perfume de lavanda conmigo quedó…

Magui Montero
Nota: Casa Museo. San Telmo. Ciudad de Buenos Aires. Año 2005. Fotografía Magui Montero.

AROMAS DEL ADIOS LA NIÑEZ

Alto, nervudo, los hombros anchos; la boca presta a la risa franca, ahora está tenso, las mejillas endurecidas por la fuerza con que aprieta los dientes; sentado, con la cabeza gacha, mientras el mechón de pelo que una vez fue del color del sol y el tiempo oscureció, se empeña en caer sobre el rostro. Los cálidos ojos miel que tantas veces se encontraron con los míos en callados mensajes de afecto fraternal están sin brillo, oscurecidos por el dolor.

Mi hermano, hoy un hombre íntegro, volvió a ser niño. Ya no el travieso y terrible “Barrabás”, inventor de tantas aventuras peligrosas en que nos embarcábamos juntos en esa feliz etapa de la niñez, sino aquel que necesitaba afecto y protección cuando se lastimaba; pero yo, su hermana mayor no podía curarlo, pues estaba tan herida como él.

La tía Pepita, la pequeña gringa de ondeados cabellos rubios y llameantes ojos azules, cómplice y confesora de sus “casi hijos”, se había ido para siempre. La mujer que por amor a sus sobrinos había desplazado en su corazón al amor de un hombre y la vida le había negado hijos propios por decisión de su obstinada soltería.

Había partido llevando en sus múltiples bolsillos, paquetitos apretados de recuerdos bonitos, caprichos y mimos. Ah!! Si solo pudiese abrir uno a uno como envoltorios de papel celofán de diferentes colores, esas pequeñas grandes cosas que nos brindará a diario para que los tres diablillos no extrañáramos a mamá y papá que salían a cumplir con sus tareas cotidianas.

Y comienzo a desplegar los papelitos… los tibios y dulces mates de leche que cebaba pacientemente en la pequeña silla de paja mientras se reía de nuestras payasadas, la furia pintada en sus ojos azules y las mejillas rojas porque hacíamos llorar a la bebé de la casa, el chicharrón caliente con pan crocante en las mañanas invernales, la aromada zampella y los tazones de chocolate caliente en la cama… todo se había ido con ella.

En su viaje final había guardado también el caramelo de azúcar quemada y la sopa de gallina con arroz. El olor de la nuez moscada y la canela, me la recordaban más que el suave perfume de agua colonia; los sonoros besos más que sus lágrimas; la magia con que su estatura crecía y se alzaba al cadencioso bailar una zamba, más que la marca de los infinitos cigarrillos…

Miré a mi hermano, nos abrazamos con el dolor de saber que aunque éramos dos adultos, nuestra niñez estaba partiendo con ella. En ese preciso instante el viento trajo aroma a vainilla…

La tía Pepita nos estaba diciendo adiós a su dulce manera…

A mi tía Pepita
A mi hermano Carlitos


Magui Montero

Ingenuidad

Rosadas mejillas,
brillo en la mirada,
muñeca sonriente,
jolgorio en la casa.
Nariz respingona,
melena enrulada,
sueñas con castillos,
hablas con las hadas.
Tu ilusión de niña,
volando sin alas,
seduce la vida,
jaqueando alboradas.
Quisiera tenerte,
por siempre acunada,
más la vida pasa,
cual si fuera nada.

Los años transcurren,
vuelan con la nana,
y creces hermosa,
rebelde, fogosa.
Se afina tu rostro,
mujer caprichosa,
aroman tu cama
perfume de rosas,
Locuaz y sincera,
debates con rabia,
arreglas el mundo,
sublimando causas.
Tus líneas se curvan,
tus gorjeos callan,
trocaste en adulta,
partiste de casa..

Magui Montero
Para mi hermana Norma

Amor Verdadero

La cinta celeste de aquella tarjeta,
regalo lejano de una Navidad,
despertó cadencias, tiempos olvidados,
Quebró mi rutina, mi seguridad..

Ilusión querida, varón anhelado,
Es quién me ha brindado, la felicidad,
La pasión, la fuerza, el mirar sereno,
El calor de un beso, las ganas de amar.

Tierno como un niño, fuerte como un roble,
Sonrisa mezquina, amigo tan noble.
Tu pecho cobija, tu abrazo sosiega,
Cambias mi cordura, la hiciste quimera.

Alma de poeta, corazón bohemio,
Jugaste a quererme y yo gané un dueño.
Vives en el aire, mientras piso el suelo,
Dos mundos distintos para un solo sueño.

Mi piel sin tersura, tu pelo con canas,
Los hijos adultos, levantan sus alas.
Amor verdadero, sin tiempo y sin nombre,
No es ningún secreto..., mi esposo es el hombre.

Magui Montero
Canción Finalista en el Festival OTI de la Canción
de la provincia de Santiago del Estero Año 1986

Sangre De Mi Sangre

Son los dos extremos,
de mi sube y baja,
mis hijas mujeres,
las que me apuntalan.

Cada una en su estilo,
brisa o remolino,
bebiendo la vida,
hacen su destino.

Una que es muy alta,
y la otra pequeña,
una pura espuma,
y las dos risueñas.

En ellas me veo,
sangre de mi sangre,
quizás en el porte,
o el mirar llameante.

Son mis dos niñitas,
que se hicieron grandes,
dulces y temibles,
impulso y carácter.

A mis hijas Sandra y Silvina

Magui Montero

Seducción

Soy mujer, si!!!! Plena y decididamente,
Como tal galopa y se agita mi mente
Con el desenfreno de mi piel candente
Transportada al límite del deseo
Por tus manos sabias que me dan veneno
Delirio y castigo, eres mi Perseo,
Quien mató a Medusa de un golpe violento
Con palabras bellas, con besos sedientos,
Con tu falo altivo, que socava lento.
Mi sangre se agolpa por sentirte dentro
Más, sabes que el goce, no pasa por eso.
Demoras tu ritmo, un quejido ahuyento
Me disfrutas loca, bravía, sin miedo.
Te sientes seguro, ganas la batalla
Tus dientes me muerden, mis uñas te marcan,
El climax ya llega, grito con el alma,
Surge cual vertiente la savia sagrada
Se eleva Pegaso cuando todo pasa
Y en alas del sueño volamos al alba.
Magui Montero

Sinrazón

Me miras...
En la semipenumbra del bar escondido
Tus ojos negros son carbones encendidos
No gimo...
Solo permanezco asida, a la mano de tu amigo
Y deseo que seas tú el que se quede hoy conmigo
Río fuerte...
Sintiendo un dolor que se parece a la muerte,
remonté un camino... y se signó mi suerte
Te marchas...
Y en la despedida yo te pido auxilio
Sabes que la huida es semejante al exilio.
Susurras...
No sufras, yo siempre estaré contigo,
Comprende, eres novia de mi amigo
Perderte...
Muerdo mis labios por la angustia de quererte,
... más, acepto mi castigo, solo por volver a verte.

Magui Montero

Noche de Amantes

Noche de luna,
¡tan serena y calma!
La cinta de plata
enrolla y envuelve
los cuerpos ardientes
en tibia batalla,
febril embeleso
que apresura el ansia
La piel angurrienta
de caricias caras
se desboca sola,
imprudente y rauda
palpando y sintiendo,
recibiendo y dando
Rozando paisajes
túrgidos, sensuales
Redondeadas curvas,
lánguidos pasajes.

S