
Dedicado a mis amigas de la infancia
Tiempo de juegos y ronda, tiempo sin dolores y sin penas, tiempo de candor e inocencia. Tardes de verano, en que regar la calle de tierra era un rito, para corretear al ponerse el sol, divertirse con “el pisa pisuela”, “las estuatas”, “la pilladita” o “la panadería”. Nuestros padres jóvenes, sentados en las amplias veredas en busca de un respiro a las jornadas agobiantes, mientras se entretenían mirándonos y algunas veces participando en los juegos del “al don pirulero” y “la prenda escondida”.
Fines de semana en la calesita de Don Marcaccio y licuados en “El Rey del Tutti” o paseos a la plaza San Martín, donde unas pocas y muy osadas nos sacábamos los zapatos para mojar los pies en la fuente de la Casa de Gobierno.
Tiempo de faldas almidonadas, muñecas de trapo y moños en el pelo, de excursiones para el campo a comer empanadas en la casa de la “abuela Pura”, del café con leche y tostadas con manteca en casa de “la Chelita”, de las mandarinas jugosas en la casa de “tía Zoila”. De la yapa de maní florcita en el almacén de Don Zarco, de las rodillas con raspones y palmadas en el trasero por llegar cinco minutos después del horario establecido.
Tiempo en que se tenía miedo al “cuco”, al fogonazo de una cámara de fotos de magnesio y al castigo de quedarse sin postre, si cruzábamos la calle Rivadavia, o nos metíamos a jugar en la acequia de avenida Belgrano.
Tiempos de dar vueltas un ratito cada una en la bicicleta, compartiendo lo que solo una de nosotras tenía, porque así era más lindo. De ver el pesebre reflejado en la luna –porque ahí estaba Diosito- o un eclipse tras una radiografía vieja –sino te quedarás ciega-.
Tiempos de salir corriendo para no llegar tarde a la escuela del barrio, quedarnos en la cama calentita un día de invierno y disfrutar cuando escuchábamos cantar “Aurora” en la escuela Centenario.
Tiempos de inexistencia tecnológica, nada de Juegos cibernéticos, DVD, ni Compact Disc ¿Cómo hubiesen hecho para tenernos sentadas más de diez minutos? Éramos un grupo de ardillas inquietas que escuchábamos música en la radio o los tocadiscos.
¿Hamburguesas? Nunca hubiésemos cambiado los tallarines amasados con el espeso y aromado tuco que comíamos los domingos, en las largas mesas familiares, por semejante cosa extraña.
¡Ah! Si tan solo pudiese mágicamente regresar al tiempo de puertas sin llave, de racimos de uvas cortadas en el parral de las casas y tomar nuevamente la mano de mis amigas, todas de mejillas rojas y sonrisa ancha, para hacer la ronda allí, justo en la esquina, debajo de la vieja tala y cantar de nuevo… juguemos en el bosque mientras el lobo no está!!
Fines de semana en la calesita de Don Marcaccio y licuados en “El Rey del Tutti” o paseos a la plaza San Martín, donde unas pocas y muy osadas nos sacábamos los zapatos para mojar los pies en la fuente de la Casa de Gobierno.
Tiempo de faldas almidonadas, muñecas de trapo y moños en el pelo, de excursiones para el campo a comer empanadas en la casa de la “abuela Pura”, del café con leche y tostadas con manteca en casa de “la Chelita”, de las mandarinas jugosas en la casa de “tía Zoila”. De la yapa de maní florcita en el almacén de Don Zarco, de las rodillas con raspones y palmadas en el trasero por llegar cinco minutos después del horario establecido.
Tiempo en que se tenía miedo al “cuco”, al fogonazo de una cámara de fotos de magnesio y al castigo de quedarse sin postre, si cruzábamos la calle Rivadavia, o nos metíamos a jugar en la acequia de avenida Belgrano.
Tiempos de dar vueltas un ratito cada una en la bicicleta, compartiendo lo que solo una de nosotras tenía, porque así era más lindo. De ver el pesebre reflejado en la luna –porque ahí estaba Diosito- o un eclipse tras una radiografía vieja –sino te quedarás ciega-.
Tiempos de salir corriendo para no llegar tarde a la escuela del barrio, quedarnos en la cama calentita un día de invierno y disfrutar cuando escuchábamos cantar “Aurora” en la escuela Centenario.
Tiempos de inexistencia tecnológica, nada de Juegos cibernéticos, DVD, ni Compact Disc ¿Cómo hubiesen hecho para tenernos sentadas más de diez minutos? Éramos un grupo de ardillas inquietas que escuchábamos música en la radio o los tocadiscos.
¿Hamburguesas? Nunca hubiésemos cambiado los tallarines amasados con el espeso y aromado tuco que comíamos los domingos, en las largas mesas familiares, por semejante cosa extraña.
¡Ah! Si tan solo pudiese mágicamente regresar al tiempo de puertas sin llave, de racimos de uvas cortadas en el parral de las casas y tomar nuevamente la mano de mis amigas, todas de mejillas rojas y sonrisa ancha, para hacer la ronda allí, justo en la esquina, debajo de la vieja tala y cantar de nuevo… juguemos en el bosque mientras el lobo no está!!
Magui Montero
NOTA: Imagen extraida de internet
11 comentarios:
Magui que hermoso!!!!
con algunas diferencias creo que nuestra niñez fue parecida =)
te dejo besos amiga y gracias por traerme a la memoria mi infancia
eso mismo quiero, sentir seguridad, inocencia, jugar sin miedo, saberme seguro
un beso
s
hola Magui-maga, parece que andamos con nostalgia por estos lares. Si viste, así, fue mi niñez, o un tanto así. Que lindo lo has dibujado en este "cortometraje"
Besos y me apunto a esa ronda.
;)
Magui, que lindos recuerdos.
Me veía en ellos,veía a mis amigas jugando con las tuyas.
Me apunto también yo a esa ronda.
Un beso amiga.
Gizz
Hola amigos!! Con todo mi afecto los invito a integrarse a mi ronda, como una forma de rendir homenaje a la amistad y a todos aquellos que no gozaron de una niñez feliz.
Un abrazo para todos!!
Magui
Lindos recuerdos. Tambien tengo ocasiones de sentir mucha nostalgia de mi infancia. La inocencia, la despreocupación. Pero terminamos creciendo y las vida nos cambia tanto!!!
Un beso enorme.
Pasaba por estos lares.
Espero que estés bien
Un beso
Gizz
Magui querida, me hiciste volar a mi propia infancia... los mismos juegos, la misma magia.
Cuánta ternura se percibe en tus recuerdos!
Un enorme beso
hola Mares! es cierto que la vida nos cambia, pero debemos hacer el esfuerzo de mantener la inocencia en nuestra mirada, la belleza de un mundo feliz aunque sea en lo profundo de nuestros corazones.
Besos!
Magui
Hola Gizz, muchas gracias por dejar tu huella.
Un abrazo!
Magui
Hola Patrulich! Esa es la idea! que al leer mis escritos puedan volar en alas de la imaginación o los recuerdos, dejándoles la misma magia en el alma con que yo me alimente, cuando niña.
Besotes!
Magui
Hola Magui,
Bellos poemas en diversas fases.
Me agrada mucho tu blog.
Saludos desde Brazil:
Geraldo
Hola Geraldo! Muchas gracias por tus palabras y por dejar tu huella!
Un abrazo desde este rincón de Argentina.
Magui
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